No obstante parece que, dado que el Banco Central Europeo ha sido capaz de evitar el desastre durante el año pasado, algunos creen no solamente que que volverá a ser capaz de resolver todos los problemas económicos de la zona euro y en particular de España
(aumento del desempleo, escasez de crédito...) sino que tiene la obligación de hacerlo, y que todo lo que hace falta es algo de imaginación y una buena dosis de paciencia. Después de todo, argumentan, ¿por qué no lo está siguiendo los pasos de la Fed y la compra de cantidades ilimitadas de activos?, ¿por qué no replica la política del Banco de Japón y deprecia el euro todavía más?, etc. Sin embargo pensar de esta manera no deja de ser una forma fácil de exonerar a quienes están en los centros de decisión de sus propias responsabilidades fiscales, legislativas y regulatorias.


Hace casi un año, el Gobierno y los socios europeos hicieron un voto solemne para romper el círculo vicioso entre la deuda bancaria y la deuda soberana. ¿Ha sido así? La respuesta es que no, y que si esa promesa hubiera sido rápidamente seguida de acciones concretas el problema de Chipre no habría adquirido sus actuales proporciones y no habría puesto en evidencia la inactividad de los políticos cuando se encuentran cómodos en una situación de complacencia que empieza a ser estructural y cíclica. Después de todo y a la vista de lo sucedido, no debería resultarnos extraño que algunos países de la zona euro sean capaces de colocar su deuda a tipos de interés negativos, estando dispuestos los inversores a pagar incluso dinero por poder depositar su capital en esos países, mientras que otros en la periferia no son capaces de lograr la afluencia de capital extranjero a pesar de los elevados intereses que ofrecen para compensar el riesgo que la inversión en tales países representa, como ha demostrado el caso de Chipre. Y es que, lamentablemente hoy por hoy podemos decir que un euro no vale lo mismo en Alemania que en España.

Todas las previsiones apuntan no obstante a una recuperación del crecimiento en 2014 momento hasta el cual se confía en alargar la prórroga que concede el BCE, pero ya que de momento no se da ninguna de las condiciones que se necesitan para que se produzca una recuperación económica (fundamentalmente una expectativa de mayores ingresos futuros, flujo del crédito, necesidad de aumentar la capacidad de producción...), parece que no está de más preguntarse qué pasará si en algún momento el mercado estima que no habrá tal recuperación del crecimiento en 2014. Básicamente podríamos esperar:

- El déficit fiscal no disminuirá tal y como se supone que disminuiría (importante toque de atención hoy la revisión al alza de las cifras de déficit de 2012), dando lugar a un riesgo de tensión creciente con la Comisión Europea y el gobierno alemán, especialmente una vez hayan superado su cita electoral, perdiendo España capacidad de interlocución.
 
- La opinión pública rechazará las políticas de austeridad y premiará opciones políticas anti europeas, lo que a su vez favorece un entorno político más inestable.

- En los mercados financieros la reacción sería claramente negativa, con fuertes revisiones a la baja de previsiones tanto empresariales como de crecimiento macro. Sería prácticamente inevitable una rebaja de calificación de deuda soberana hasta bono basura.
 
- Dado que la banca española ha aumentado la tenencia de deuda española, sería necesario revisar al alza las necesidades de recapitalización, posiblemente forzando la liquidación de alguna entidad, en esta ocasión aplicando un bail-in según el modelo seguido en Chipre y con ello posibles pérdidas a los depositantes.
 
Un escenario que hoy por hoy no ocupa el lugar central, puesto que las previsiones disponibles apuntan a una recuperación del crecimiento en 2014. Sin embargo, esta recuperación en el 2014 parece muy poco probable si tenemos en cuenta que las condiciones para que se de una recuperación económica no se cumplen.

Para que se de una recuperación económica, en primer lugar debería recuperarse el gasto del consumidor, algo poco probable pues son pocas las familias que esperan un aumento en sus ingresos futuros, no solamente por la evidente situación de desempleo generalizado, sino porque para que efectivamente mejoren sus ingresos deberíamos observar ganancias de productividad. A su vez dado el bajo nivel de aumento de la productividad, la demanda futura esperada es débil, y puesto que hay una infrautilización de la capacidad productiva las empresas no esperan necesitar más capacidad en el futuro por lo que están reduciendo sus inversiones, lo que nos lleva al segundo obstáculo: sin una recuperación de la inversión, es muy difícil tener una recuperación cíclica. Y en tercer lugar, adicionalmente al freno al gasto del consumidor y al estancamiento de la inversión, nos encontramos con el proceso de desapalancamiento en curso tanto en los hogares como en las empresas, con una caída en la demanda de crédito ambos y en la propia oferta de crédito.

En resumen, sin una recuperación del crédito no puede haber un repunte de la demanda interna cuando el ingreso corriente es débil. Y la falta de inversión y de mejoras tecnológicas hace que sea imposible esperar que los ingresos futuros vayan a ser mayores que los ingresos actuales, lo que nuevamente desalienta el aumento de la demanda y por lo tanto evita que se produzca una recuperación. Y en tanto la inversión no sea doméstica y persistan las dudas sobre los países periféricos no parece probable que la inversión vaya a ser aportada por inversores extranjeros.

Por tanto, no parece descabellado pensar que finalmente no llegue el crecimiento en 2014 y que las expectativas deban revisar se a la baja en algún momento, más allá incluso de lo adelantado recientemente por el Banco de España... De ser así nos enfrentaríamos a una recisión al alza las expectativas de déficit fiscal, por su impacto sobre el riesgo soberano una nueva escalada de la prima de riesgo y de la rentabilidad del bono a 10 años hacia la zona del 7%, revisión a la baja de los beneficios empresariales, aumento de los riesgos de crédito, presión bajista adicional sobre el euro y caídas en los precios de las acciones, todo ello como consecuencia de un eventual reconocimiento de que tampoco en 2014 llegará la recuperación.

Después de todo ante la falta de una perspectiva positiva, no vemos por qué los hogares y las empresas vayan a gastar más y desencadenar con ello una recuperación económica en 2014. No estaría de más si 2014 vuelve a ser un mal año, aunque no sea el escenario central, pensar en las posibles consecuencias políticas, sociales y financieras que en su caso habría que enfrenta.

Feliz fin de semana.