Una medida que los analistas ven que encajan con las esperadas salidas -en principio billonarias- de la firma aeroespacial del magnate Elon Musk, Space X, así como el estreno de la inteligencia artificial (IA) a través de Open AI. Con esta decisión se pretende que estos valores entren a formar parte del Nasdaq 100 lo antes posibles con las evidentes consecuencias para la liquidez, ya que es un indicador especialmente replicado en los fondos índice o en los fondos cotizados (ETF). Además, el índice podrá, temporalmente, aumentar el número de valores por encima del centenar que le da nombre.

Propietarios de otros índices como el S&P 500 no descartan también flexibilizar sus requisitos de contratación. En el caso del Nasdaq, los expertos ven también la oportunidad de dar cabida con rapidez a nuevos protagonistas tecnológicos provenientes de la escalada espacial y, sobre todo, de la inteligencia artificial. Otro punto a favor es que la mayor capitalización prevista para estos valores también aumenta los ingresos del propio índice.

Emilio Ortíz, director de inversiones de Mutuactivos apunta a que los grandes bancos de Wall Street ya están preparando el terreno para las que seguramente serán las mayores OPVS de la historia: SpaceX, la compañía de Elon Musk, acaba de registrar el folleto para su próxima salida a bolsa y se rumorea que la valoración podría acercarse a los dos billones de dólares. Tras SpaceX, seguramente salgan a cotizar Anthropic, la dueña de Claude, uno de los modelos de inteligencia artificial más exitosos que, a pesar de sus recientes desavenencias con el Pentágono, podría superar los cuatrocientos mil millones en su debut bursátil, y OpenAI (ChatGPT), que acaba de levantar capital en una ronda privada de financiación con una valoración de más de ochocientos cincuenta mil millones de dólares.

Bajo esta lectura de mayor eficiencia y renovación del Nasdaq 100 se ocultan también posibles distorsiones del mercado. Tal vez el más evidente en los pasados años de revalorización bursátil de las tecnológicas ha sido la concentración del negocio en detrimento de valores de mediana y pequeña capitalización que, pese a ofrecer unas ratios más atractivas, quedan rezagadas por el escaso interés del inversor. Muchas veces no se trata siquiera de la decisión del inversor sino de la obligada compra de valores o derivados cuando se adquiere un fondo de gestión pasiva que replique el sector o el mercado.

El director de Mutuactivos pone un ejemplo del jugoso negocio de estas colocaciones para el conjunto de la industria financiera. Si se colocan paquetes menores del 5% de cada compañía, el volumen total de OPVs podría alcanzar los 150.000 de dólares que con una comisión de colocación del 1,5% y sin tener en cuenta la gestión del green shoe, supondrían más de 2.000 millones de ingresos: “demasiado dinero en juego como para evitar conflictos de interés, particularmente a la hora de establecer las valoraciones”, explica.  Y añade: “analicemos el caso de SpaceX. La última ronda de inversión, cerrada en diciembre de 2024, estableció una referencia de valoración de 350.000 millones de dólares para esta compañía. Más recientemente, en febrero de este mismo año, la cifra que se utilizó para fijar la ecuación de intercambio en la fusión entre SpaceX, la división espacial, y xAI, la compañía de IA, fue de 1,25 billones de dólares, lo que supone que los que participaron en la última ronda de financiación habrían multiplicado por 3,5 veces el valor de su inversión en 14 meses”.

Comprar por la vía pasiva

Así, Emilio Ortíz apunta que los dos billones que se barajan para esta OPV supondrían

pagar un múltiplo de 80 veces por la facturación estimada para esta compañía en 2026, que rondará los 25.000 millones de dólares. Ese múltiplo es 10 veces al que cotizan, de media, las 7 Magníficas. Meta, una compañía con un gobierno corporativo similar al de SpaceX, capitaliza 1,4 billones cuando facturará casi 300.000 millones en 2026, una cifra que SpaceX no llegará a alcanzar en muchos años.

Y la conclusión del director de inversiones de Muactivos suena a cautela y resignación. “Musk tiene derecho a decidir a qué precio ofrece las acciones de su compañía, y que los que no quieran participar en el negocio o no estén de acuerdo con la valoración no tienen por qué acudir a la OPV. Y esto sería así, excepto por un pequeño detalle: más de la mitad de todo el capital invertido en renta variable americana está canalizado a través de vehículos pasivos, y la mayor parte de estos replican índices basados en la capitalización, como el S&P 500 o el Nasdaq”.

Cotizar durante al menos tres meses o poner en el mercado un free-float suficiente para evitar manipulaciones en paquetes accionariales más pequeños eran unos requisitos que daban más garantía a los inversores.