Y dado el carácter cíclico del sector inmobiliario y muy en especial el de la actividad de promoción residencial, esta dilatada historia pone de relieve, por un lado, su permanente objetivo por la sostenibilidad y permanencia de la empresa en el tiempo y por otro, su resiliencia o capacidad para superar circunstancias traumáticas, pues no en balde sorteó la pasada crisis de nuestro sector, las más profunda y duradera que se haya conocido, cumpliendo puntualmente todos sus compromisos, sin hacer quitas de deuda, daciones en pago o reestructuraciones financieras y además, manteniendo su misma configuración institucional. Y durante al menos los últimos treinta años, salvo en 2011, obteniendo resultados positivos y distribuyendo dividendos entre sus accionistas. 

Para atender este objetivo de la sostenibilidad ha desplegado, prácticamente desde sus inicios, una estrategia a largo plazo que se apoya en dos pilares fundamentales: 

1º) El primero, la combinación, en una adecuada proporción, de la actividad de promoción, fundamentalmente de inmuebles residenciales, actividad más rentable, pero más cíclica, y la actividad patrimonial o arrendamientos de activos, fundamentalmente terciarios, previamente desarrollados por el grupo, actividad que genera ingresos y resultados recurrentes que permiten a la empresa enfrentarse a las crisis que periódicamente afectan al sector en mejores condiciones. 

Esta estrategia se ha ido perfilando a lo largo del tiempo, incorporando otras reglas o principios, siempre dirigidas a controlar sus riesgos. Entre ellos, merece la pena destacar: i) la diversificación de riesgos, mediante alianzas o joint ventures con terceros, ya sean instituciones financieras o inversores privados, ii) el control del proceso constructivo mediante la integración de la actividad de construcción en la actividad de promoción, actividad que desarrolla con carácter exclusivo para sus promociones propias o para las que desarrolla con terceros y iii) la consideración del suelo como materia prima del proceso productivo y no como mercadería y, en base a ello, la compra tan solo de suelo finalista o en las últimas fases de gestión urbanística. 
Con datos del cierre del ejercicio pasado el GAV o valor bruto de los activos ascendía a 538 MM €, de los cuales un 55% (298 MM €) correspondía a activos afectos a la actividad patrimonial y un 45% (240 MM €) a la actividad de promoción. 

2º) Una estructura financiera adecuada, con un razonable endeudamiento. 

Una estructura con una adecuada proporción entre recursos propios y ajenos y una financiación ajena razonable y bien estructurada. 
El patrimonio real del Grupo, incluyendo las plusvalías latentes, netas de impuestos, de las inversiones inmobiliarias, financian casi el 40% del balance.  La financiación ajena, la deuda financiera neta del Grupo, representa un 36,5% del valor bruto de los activos, lo que implica un LTV bastante razonable y tradicionalmente uno de los más bajos del sector. 

La financiación ajena presenta una adecuada estructura, con instrumentos financieros a muy largo plazo para financiar la actividad patrimonial, préstamos promotor para financiar la actividad promotora y pólizas de créditos y pagarés Marf, para financiar el circulante.  Esta estructura está apoyada, además, por una holgada posición de liquidez y disponibilidades crediticias no dispuestas y por un importante volumen de activos libres de cargas y gravámenes. 

A pesar de la especialización que hoy observamos en el mercado, sobre todo entre las cotizadas inmobiliarias, con patrimonialistas (socimis), por un lado y home builders, por otro, nosotros seguimos apostando por este modelo sostenible y resiliente. Y a pesar también de los momentos difíciles que atravesamos y de la incertidumbre que reina en estos momentos estamos convencidos que manteniendo este modelo y aprovechando las oportunidades que seguro se van a presentar podremos celebrar otros 75 años más de historia
 

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