Con dos palos (sin forma de raqueta) consistía en dar continuamente a la pelota de un lado a otro subiendo y bajando esas esquemáticas paletas. Ganaba el que más veces alcanzaba la pelota y lograba que no se fuera por el fondo de la pantalla. Juego que suena a viejo, muy viejo con relación a cómo han evolucionado los videojuegos, ahora superrealistas y muy complejos.
No pude evitar relacionar este antiguo juego con el comportamiento de los valores bancarios en la Bolsa española. En un Ibex 35 en el que dominan subidas cuantiosas en estos meses del año, las entidades financieras apenas se mueven respecto al cierre de 2025 con subidas o caídas en torno al 3% como mucho (BBVA cae algo más y Caixabank sube un 5% en el año). Es decir, se mueven planos. Pero esta evolución es producto de días de subidas generosas que pronto se vuelven a desinflar y así sucesivamente, creando un movimiento lateral que debe hacer las delicias de los que se dedican al trading con estos valores siempre que no vayan con el pie cambiado.
Los resultados obtenidos en el primer trimestre del año han sido, por lo general, de récord. Las cuentas van fenomenales y arrastran la buena tendencia de los dos años anteriores. Sin embargo, sobre el conjunto de la banca pesan dos importantes incertidumbres en sentido contrario que podría explicar las cortas diferencias que marcan sus oscilaciones: de un lado, una posible subida de los tipos de interés por parte de los bancos centrales para atajar la inflación importada con la subida del petróleo, que beneficia sus márgenes; y de otro, el deterioro económico que se prevé si el conflicto de Oriente Próximo se dilata en el tiempo. Las instituciones financieras y económicas están haciendo revisiones a la baja sobre la marcha de la economía. Menor actividad económica que suele conllevar aumento del paro y, por tanto, crecimiento de la morosidad en los préstamos y créditos solicitados por particulares y empresas.
Dos efectos contrapuestos que impiden una toma de posiciones más convincente sobre los bancos. Por eso, cuando cualquier noticia o declaración de Trump en un sentido u otro dan alas a los bancos, para que eso mismo, pero en sentido contrario (estamos ya acostumbrándonos a la ambigüedad) provoque esa corta recogida de beneficios. Así que habrá aún que esperar a ver cuál de las dos fuerzas termina imponiéndose o se llega a un panorama más difícil con bajo o nulo crecimiento y una inflación al alza, con los bancos centrales preguntándose qué hacer para no poner más troncos en la actividad para bajar la subida de precios.
Otro factor decisivo y que también explica la capacidad de aguante de las entidades financieras es su buena salud financiera y su excedente de capital. Eso las ha llevado a realizar importantes recompras de acciones y elevar el dividendo pagadero en 2026. Un colchón importante que solo una situación catastrófica podría echar hacia atrás después de las presentaciones de resultados de cierre del pasado año donde hacían gala de su generosidad.
De momento, seguiremos viendo un tenis de mesa electrónico con subidas y bajadas suficientes para sacarse un jornal diario. Los resultados y los dividendos son un suelo muy fuerte para no esperar descalabros. Luego, la marcha de la economía y del conflicto de Oriente Próximo tendrán la última palabra. Mientras tanto, los analistas siguen recomendando banca española, en la creencia de que los escenarios malos no se alargarán. Una idea casi generalizada que explica los máximos de Wall Street y también la resistencia de la renta variable global.