En un mercado marcado por valoraciones exigentes y cambios estructurales de calado, la inversión value vuelve a ganar protagonismo. Lejos de la imagen clásica asociada a sectores maduros o compañías estancadas, este estilo ha sabido adaptarse al nuevo entorno incorporando métricas más amplias y actuales, como la rentabilidad para el accionista o la calidad en la generación de caja. El resultado es una visión más flexible, capaz de identificar empresas sólidas y bien gestionadas incluso en ámbitos tradicionalmente ajenos al value, como la tecnología o las telecomunicaciones. Tras un 2025 en el que este enfoque superó a otros factores en distintas regiones, los inversores parecen reenfocar sus carteras hacia compañías con balances robustos, disciplina en la asignación de capital y ventajas competitivas claras, combinando así valor y calidad con una perspectiva de largo plazo y margen de seguridad.

Este renovado interés por el value no surge en el vacío, sino como respuesta a las crecientes dudas que vuelven a sobrevolar Wall Street. Las valoraciones del mercado estadounidense se perciben cada vez más tensas, en buena medida por la elevada concentración del capital en un reducido grupo de compañías. Las diez mayores acciones del S&P 500 representan ya cerca del 40% de su capitalización, un nivel que supera incluso el registrado en el punto álgido de la burbuja tecnológica del año 2000. Dentro de este grupo destacan los llamados Siete Magníficos, que concentran no solo el peso bursátil, sino también el posicionamiento de los grandes fondos. Según Apollo Global Management, el mercado se encuentra “extremadamente caro”, con una ratio precio/beneficio futura cercana a 28 veces, niveles asociados históricamente a episodios de euforia. A ello se suma el aumento de la exposición de los fondos de cobertura a estas grandes tecnológicas, lo que eleva el riesgo de correcciones si cambian las expectativas. Mientras tanto, los gestores mantienen un fuerte sesgo hacia la renta variable y las materias primas —con el oro como apuesta estructural—, configurando un mercado altamente dependiente de pocos valores y reavivando el debate sobre la sostenibilidad del ciclo alcista.

En este contexto de concentración y valoraciones elevadas, el mercado empieza a mostrar señales de rotación. Los inversores están reduciendo de forma gradual su exposición a los sectores que más han subido, especialmente la tecnología, y desplazando capital hacia áreas más tradicionales y defensivas. No se trata de una huida abrupta ni del preludio de un colapso del ciclo, sino de un ajuste paulatino de preferencias en un entorno marcado por la incertidumbre macroeconómica y las dudas sobre la rentabilidad futura de las fuertes inversiones en inteligencia artificial. El value gana terreno frente al growth, con mejor comportamiento relativo en sectores como financieros, salud, consumo defensivo, utilities, energía o materiales, así como en regiones como Europa y los mercados emergentes. La discrepancia surge al medir la profundidad de este movimiento: para algunos es un ajuste táctico; para otros, el inicio de una rotación más estructural. En cualquier caso, el mensaje es común: gestión activa, selección rigurosa y decisiones sin precipitación.

Paradójicamente, esta misma rotación ha provocado una fuerte corrección en las acciones tecnológicas, especialmente en aquellas más ligadas a la inteligencia artificial, elevando su potencial alcista hasta niveles poco habituales. Según Bespoke Investment Group, el sector software presenta de media más de un 50% de recorrido, lo que abre un dilema clave para el inversor: oportunidad de compra o trampa de mercado. La caída, motivada por el temor al elevado gasto de capital en IA, obliga ahora a los analistas a decidir entre mantener sus valoraciones o revisarlas a la baja, lo que podría añadir presión adicional a las cotizaciones. Aun así, grandes compañías como Microsoft, Oracle, Salesforce o Adobe siguen contando con recomendaciones mayoritarias de compra y elevados precios objetivo, reflejando una desconexión entre la evolución reciente del mercado y el optimismo del consenso, a la espera de que se confirme el rebote o se imponga un ajuste más profundo.

Mientras los inversores calibran riesgos y oportunidades en renta variable, la geopolítica irrumpe como un factor estructural de primer orden. La Conferencia de Seguridad de Múnich ha marcado un punto de inflexión para la defensa europea, tras elevar Estados Unidos la exigencia de gasto militar al 5% del PIB y condicionar su compromiso a una mayor reciprocidad. Este giro reduce la incertidumbre sobre la demanda futura y convierte el gasto en defensa en un motor industrial de largo plazo. Para Europa, supone además un impulso hacia una mayor soberanía industrial y una menor dependencia tecnológica, reforzando el apoyo político a una base industrial propia. En los mercados, el sector defensa europeo ha reaccionado con subidas y señales técnicas positivas, con compañías como Rheinmetall bien posicionadas para capitalizar el proceso de rearme, siempre que se confirmen los niveles técnicos que avalen la continuidad de la tendencia alcista.

En el Ibex 35, el foco del inversor se desplaza hacia el sector financiero, donde los bancos españoles han rendido cuentas tras un ejercicio marcado por beneficios récord. El cierre de 2025 consolida el impacto positivo del ciclo de tipos elevados, aunque con una dinámica interna que empieza a cambiar. Pese a la estabilización de las tasas por parte del BCE, las entidades han demostrado capacidad para defender márgenes. Bankinter y Santander lideraron el crecimiento del beneficio neto, con avances del 14,4% y 12,1%, respectivamente, evidenciando que el negocio mantiene inercia positiva pese a la menor expansión del crédito. El margen de intereses comienza a mostrar signos de agotamiento en algunas entidades, como CaixaBank o Sabadell, aunque este efecto ha sido compensado por el dinamismo de las comisiones netas y la gestión de activos, que crecieron cerca de un 5% de media. En este contexto, BBVA destaca como la única gran entidad que mantiene crecimiento positivo en margen de intereses, reforzando su liderazgo en rentabilidad.

Este buen momento del sector se refleja también en el respaldo de las casas de análisis. Mediobanca ha reforzado su visión positiva sobre Banco Santander al elevar su precio objetivo hasta los 13,10 euros por acción, con un potencial alcista superior al 25%. Pese a la corrección reciente tras marcar máximos históricos, el comportamiento bursátil del banco sigue siendo sólido, apoyado en resultados récord y en su capacidad para generar valor para el accionista en un entorno exigente. La divergencia entre esta visión y la del consenso subraya el atractivo relativo del valor dentro del sector financiero europeo.

Más allá de la banca, el mercado sigue ofreciendo oportunidades selectivas. Cellnex afronta la presentación de sus resultados de 2025 con el respaldo de analistas que confían en la mejora progresiva de sus márgenes, apoyada en el crecimiento orgánico del resto de geografías y en la contención del gasto tras las desinversiones en Austria e Irlanda. Aunque algunas firmas mantienen una visión más conservadora, el valor ha iniciado 2026 con un notable rebote, reflejando un cambio de sentimiento tras un año complicado.

Finalmente, fuera del Ibex 35, el Mercado Continuo confirma que el valor no se limita a los grandes índices. El sector inmobiliario cotizado español mantiene un comportamiento sólido pese a la pérdida de atractivo de la inversión directa en vivienda. Grupo Insur y Neinor Homes destacan por modelos de negocio bien definidos, balances saneados y elevada visibilidad de resultados. Insur combina crecimiento y estabilidad gracias a su equilibrio entre promoción y actividad patrimonial, mientras que Neinor sobresale por su rentabilidad para el accionista y su potencial tras la integración de Aedas. En conjunto, ambos valores recuerdan que, incluso en un mercado exigente, siguen existiendo oportunidades para el inversor paciente y con horizonte de medio y largo plazo.

Dicho esto, la experiencia demuestra que, sea cuál sea tu decisión de inversión, la más sólida se apoya en formación continua, análisis riguroso y selección de productos capaces de ofrecer rentabilidad ajustada al riesgo de forma consistente. Bajo esa premisa se entienden los cursos y webinarios gratuitos para aprender y mejorar la inversión en mercados financieros que organiza Estrategias de inversión.

Suscríbete a Estrategias de Inversión premium y descubre los mejores análisis y herramientas para invertir, desde solo 55 euros al año.