EBN Banco ha celebrado un encuentro para presentar sus perspectivas de mercado en 2026.. Borja Rubio, Gestor de Patrimonios Senior, ha comenzado la jornada haciendo un recorrido macroeconómico destacando que nos encontramos "en una fase de política fiscal ampliamente expansiva". Según Rubio, los gobiernos gastan de forma crónica por encima de sus ingresos y financian ese desequilibrio con más deuda, en un entorno donde la expansión de balances de los bancos centrales desde la pandemia ha sido determinante. Para Rubio, la inflación de 2022 no puede entenderse solo por los cuellos de botella o la guerra en Ucrania, sino también como consecuencia de una oferta monetaria que creció durante años por encima de la economía real.

Pese a ese diagnóstico, el banco dibuja un escenario de inflación estabilizándose en torno al 2% y tipos de interés más cercanos a niveles “neutrales” que a los extremos vistos en 2022 y 2023. La idea central no es la vuelta al "dinero gratis, sino un precio del dinero compatible con crecimiento moderado". Asimismo matizó que ese equilibrio depende de que no se produzcan nuevos shocks geopolíticos o energéticos y de que la política fiscal no intensifique aún más la presión sobre las curvas soberanas.

En la deuda pública es donde Rubio puso el foco de alerta. El creciente peso de los intereses en las cuentas estadounidenses  refleja una vulnerabilidad estructural. Según su planteamiento, los gobiernos tienen incentivos a convivir con cierta inflación para erosionar el valor real de la deuda. Es un argumento plausible, aunque no exento de riesgos: mantener expectativas de inflación ancladas es una tarea delicada y cualquier pérdida de credibilidad de los bancos centrales podría tensionar de nuevo las tires.

En renta fija, EBN mantiene una visión constructiva pero selectiva. Tras el ajuste de 2022, el banco defiende que vuelve a ser posible obtener rentabilidades reales positivas en deuda soberana de países desarrollados con duraciones intermedias. El mensaje es prudente: ni refugiarse exclusivamente en liquidez —cada vez menos atractiva tras las bajadas de tipos— ni asumir riesgos excesivos en plazos largos. Donde la cautela es más evidente es en crédito corporativo, con diferenciales en mínimos que, según el banco, no compensan adecuadamente el riesgo. La advertencia es clara: en un cambio de ciclo, muchos bonos corporativos pueden comportarse más como bolsa que como activo defensivo.

Renta variable cara pero cargada de oportunidades

Tras el repaso macro y de renta fija, Daniel Olea, Director de Inversiones y Gestor de Patrimonios Senior abordó la parte de renta variable y los principios de inversión. Su punto de partida fue una fotografía dual: por un lado, las previsiones de beneficios para 2026 son sólidas, con expectativas de crecimiento de doble dígito en la mayoría de regiones y un liderazgo claro de los mercados emergentes. Por otro, ese crecimiento potencial se apoya en unas valoraciones ya exigentes, especialmente en Estados Unidos.

Olea mostró cómo los PER futuros se sitúan por encima de sus medianas históricas desde el año 2000 en la mayor parte de los grandes índices. En el caso estadounidense, las valoraciones cuentan con percentiles cercanos al 90, similares a los que se observaron antes del estallido de la burbuja tecnológica. La consecuencia es que el mercado “no está barato” y que cualquier decepción en beneficios o en política monetaria puede traducirse en ajustes bruscos.

Pese a ello, EBN ve optimismo selectivo. Los mercados emergentes, la inversión en infraestructuras y la relocalización industrial, presentan oportunidades y buenas valoraciones. Y dentro de los desarrollados, Olea destacó valoraciones más razonables en China, Japón y Reino Unido, aunque aún por encima de sus medias de largo plazo.

Uno de los mensajes más incisivos de Olea llegó al analizar la concentración de los grandes índices y la moda de la gestión indexada pasiva. En el S&P 500, la ponderación de las 10 mayores compañías ha vuelto a niveles no vistos desde los años 70: una situación que recuerda a la época del “Nifty Fifty”, cuando los grandes nombres se consideraban intocables. Además, cerca de un tercio del índice estadounidense cotiza a múltiplos de precio/ventas superiores a 10 veces, un ratio tradicionalmente asociado a zonas de burbuja. Olea recuperó el caso histórico del propio Nifty Fifty: compañías que en los 70 crecían a doble dígito en ingresos, pero que, al partir de valoraciones desorbitadas, ofrecieron rentabilidades negativas durante años cuando el mercado dejó de pagar cualquier precio por sus historias de crecimiento.

Olea defendió que invertir de forma pasiva en índices cada vez más concentrados equivale a asumir, sin filtro, un riesgo de valoración y de concentración que el inversor medio muchas veces no es consciente de estar comprando. Frente a esa situación, EBN defiende una gestión activa, diversificada y con sesgos muy definidos.

Apuesta en inmobiliario, salud, calidad y small caps

En principios de inversión, Daniel Olea, subrayó oportunidades en el sector inmobiliario, en el sector salud, en las compañías "quality" y en las small caps.

Inmobiliario cotizado europeo: tras el castigo de 2022, cuando la subida de tipos golpeó con al sector, el inmobiliario cotizado europeo ha pasado a financiarse a tipos más razonables, en torno a Euríbor + 3, y ha mejorado sus fundamentales operativos. Según Olea, las compañías del sector están siendo capaces de trasladar subidas de rentas por encima de la inflación y mantienen descuentos de doble dígito sobre el valor neto de sus activos. Con rentabilidades por dividendo cercanas al 5%, EBN ve margen para retornos de doble dígito si el descuento frente a la media histórica se estrecha.

Sector salud: el sector, incorporado recientemetne en las carteras, según Olea es un clásico refugio de calidad, tras mostrar resiliencia y crecimientos en crisis como la de 2008 y 2020. Para él, hoy el sector ofrece valoraciones relativamente atractivas después de un comportamiento relativo débil frente al S&P 500. 

Compañías de calidad: EBN apuesta por empresas que cuentan con "ventajas competitivas claras, barreras de entrada, alta rentabilidad sobre capital y baja deuda". Históricamente, este estilo ha batido a los índices de referencia en torno a un 2,8% anualizado, aunque los dos últimos años hayan mostrado un rendimiento relativo más flojo. Para Olea, ese bache reciente es precisamente lo que vuelve a hacer atractivo el factor calidad en un punto de partida de mercados caros.

Pequeñas compañías (small caps): el banco mantiene su interés en las pequeñas y medianas compañías, donde sigue encontrando valoraciones razonables y capacidad de crecimiento estructural. Se trata de un segmento más volátil, pero con potencial de generar rentabilidades de doble dígito a medio plazo, especialmente cuando el ciclo se vuelve más favorable al riesgo.