Pese al cambio de tendencia que se está produciendo ya, las renovables apenas alcanzan el 10% del consumo mundial de energía primaria, y hay sectores como la aviación o la navegación todavía muy ligados al crudo. “Al petróleo le quedan algunas décadas de esplendor. El sector del crudo deberá asumir que poco a poco irá perdiendo peso, en tanto en cuanto los distintos mercados continúan adoptando compromisos para reducir la quema de combustibles fósiles. Las grandes petroleras y la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) marcan el punto de inflexión y el desplome del consumo mundial a partir de 2040, aunque son conscientes de que, si se aceleran las medidas contra el cambio climático, la caída podría adelantarse”, apunta Enrique Cuadra, director corporativo de riesgos de Solunion.

Nitesh Shah, director de análisis del proveedor de fondos cotizados (ETF) WisdomTree, explica que las energías renovables van a tener cada vez más importancia en el mix energético, ya que junto a una mayor adopción de vehículos eléctricos, la demanda de petróleo en la economía desarrollada es probable que disminuya. “Pero la creciente afluencia de la clase media en los países en desarrollo va a aumentar la demanda energética global, incluido el petróleo. El petróleo de esquisto de EEUU incrementará su cuota de mercado dentro del petróleo tradicional en otros lugares”, valora.

En el medio plazo, la inestable perspectiva de la oferta del mercado de Venezuela e Irán, un dólar fuerte, así como las restricciones de producción de la OPEP de 1,2 millones de barriles diarios, son algunos de los factores que han hecho repuntar al petróleo un 25% en lo que va de 2019, aunque si la referencia temporal son los últimos doce meses apenas se ha revalorizado un 5%.

El auge de la producción de petróleo en EEUU ha mitigado hasta el momento los temores de suministro. De hecho, el auge del fracking estadounidense satisface casi por completo el crecimiento de la demanda mundial de petróleo. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) la demanda global de petróleo aumentará en 2019 en 1,4 millones de barriles diarios (mb/d), ligeramente por encima del incremento de 1,3 mb/d previsto para 2018, ya que la ralentización económica para este año se verá compensada por la relajación de los precios en comparación con el año pasado.

Pese a que en los últimos años la OPEP ha perdido en gran medida su impacto sobre el mercado por el esquisto estadounidense, algunos analistas apuntan que la sostenibilidad del shale americano a largo plazo está en duda. En este contexto, Alejandro Vigil, socio de Cygnus y responsable de análisis, apunta que el mercado debe acostumbrarse a más volatilidad. “La tendencia estructural es un menor uso del petróleo para transporte, pero por el lado de la oferta y la inversión (fuera del shale americano) ha caído mucho. El shale americano reacciona muy rápido a los precios por lo que pensamos que el precio será también más volátil. Dentro de esta volatilidad podríamos ver en algún momento precios de 100 dólares por barril”, añade.

El consenso de los analistas cree que el petróleo va a seguir en 2019 su tendencia lateral de los últimos años y sitúa sus precios de referencia en la horquilla entre la resistencia de los 70 dólares y el soporte de los 50 dólares, aunque más cerca del techo de los 70 dólares por barril. Por debajo del soporte descuadra las cuentas públicas de los países productores, mientras que por encima de los 70 dólares resulta más barato el uso del fracking, por lo que la OPEP tampoco está dispuesta a dar vía libre al ‘oro negro’ estadounidense.

“No hay ningún país productor que a estos precios no esté ganando dinero. Venezuela está simplemente utilizando de excusa al petróleo para justificar su situación económica. Vemos al West Texas estadounidense entre los 60-65 dólares por barril para 2019, por lo que ahora mismo está en precio”, indica Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis. El economista ex de Pimco, Repsol o Enagás apunta que la industria petrolera tiene un problema de flujo de capitales, porque muchos fondos de inversión tienen limitación al sector por ser una industria contaminante.

¿Cómo jugar el petróleo?

El crudo es la materia prima más negociada y más líquida en los mercados financieros. Como tal, el petróleo es muy demandado, implica márgenes reducidos a la hora de tomar posiciones, patrones gráficos claros y alta volatilidad. Los inversores toman sus decisiones, por tanto, en función de la oferta y la demanda teniendo en cuenta el análisis técnico y noticias fundamentales como los informes de la OPEP, el Instituto Americano del Petróleo (API) y la Agencia de Información para la Energía o la macroeconomía que puede influir tanto en la demanda como en el bombeo de un país de Oriente Medio afectado por una guerra, crisis económicas como la venezolana...

Para Lacalle, la mejor manera de tener exposición al petróleo no es a través de petroleras integradas, como el caso de Repsol o Total, que se dedican a la exploración, producción, transporte y refino de petróleo, que muchas veces no están del todo correlacionadas y el mercado las premia o castiga en función de sus nuevas líneas de negocio como la electricidad o los yacimientos encontrados, en contraste con las compañías de servicios a la industria petrolera, como las compañías de barcos petroleros…

Además de las compañías vinculadas al petróleo, los futuros sobre el Brent o el West Texas, un inversor puede obtener exposición al crudo a través de fondos que siguen la convergencia entre el valor futuro y el esperado (ETF). Algunos ETF destacados son el Energy Select Sector SPDR (XLE), el Vanguard Energy ETF (VDE) o el fondo de Energía de los Estados Unidos (USO).

 

 

Desde WisdomTree apuestan por una estrategia para jugar el petróleo este año. “En el corto plazo, los inversores tal vez apuesten por tener posiciones compradoras en el barril de Brent ya que la OPEP está reduciendo la oferta, lo que generará un precio positivo para el índice de referencia internacional, mientras que a final de año puede tener sentido cambiar esas posiciones largas en el West Texas, ya que la mejora de la infraestructura de exportación en los EEUU aliviará los excesos internos en el mercado estadounidense”, arguye Shah.

Por su parte, fuentes de la gestora española especializada en estrategias de retorno absoluto Cygnus explican que la mejor manera de invertir en esta industria a través de la gestión activa. “La volatilidad del precio va a generar oportunidades de inversión pero no va a ser fácil 'sentarse' en las posiciones del sector a largo plazo. Nuestra estrategia de inversión en el sector es lógicamente una buena opción para tener exposición a este sector”, comenta Vigil.

A nivel técnico, el analista de mercados de CMC Markets, José Luis Herrera, apunta que el West Texas “inició la recuperación finalizando el año 2018 a partir de los 42 dólares por barril, un soporte que viene de los años 2016 y 2017. Sumado a la gran sobreventa que mostraba, tenemos justificada la recuperación con una impecable sucesión de mínimos crecientes”.

“También en velas semanales pero mostrando un punto de vista más cercano, se observa cómo la recuperación se ha detenido, por el momento, en el 50% por Fibonacci del tramo de caída comprendido entre los 77 dólares del pasado mes de septiembre y los mínimos de diciembre. El 61,8% está en niveles de 63,5 dólares, no sería descartable que el impulso le llevara incluso a tantear dicha zona. En caso de retroceso, encontraríamos diferentes zonas de soporte; la más cercana, en los 55$ por barril”, explica.

Puede leer este reportaje y otros en la revista de abril de Estrategias de Inversión