China en los primeros compases del año y el desplome del precio del petróleo han sido los dos grandes catalizadores que han provocado el peor inicio de las bolsas en la historia.  Aunque los miembros de los bancos centrales suelen repetir machaconamente que entre sus mandatos no se encuentra el control de los mercados financieros, lo cierto es que todo lo que han hecho en los últimos años no ha hecho otra cosa que influir en ellos. Que se lo digan al S&P 500 cuyo comportamiento ha sido paralelo al chorro de millones que ha inyectado la FED en el sistema.

 
Pero más allá de eso, lo que ocurre en China y la caída de los precios del petróleo tiene mucho que ver con las decisiones que tiene que tomar Draghi. El pasado mes de diciembre decepcionó a los inversores al no anunciar que aumentaba el tamaño del programa de expansión monetaria QE y solo adelantar que se extendería en el tiempo más allá del plazo inicialmente fijado en septiembre de este año.
 
Para Draghi y los otros miembros del Consejo del BCE todo va a depender de cómo evolucionen dos métricas esenciales, la inflación y el crecimiento.  Precisamente el martes, el FMI mejoraba sus previsiones de crecimiento de la zona euro hasta el 1,7% este año gracias, entre otras cosas, a la caída del precio de la factura energética que genera el descenso del barril de Brent.
 
Pero como si fuera el Yin y el Yan, el desplome del petróleo tiene su efecto inmediato en la inflación. 



 
Como explican los analistas de BofA Merrill Lynch, “para ser justos, el BCE se enfrenta a una situación complicada. La inflación no va en la dirección en la que ellos querrían, pero los datos conocidos de la economía real son en la actualidad más que decentes en la zona euro”.
 
Son muchos los analistas que recuerdan que los efectos de un QE sobre la economía real suelen tardar meses en comenzar a saborearse en la economía real y por eso creen que el BCE va a seguir a esperando las señales que puedan producirse a partir de ahora y que se podrían tomar medidas excepcionales más tarde este año, si son necesarias. Como explicaba recientemente el fundador de AlphaValue, Yves-Pierre Gauthier, “el BCE ya nos ha dado mucho ya que el QE europeo es muy amplio. El BCE nos parece que ha hecho un trabajo fantástico –aunque no somos expertos en macro-. Lo único que ocurre es que el proceso de transmisión del dinero desde los bancos a la economía real tarda muchísimo y esto es un hecho inquietante. Dar más quizá no sea necesario y sea solo cuestión de tiempo, y no de bajar más lo tipos  -aunque no se podría, en cualquier caso- o comprar más activos para rebajar los tipos. Pero no, se trata solo de una cuestión de ser pacientes”. 

Para Michael Boye, experto en renta fija de Saxo Bank, no se trata solo de los datos de crecimiento o PMI, que están resultando realmente positivos en los últimos meses. Como explica, “la propia encuesta propuesta por parte del BCE sobre préstamos bancarios del banco central, que cubre el cuarto trimestre de 2015, muestra un deshielo muy esperado en los estándares de crédito congelados. El informe indica que los estándares de crédito, que han sido el objetivo central de las medidas de política del BCE, están disminuyendo, mientras que la demanda de préstamos está en aumento. En otras palabras, -apunta el analista-, las extraordinarias y masivas medidas de política monetaria implementadas por el banco central parecen ser lentas, pero están funcionando con toda claridad en su camino hacia la economía real”.
 
Quizá por eso casi nadie espera que la institución que dirige Mario Draghi tome ninguna decisión en esta reunión.  Según los analistas de BBVA,  “a diferencia de lo que ocurrió en diciembre, cuando las expectativas eran tan altas, no se espera que esta reunión de política monetaria del BCE tenga un gran impacto en los mercados financieros. A pesar del deterioro de las condiciones financieras mundiales, los mercados no están valorando posibles acciones inmediatas del BCE.
 
Sin embargo, tal y como recuerdan los expertos del banco vasco, la comunicación volverá a ser el arma más mortífera del presidente y por eso “el organismo reiterará su compromiso con la plena aplicación de las medidas en marcha y su disposición a hacer más, si fuera necesario”


 
Con todo, en Saxo Bank no descartan que la no decisión del BCE mañana genere decepción entre los inversores. “A la luz de la evolución reciente del mercado y dada la sorpresiva decisión sólo de aumentar el QE modestamente en la reunión de política de diciembre, muchos participantes del mercado pedirán al banco central que aumente sus esfuerzos en la reactivación de la economía. No obstante, tal como vimos en la reunión de diciembre, lo más probable es que los inversores queden decepcionados, ya que Mario Draghi se encontrará con las manos atadas por el exceso de rentabilidad de la economía europea”, apunta.
 
Como explican los expertos de Citi, la posibilidad de una nueva ronda de QE podría ser cuestión de tiempo si se mantienen las presiones bajistas sobre la inflación y comienza a dudarse de la fortaleza del crecimiento.
 
En opinión de estos expertos, un QE2 podría destinar unos nuevos1.200 millones de euros. En su opinión esta cantidad podría elevar el crecimiento del PIB entre 0,5 y 0,6 puntos porcentuales, aunque los efectos sobre la inflación serían más moderados.
 
Todas las firmas de análisis señalan que quizá lo más interesante será escuchar lo que tenga que decir Draghi sobre lo que está ocurriendo en los mercados financieros, si considera que hay peligros ante una posible nueva recesión en las economías globales y si eso podría desencadenar nuevas medidas del BCE.
 
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