El mercado del gas natural licuado llega a 2026 tras un 2025 que quedará marcado como uno de los más intensos de su historia. El aumento de la producción, el récord de exportaciones y el fuerte movimiento de capitales han consolidado al GNL como uno de los pilares energéticos del comercio internacional.
Sin embargo, el escenario que se abre ahora es más complejo y menos predecible que el vivido el año anterior.
El fuerte impulso registrado en 2025, apoyado en la elevada demanda europea y el peso creciente de Asia, ha generado expectativas elevadas entre los exportadores.
No obstante, los indicadores que comienzan a dibujarse apuntan a un ejercicio de ajuste, con mercados más sensibles al precio, tensiones geopolíticas persistentes y un consumo que ya no crece al mismo ritmo que hace doce meses.
Europa mantiene el interés, pero con señales de agotamiento
El continente europeo fue uno de los grandes protagonistas del mercado de GNL en 2025. Las importaciones crecieron con fuerza y permitieron compensar parcialmente el descenso de otras fuentes de suministro.
La generación eléctrica a partir de gas registró su primer aumento interanual desde antes de 2022, superando los mil teravatios hora y confirmando el papel del gas como respaldo del sistema energético.
Este repunte, sin embargo, no es sinónimo de una recuperación estructural. La actividad industrial sigue mostrando debilidad, especialmente en países con alto consumo energético.
La producción de químicos, fertilizantes y acero continúa cerca de mínimos históricos, lo que limita el margen de crecimiento de la demanda de gas a medio plazo. A ello se suma una recuperación del consumo privado todavía irregular, que frena la necesidad de mayor generación eléctrica.
Otro elemento que ha influido de forma notable ha sido el aumento de las compras de GNL procedentes de Estados Unidos. Estas importaciones crecieron muy por encima del promedio europeo, lo que sugiere una estrategia ligada tanto al suministro como al equilibrio comercial.
Sin embargo, con el foco internacional desplazándose hacia otros asuntos geopolíticos, es probable que esta dinámica pierda fuerza en 2026, reduciendo parte del impulso observado el año anterior.
Asia sigue siendo clave, pero ya no garantiza crecimiento
El mercado asiático continúa concentrando cerca de dos tercios de las importaciones mundiales de GNL, lo que lo convierte en el principal destino de los exportadores. No obstante, las cifras más recientes muestran señales de desaceleración que generan inquietud en el sector. El volumen total importado cayó ligeramente respecto al año anterior, rompiendo una tendencia de crecimiento sostenido.
China y Japón, los dos mayores compradores del mundo, redujeron sus importaciones de forma significativa. En el caso chino, la ralentización económica y el avance de las energías renovables han reducido la necesidad de gas importado. Japón, por su parte, ha incrementado progresivamente su generación nuclear, restando protagonismo al GNL dentro de su mix energético.
India, considerada durante años como uno de los grandes motores futuros del mercado, también mostró una contracción en sus compras. El encarecimiento del gas y la priorización de fuentes más económicas han frenado su expansión como importador.
Este comportamiento genera dudas entre los exportadores, que contaban con el subcontinente como uno de los principales motores de crecimiento a medio plazo.
Precios elevados y presión sobre la demanda
Uno de los factores que más condicionará 2026 es la evolución de los precios internacionales. Las referencias del gas natural en Estados Unidos alcanzaron máximos de varios años, lo que complica la posibilidad de ofrecer precios competitivos en los mercados más sensibles.
Esta situación limita el margen de maniobra de los exportadores, especialmente en regiones donde el gas compite directamente con el carbón, la energía nuclear o las renovables.
El encarecimiento del suministro también ha frenado inversiones en infraestructuras de gas en algunos países emergentes, ralentizando la expansión de redes de distribución y almacenamiento.
Esta tendencia afecta directamente al potencial de crecimiento del GNL en zonas que, hasta hace poco, eran vistas como destinos estratégicos.
A pesar de ello, parte del sector confía en que el aumento de la oferta global termine relajando los precios y reactive la demanda en economías con fuerte crecimiento demográfico y necesidades energéticas crecientes.
El ejercicio 2026 se perfila como un punto de inflexión para los exportadores de GNL. El mercado ya no responde únicamente al aumento de la oferta, sino a una combinación de factores económicos, geopolíticos y energéticos que obligan a replantear estrategias comerciales.