Enagás ha presentado esta mañana de martes antes de la apertura del mercado los resultados correspondientes a 2025, un ejercicio que la empresa ha cerrado con una fotografía muy distinta a la del año anterior. Donde en 2024 hubo números rojos —pérdidas de 299,3 millones de euros marcadas por la minusvalía contable de la venta de Tallgrass Energy—, ahora hay beneficios.
En concreto, el beneficio después de impuestos de Enagás alcanzó los 339,1 millones de euros, incluyendo impactos extraordinarios. En términos recurrentes, el resultado neto fue de 266,3 millones, superando ligeramente el objetivo anual fijado en 265 millones. El giro es relevante no solo por el volumen, sino por el contraste: en apenas un año, Enagás ha pasado de pérdidas abultadas a beneficios sólidos y recurrentes.
Ingresos al alza y EBITDA por encima del objetivo
Los ingresos operativos se situaron en 976,8 millones de euros, un 7,0% más que en 2024 (+63,6 millones). El marco regulatorio restó alrededor de 57 millones, pero la compañía logró compensarlo con mayores ingresos regulados, especialmente los vinculados a los trabajos de sellado de los pozos del proyecto Castor. A cierre de año, Castor aportó 125,9 millones de euros en ingresos, frente a 119,9 millones en costes, con un impacto prácticamente neutro en EBITDA.
El EBITDA alcanzó los 675,7 millones de euros, superando el objetivo anual de 670 millones. Esta mejora se apoyó en dos pilares: el Plan de Eficiencia en costes y el buen comportamiento de las sociedades participadas. Los gastos operativos recurrentes bajaron un 0,6% respecto a 2024, quedando claramente por debajo del crecimiento máximo previsto en el plan estratégico.
El EBIT se situó en 368,1 millones de euros, lo que supone una caída del 14,1% interanual (–60,6 millones). Este descenso responde, en gran medida, a efectos contables y comparativos tras la desconsolidación de activos como Tallgrass Energy, que en 2024 inflaban el resultado operativo.
Participadas y extraordinarios
Las sociedades participadas aportaron 155,3 millones de euros al resultado. Aunque esta cifra es inferior a la de 2024, aquel ejercicio incluía perímetros hoy inexistentes. Ajustando ese efecto, el desempeño de las participadas en 2025 fue positivo y estable.
En el resultado final pesaron varios elementos extraordinarios:
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Plusvalía por la venta de Soto la Marina: 5,1 millones.
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Venta de Sercomgas: 9,6 millones.
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Revalorización por la adquisición del 51% de Axent: 16,9 millones.
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Actualización del valor razonable de GSP tras una rectificación favorable de laudo: 41,2 millones.
Estos factores explican la diferencia entre el beneficio recurrente (266,3 millones) y el beneficio total (339,1 millones).
Otros ratios y dividendo
Los fondos procedentes de operaciones (FFO) ascendieron a 635,8 millones de euros, incluyendo 164 millones en dividendos de filiales. El flujo de caja operativo (OCF) se situó en 375,9 millones, condicionado por una variación negativa del capital circulante de –259,9 millones, derivada de ajustes en primas y peajes.
La deuda neta cerró el ejercicio en 2.475 millones de euros, con un incremento moderado de 71 millones respecto a 2024. El ratio FFO/Deuda Neta se situó en el 25,7%, frente al 28,7% del año anterior.
El coste financiero siguió mejorando: 2,1% para la deuda bruta (2,6% en 2024) y 1,6% para la deuda neta. Más del 80% de la deuda está a tipo fijo, con una vida media de 4,7 años, lo que protege a la compañía frente a la volatilidad de tipos.
La inversión neta fue de 74,6 millones de euros, resultado de 194,3 millones invertidos y 119,7 millones desinvertidos. Enagás mantiene así una política inversora selectiva, alineada con la preservación de caja.
Enagás mantiene su tradicional enfoque de dividendo estable y predecible, apoyado en ingresos regulados y en una gestión prudente del balance. La compañía vincula explícitamente el dividendo a: la generación recurrente de caja (FFO), el cumplimiento de objetivos financieros y la preservación del grado de inversión. En 2025, esos tres pilares se han cumplido.
Resiliencia del sistema gasista
El sistema gasista español volvió a demostrar en 2025 su fiabilidad y su papel clave en la seguridad energética, con una elevada resiliencia ante fenómenos meteorológicos extremos. La demanda de gas natural transportada creció un 7,4%, hasta 372 TWh, impulsada principalmente por el aumento del gas destinado a generación eléctrica (+33,4%), con mayor protagonismo de los ciclos combinados tras el episodio de cero eléctrico.
Por el contrario, la demanda convencional descendió un 2,2% debido a la menor demanda industrial, compensada parcialmente por el crecimiento del consumo doméstico-comercial (+8,1%) por efecto de las temperaturas. En paralelo, Enagás avanzó de forma decidida en su apuesta por el hidrógeno renovable, con progresos relevantes en la Red Troncal Española de Hidrógeno y en el proyecto H2med.