La combinación de sanciones, cambios en las rutas comerciales y una demanda más selectiva por parte de los grandes importadores está provocando una situación inédita para Moscú: millones de barriles flotando sin destino definido.

Una situación que no responde a una caída brusca de la producción, sino a un desequilibrio cada vez más visible entre la capacidad de exportación y la disposición real de los compradores. 

A medida que se endurecen las restricciones comerciales y se estrecha el margen de maniobra de las refinerías asiáticas, el petróleo ruso encuentra más obstáculos para colocarse en el mercado internacional.

Menos salidas comerciales y más crudo en el mar

Los datos de seguimiento marítimo muestran que Rusia ha estado enviando una media de algo más de tres millones de barriles diarios durante las últimas semanas, una cifra similar a la del cierre de 2024, pero sensiblemente inferior a los niveles previos a Navidad. 

La diferencia no está tanto en el volumen exportado como en el destino final de esos cargamentos, que cada vez tardan más en encontrar comprador.

Uno de los cambios más relevantes se ha producido en India -que recientemente ha firmado un gran e histórico acuerdo comercial con la UE-, hasta ahora uno de los principales destinos del crudo ruso. 

Las entregas a los puertos indios descendieron en diciembre hasta situarse en torno a 1,2 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en más de tres años. 

Las primeras semanas de enero consolidaron esa tendencia, con cifras aún más moderadas. Este retroceso coincide con la entrada en vigor de nuevas restricciones europeas sobre productos refinados elaborados a partir de petróleo ruso, una medida que ha alterado los márgenes de las refinerías indias y ha reducido su apetito por nuevos cargamentos.

Como consecuencia directa, el crudo ha comenzado a acumularse en el mar. Las estimaciones más recientes apuntan a que cerca de 140 millones de barriles permanecen almacenados en petroleros, una cifra que supone un incremento de unos 60 millones desde finales del verano

Parte de estas embarcaciones permanece fondeada frente a la costa occidental de la India o en aguas cercanas a Omán, mientras otras navegan sin destino claro o se aproximan a enclaves como el Canal de Suez o puertos chinos a la espera de instrucciones.

Almacenamiento flotante y cuellos de botella logísticos

El uso del almacenamiento flotante no es nuevo en el mercado energético, pero el volumen actual empieza a generar preocupación. 

Algunos cargamentos han terminado en instalaciones de Indonesia, especialmente en zonas como Karimun o Balikpapan, aunque el número de descargas efectivas sigue siendo reducido. 

Este atasco evidencia que las alternativas logísticas se están agotando y que el margen de maniobra de los exportadores rusos es cada vez menor.

A pesar de este escenario, los ingresos por exportación no han sufrido un desplome inmediato. 

Los cálculos disponibles indican que el valor semanal de las exportaciones marítimas de crudo ruso ronda los 920 millones de dólares, incluso con un ligero repunte respecto al periodo anterior. 

El precio del crudo de los Urales procedente del Báltico se ha situado en torno a los 38 dólares por barril, mientras que las cargas del mar Negro han registrado ligeras subidas. 

En el caso de los envíos con destino a India, el precio ha alcanzado niveles próximos a los 56 dólares por barril, el más alto del último mes.

Sin embargo, los analistas advierten de que esta aparente estabilidad podría ser temporal. El endurecimiento del control sobre la denominada flota en la sombra y la creciente prudencia de los compradores asiáticos amenazan con convertir el almacenamiento marítimo en un cuello de botella estructural. 

Con India reduciendo compras y China seleccionando cada vez más sus adquisiciones, Rusia se enfrenta al riesgo de exportar más petróleo del que puede colocar de forma sostenible.