Este cambio de ciclo está obligando a los analistas a revisar sus previsiones sobre la solidez del crecimiento del país.

El frenazo inversor no solo refleja el agotamiento de un modelo basado en el endeudamiento y el desarrollo inmobiliario, sino que también está amplificando los riesgos crediticios en amplios sectores de la economía.

El desplome de la inversión y su impacto en la economía china

La inversión en activos fijos, uno de los pilares del crecimiento chino durante décadas, registró en 2025 una caída del 3,8%, situándose en torno a los 48,5 billones de yuanes. Se trata del primer descenso anual en varias décadas y una señal clara del enfriamiento económico que atraviesa el país.

Este retroceso está directamente vinculado a la prolongada crisis del sector inmobiliario y a las restricciones impuestas al endeudamiento de los gobiernos locales.

El deterioro de la inversión ha reducido la actividad en sectores clave como la construcción, la industria pesada y los servicios asociados.

Además, la debilidad de la demanda interna y las presiones deflacionarias han limitado la capacidad de recuperación, generando un entorno en el que el crecimiento resulta cada vez más difícil de sostener sin estímulos adicionales.

La advertencia de Fitch y el deterioro del perfil crediticio

Fitch Ratings ha señalado que la caída de la inversión está amplificando los riesgos crediticios en toda la economía china. La agencia subraya que el debilitamiento de la actividad reduce la capacidad de empresas y administraciones para hacer frente a sus obligaciones financieras, lo que incrementa la probabilidad de impagos.

En este contexto, Fitch rebajó recientemente la calificación soberana de China, citando el deterioro de las finanzas públicas y el aumento del endeudamiento.

La agencia advierte de que las perspectivas de crecimiento de varios sectores se están deteriorando, en un entorno marcado por menor consumo, presión sobre los precios y un mercado inmobiliario en contracción prolongada.

La crisis inmobiliaria como epicentro del problema

El sector inmobiliario continúa siendo el principal foco de inestabilidad. La inversión en vivienda cayó por cuarto año consecutivo, con un descenso superior al 17% interanual, mientras que las ventas residenciales se situaron en su nivel más bajo desde 2015.

La caída de los precios de la vivienda y el exceso de oferta han afectado tanto a promotores como a proveedores y entidades financieras.

Esta situación ha obligado a muchos hogares a recortar el gasto, lo que ha terminado por trasladarse al conjunto de la economía. Al mismo tiempo, varias grandes promotoras han entrado en dificultades financieras, lo que ha incrementado la presión sobre el sistema crediticio.

La degradación de empresas del sector inmobiliario a niveles cercanos al impago refleja la profundidad del ajuste en marcha.

Tensiones fiscales y presión sobre los gobiernos locales

El parón de la inversión también ha golpeado a los gobiernos locales, tradicionalmente dependientes de los ingresos procedentes de la venta de terrenos.

Con el mercado inmobiliario en mínimos, estas fuentes de financiación se han reducido de forma drástica, limitando su capacidad para impulsar proyectos de infraestructuras o sostener el crecimiento regional.

Los vehículos de financiación de gobiernos locales continúan mostrando una elevada dependencia del respaldo estatal. Aunque las autoridades centrales han reforzado el control sobre el endeudamiento, la necesidad de financiar proyectos considerados estratégicos mantiene la presión sobre las cuentas públicas.

Fitch advierte de que un aumento del gasto financiado con deuda podría deteriorar aún más el perfil crediticio de estos entes.

El papel del sistema bancario en un entorno más frágil

La banca china afronta este escenario con cautela. Las entidades están priorizando la calidad crediticia frente a la expansión del crédito, una estrategia destinada a contener el deterioro de los balances.