Como explica el doctor Jose Luis Alcaraz, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Quirónsalud Murcia, “se trata de una infección respiratoria causada, en la mayoría de los casos, por el virus respiratorio sincitial (VRS), para la que no existe un tratamiento específico, aunque los avances científicos han permitido reducir los casos más graves”.
La bronquiolitis afecta a los bronquiolos, que son las vías respiratorias más finas, y cuando se inflaman, el aire no puede circular con normalidad. Esta obstrucción explica los silbidos al exhalar, la respiración acelerada y el esfuerzo que hace el bebé para introducir aire. Según el doctor Alcaraz, “cuando un niño respira deprisa, se hunden las costillas o se le marcan mucho las alas de la nariz, es un aviso de que está trabajando demasiado para poder respirar”.
Los bebés menores de seis meses son, sin duda, los más vulnerables. “Sus pulmones están todavía en desarrollo y su sistema inmunitario no tiene la capacidad de respuesta que tendrá meses más tarde”, apunta el pediatra. En el caso de los prematuros, añade, “el riesgo se multiplica porque su reserva pulmonar es menor”. También señala que los niños con enfermedades cardiacas o pulmonares previas requieren vigilancia aún más estrecha.
Cómo se contagia la bronquiolitis
El VRS se transmite con gran facilidad, basta un estornudo, un juguete contaminado o una mano que no se lavó a tiempo. “Es un virus que sobrevive bien en superficies y que pasa de una persona a otra con rapidez, sobre todo en los meses de mayor circulación, entre otoño e invierno”, explica el doctor Alcaraz. Por eso el especialista insiste en que medidas básicas como lavarse las manos pueden ser cruciales.
También subraya que reducir las exposiciones innecesarias de los bebés pequeños es clave. “Si un bebé de dos meses acude a un entorno muy concurrido en plena temporada de VRS, el riesgo se dispara. Siempre que se pueda, conviene evitarlo”, señala.
Síntomas y tratamiento de la bronquiolitis
Los primeros síntomas de la bronquiolitis suelen confundirse con un resfriado común. “Casi siempre empieza con congestión nasal, tos y una febrícula que no llama demasiado la atención”, detalla el doctor Alcaraz. Sin embargo, lo que debe alertar a los padres es la evolución. “Cuando notan que el bebé respira más rápido, que hace un ruidito al exhalar o que se le hunden las costillas, es momento de consultar. En bronquiolitis, la progresión es más importante que el síntoma inicial”.
El especialista recalca la importancia de identificar las señales de gravedad. “Si el bebé hace pausas en la respiración, se pone azulado alrededor de los labios o deja de comer y beber, no hay que esperar: debe acudir a Urgencias”.
La mayoría de los casos se manejan en casa con medidas sencillas. “La hidratación, los lavados nasales y controlar la fiebre son los pilares del tratamiento”, recuerda el doctor Alcaraz. Sin embargo, no siempre es suficiente. “Cuando el niño muestra un esfuerzo respiratorio excesivo, cuando no puede alimentarse o cuando necesita oxígeno, el ingreso es necesario. En esos casos, disponemos de tratamientos de soporte muy eficaces, desde oxigenoterapia hasta cuidados en unidades de intensivos si el caso lo requiere”.
Video: Bronquiolitis e infecciones respiratorias en niños
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