En un escenario de postconflicto o tregua, si Irán y Estados Unidos firman el viernes el acuerdo de paz, el riesgo de un shock energético suele diluirse. ¿Cuál es tu previsión en este sentido?
Creo que el principal termómetro de este conflicto es el precio del petróleo. Ahora se sitúa por debajo de los 80 dólares, frente a los 72 dólares previos al conflicto. El mercado está descontando que, aunque todavía puedan producirse secuelas o episodios puntuales de tensión, el precio del crudo no va a registrar aumentos significativos de aquí en adelante.
Además, incluso en los momentos más complicados, cuando el petróleo repuntó con fuerza, sus niveles no llegaron a amenazar seriamente el crecimiento económico mundial. Nosotros calculamos cada año el umbral a partir del cual el petróleo podría tener un impacto negativo relevante en la economía global. Este año estimábamos que tendría que superar los 126,9 dólares por barril para generar ese efecto.
Durante toda la crisis, el precio se ha mantenido muy lejos de esa cifra. Por eso, incluso en los momentos de mayor incertidumbre, el mercado ha mantenido cierta calma. Si el petróleo se hubiera acercado a los 200 dólares, el problema habría sido mucho mayor, pero no ha sido el caso. Puede haber coletazos, pero no creo que, en este momento, el petróleo sea ya un factor relevante de preocupación para el futuro.
Desde GVC Gaesco, ¿en qué tipo de compañías o sectores europeos específicos veis valor en un momento como el actual?
Seguimos encontrando valor en muchos sectores. Analizamos las compañías cotizadas en función de los flujos de caja que pueden generar, y todavía nos resulta relativamente fácil encontrar empresas baratas. Esto significa que, según nuestras valoraciones, sus acciones tienen un potencial de subida relevante.
En Europa encontramos oportunidades en sectores industriales, cíclicos y financieros, entre otros. No nos ceñimos a un único sector porque el valor está bastante extendido. Solo excluiríamos algunos segmentos muy concretos, donde puede existir riesgo de sobrevaloración, como los centros de datos, la inteligencia artificial o áreas vinculadas a esta temática.
En el resto del mercado seguimos viendo valoraciones internas muy superiores a las cotizaciones actuales. Si queremos ponerle una etiqueta, podríamos hablar de inversión value. El value ha subido mucho, pero sigue estando barato. Todavía estamos en un momento en el que no cuesta encontrar compañías con descuento.
Si hay un riesgo del que habla el mercado es el de concentración, en un entorno donde la IA y la tecnología siguen dominando la narrativa. ¿Lo veis como un riesgo en el momento actual? ¿Lo estáis aprovechando de alguna manera?
Nosotros hemos estado posicionados en distintas compañías de este sector, pero hemos ido reduciendo exposición. Cuando gestionamos el dinero de muchas familias e instituciones, hay un riesgo al que no queremos exponer conscientemente a nuestros inversores: el riesgo de sobrevaloración. Este sector concentra ahora mucha atención y, al mismo tiempo, resulta muy difícil valorar algunas compañías con certeza. En muchos casos no es posible afirmar con seguridad si están caras o baratas. Si existen tantas empresas atractivas y con valoraciones claras, no vemos motivos para asumir riesgos en segmentos donde la valoración puede estar en entredicho.
No se trata de una visión negativa sobre toda la inteligencia artificial. La IA está aquí para quedarse y cada vez se utiliza más. El riesgo que observamos se concentra sobre todo en los centros de datos. Vemos una posible sobrevaloración casi inmobiliaria en este segmento.
El problema puede estar en el desajuste temporal entre oferta y demanda. Se está construyendo una enorme cantidad de centros de datos en todo el mundo, y cuando esa oferta esté disponible podrían pasar años hasta que la demanda la absorba por completo. Ese desfase puede generar un riesgo importante para las inversiones en este tipo de infraestructuras.
Si la sobrevaloración fuera generalizada, estaríamos hablando de un riesgo de mercado. Pero, al estar concentrada en un segmento reducido, preferimos invertir en el resto del mercado, donde seguimos viendo compañías baratas, buenos flujos de caja y valoraciones superiores a las cotizaciones. No tenemos ningún motivo para asumir un riesgo de sobrevaloración cuando existen tantas alternativas atractivas.
En las últimas sesiones, la salida a bolsa de SpaceX ha acaparado la atención de los inversores y, de cara a la segunda parte del año, hay expectación por otras compañías como Anthropic u OpenAI. ¿Qué actitud debería tener un inversor particular viendo el éxito del negocio de Musk en bolsa?
SpaceX es un buen ejemplo. Hace un año, en una convención internacional de inversores, se hablaba de que podía salir con una valoración de 3 billones de dólares. Finalmente salió con una valoración inferior, y ahora se sitúa en torno a los 2,3 o 2,4 billones. SpaceX tiene algunos negocios que pueden valorarse, pero también otros negocios de futuro que son muy difíciles de valorar. En muchos casos no hablamos solo de riesgos empresariales o de valoración, sino también de riesgos de ejecución: no sabemos cuáles de esos proyectos serán posibles y cuáles no.
En este tipo de compañías suele haber dos perfiles de inversores. Por un lado, está el creyente absoluto en Elon Musk: quien invierte porque confía en su visión, asume que fallará en algunas cosas y acertará en otras, y está dispuesto a permanecer invertido durante mucho tiempo.
Por otro lado, está el inversor oportunista o cortoplacista, que entra en la salida a bolsa para intentar aprovechar el impulso inicial. A este perfil le diría que tenga en cuenta que muchos fondos e inversores que ya estaban en SpaceX antes de cotizar estarán esperando a que termine el periodo de lock-up, durante el cual no pueden vender acciones. Cuando ese periodo finalice, lo habitual es que parte de ellos venda, lo que podría generar una presión vendedora importante.
Quien crea firmemente en Elon Musk deberá actuar según su propia convicción. Pero el inversor oportunista debe ser consciente de que puede producirse una avalancha de ventas en algún momento.
En nuestro caso, como inversores en valor, estamos al margen de este fenómeno. No es posible valorar SpaceX con suficiente precisión, ni siquiera considerando sus negocios actuales más rentables, como Starlink. Por eso no participamos en esta inversión. La acción ha subido mucho y en los últimos días ha corregido, pero seguimos completamente al margen.
En la bolsa española, el Ibex 35 vuelve a registrar nuevos máximos históricos. ¿Dónde veis el precio objetivo del selectivo? ¿Qué valores tienen más visibilidad y resiliencia de cara a la segunda parte del año?
El Ibex es un caso muy interesante porque es un índice eminentemente value. Todavía existen muchas empresas baratas, tanto dentro del selectivo como entre compañías medianas que no forman parte del índice. Si valoramos empresa por empresa, el Ibex podría situarse perfectamente en torno a los 25.000 puntos. Ese nivel se puede justificar por valoración. A partir de ahí, el descuento que aún vemos en muchas compañías ya estaría más agotado, pero nuestra valoración apunta a niveles más cercanos a los 25.000 puntos que a los actuales.
Seguimos encontrando muchas empresas con descuentos relevantes. No se trata de casos aislados, sino de una situación bastante extendida. Por eso creemos que todavía hay recorrido para el Ibex. Cada nuevo máximo llama la atención, pero si analizamos las compañías una a una, muchas valen más de lo que cotizan.
El entorno empresarial sigue siendo favorable. Las compañías generan mucha caja, los beneficios evolucionan bien y, mientras el contexto económico se mantenga en estos niveles, el mercado puede seguir avanzando.
Estamos viendo muchos valores de la bolsa española en máximos, como los bancos. ¿Cuáles podrían seguir impulsando al selectivo?
Los bancos siguen atravesando un momento muy favorable. La principal señal de alerta sería una subida de la morosidad. Si eso ocurriera, habría que revisar si han alcanzado un punto de inflexión. Pero no estamos en ese escenario.
Además, siguen existiendo muchas compañías atractivas por distintos motivos. En muchas de ellas, al comparar la cotización con el valor de la empresa, vemos descuentos significativos. No limitaría esta idea solo al Ibex. También encontramos oportunidades en compañías como Fluidra, Inmobiliaria Colonial , Aena o Meliá Hotels International . En algunos casos no hablamos de potenciales del 5%, 10% o 15%, sino de recorridos mucho más elevados. Muchas empresas lo han hecho muy bien en bolsa, pero aun así siguen estando baratas y conservan un potencial importante. El atractivo varía según cada compañía, pero el margen sigue siendo amplio.
Combinando un entorno de tipos que busca su equilibrio, la revolución de la IA y la atención puesta en la geopolítica, ¿cuáles son los dos o tres factores que podrían determinar la evolución de las bolsas en el segundo semestre?
La subida de las bolsas se está apoyando en varios factores sólidos. Los mercados están sorteando bien los riesgos geopolíticos y el entorno de tipos de interés.
En cuanto a los tipos, creo que los tipos cortos deberían subir algo más. En la zona euro seguimos con tipos reales negativos, y no veo motivos para que esta situación se mantenga. Los tipos bajaron demasiado y deberían situarse, como mínimo, por encima de la inflación subyacente.
En el caso de los tipos largos, también podrían seguir subiendo. La diferencia entre los tipos largos y los tipos cortos sigue siendo insuficiente para compensar el riesgo de plazo, es decir, la prima temporal.
Más allá de los tipos, los dos grandes indicadores que sostienen la economía son la demanda de servicios y el empleo.
- El primer factor clave es la fortaleza de la demanda de servicios. En los últimos años, el consumidor ha desplazado una parte importante de su gasto desde los bienes hacia los servicios, y esta tendencia continúa. Por eso es fundamental vigilar indicadores como los PMI de servicios. Los servicios representan más del 70% del PIB, de modo que, si aguantan, la economía también lo hace.
- El segundo factor es cómo se financia esa demanda de servicios. El consumidor está pagando viajes, restauración y ocio no tanto con sus ahorros, que siguen creciendo, sino con empleo. La base de todo este consumo es que las tasas de paro se mantengan bajas.
Por tanto, los dos indicadores que observamos con más atención son los PMI de servicios, porque reflejan la demanda de los consumidores, y las tasas de paro, porque muestran la capacidad de financiar ese consumo. Además, ambos factores se retroalimentan: los servicios son muy intensivos en mano de obra, y una demanda fuerte genera empleo. Si las familias mantienen o aumentan sus ingresos laborales, el consumo de servicios puede seguir sosteniendo la economía.