Abdallah es uno de los alumnos de la escuela de cocina de Villa Retiro, en Xerta. © Fundación ”la Caixa”

La Escuela de Cocina Villa Retiro, en Xerta (Tarragona), es hoy un referente para jóvenes en riesgo de exclusión social que desean construir su futuro en torno a los fogones. «Como empresa buscábamos hacer algo solidario y pensamos que era muy bonito dar formaciones para que al final pudieran encontrar un camino en nuestra profesión», explica el chef Fran López.

En 2018, la Escuela de Cocina Villa Retiro inició su colaboración con el programa de inserción laboral Incorpora, de la Fundación ”la Caixa”, una alianza que supuso un nuevo impulso para el proyecto formativo de la escuela y permitió ampliar las oportunidades para jóvenes en situación de vulnerabilidad. Desde entonces, más de 200 jóvenes han encontrado una vía de entrada al sector de la restauración.

«Buscamos gente con motivación y ganas de trabajar realmente en este sector», comenta el chef. «La cocina es un oficio que les permite viajar y trabajar en cualquier parte del mundo. Es una gran oportunidad para ellos», agrega.

Uno de los alumnos es Abdallah Siradj, un joven argelino de 17 años que lleva solo 7 meses en España. Descubrió el curso de cocina de Villa Retiro gracias a los educadores del centro de menores de Tortosa (Tarragona). «Desde que llegué expliqué a los educadores que quería trabajar en el mundo de la cocina», cuenta el joven.

Otro de los participantes es Zakariyae Himmit, de 30 años, que llegó a Tortosa hace dos años desde Marruecos. Conoció la escuela a través de un amigo que ya había hecho la formación. «Siempre me ha gustado aprender cosas nuevas y mi objetivo ahora es coger mucha experiencia en la cocina», comenta.

Cada semana, ataviados con chaquetilla profesional, delantal y gorro, Abdallah, Zakariyae y el resto de sus compañeros escuchan atentamente las explicaciones de los profesores y se esfuerzan por aprender el oficio. «Trabajamos y nos ayudamos entre nosotros como una familia», afirma Abdallah.

Abdallah: ««Mi madre quiere que me convierta en un buen cocinero. Me gustaría ser un chef de renombre y poder trabajar en Barcelona».

A pesar de la distancia, Abdallah mantiene contacto con su familia y les explica todos sus avances en el curso de cocina: «Mi madre quiere que me convierta en un buen cocinero», asegura. «Me gustaría ser un chef de renombre y poder trabajar en Barcelona», explica el joven con ilusión.

Delantal, vocación y ganas de aprender

La formación se estructura en dos niveles: el primero, de auxiliar de cocina, dura tres meses y ofrece una aproximación inicial al oficio; el segundo, de cocinero, se prolonga durante cuatro meses y permite especializarse y profundizar en los conocimientos culinarios. «Vemos tipos de corte, conocimiento del material, nombre de las técnicas y alimentos. También tratan diferentes cocciones e incluso tocan pastelería y masas», explica el responsable de cocina de Villa Retiro.

La parte práctica se complementa con sesiones teóricas sobre otros aspectos de la restauración, como la relación con los proveedores o el conocimiento de distintos productos. Los estudiantes también trabajan habilidades transversales como la puntualidad, la limpieza o el respeto, que, como indica Fran López, son «aspectos importantes para que se puedan incorporar con normalidad a un puesto de trabajo».

Además de orientar a las personas en riesgo de exclusión social que buscan empleo, en Incorpora se realiza una labor constante de sensibilización para animar a más empresas a ofrecerles oportunidades laborales. «Dentro de nuestra empresa no existen prejuicios. Da igual de dónde vengan, lo importante es que aporten al equipo», afirma Fran López.

La colaboración entre el programa Incorpora y la Escuela de Cocina Villa Retiro contribuye a construir territorios socialmente más responsables. En entornos rurales como Xerta, donde las oportunidades laborales suelen ser más limitadas, iniciativas como esta generan dinámicas inclusivas que fortalecen el tejido social y económico.

La implicación de empresas locales comprometidas no solo facilita el acceso al empleo de personas en situación de vulnerabilidad, sino que también impulsa modelos de desarrollo más equitativos, sostenibles y vinculados al territorio

«Cuando una empresa se implica en ofrecer oportunidades a personas que lo tienen más difícil, no solo transforma trayectorias individuales, sino que también contribuye a construir comunidades más cohesionadas y resilientes en su territorio. Este tipo de alianzas demuestran que la inclusión social también puede convertirse en una palanca de desarrollo local», asegura Marc Simón, subdirector general de Social de la Fundación ”la Caixa”.

Empleos que se convierten en oportunidades de vida

En cada una de las formaciones impulsadas por Incorpora en Villa Retiro, alrededor del 70 % de los estudiantes logra encontrar un empleo. «El objetivo de estos cursos es que salgan de aquí listos para entrar en el mundo laboral», explica Fran López, quien cuenta con varios exalumnos en su propio equipo. «Otros ocupan hoy cargos de responsabilidad en cocinas importantes del territorio», añade.

Uno de esos exalumnos es Ba Yaya Darboe, de 25 años, que fue uno de los primeros estudiantes de la formación impulsada por Incorpora. Yaya llegó a España hace nueve años desde Gambia con la idea de encontrar un futuro mejor. Tras pasar por el centro de menores de Tortosa, insistió en buscar cursos que le permitieran empezar a trabajar. Aunque su intención inicial era formarse como mecánico, una educadora le habló del curso de cocina en Villa Retiro y decidió probar. «Poco a poco me fui enamorando de la cocina, sobre todo de la repostería», comenta.

La Escuela de Cocina Villa Retiro fue un impulso decisivo para él. Hoy es segundo de cocina en el restaurante Algadir del Delta, donde trabaja junto al chef Joan Capilla, galardonado con una estrella verde Michelin. «Villa Retiro me abrió el mundo laboral. Gracias al curso conocí a Fran y a Joan, y hoy sigo trabajando en la cocina gracias a ellos», afirma Yaya.

La estabilidad laboral le ha permitido establecerse en La Rápita, donde ha formado una familia y tiene dos hijos, de uno y cinco años. Ahora empieza a pensar en el siguiente paso de su carrera: «En un futuro me gustaría montar algo propio en Gambia y llevar la cocina de aquí allí», explica.

Varios estudiantes de la escuela de cocina de Villa Retiro durante una formación. © Fundación ”la Caixa”

Aprender un oficio para echar raíces

El ficus centenario que preside el jardín de Villa Retiro entierra sus raíces en la bodega del restaurante y simboliza el arraigo y la conexión con el territorio que tiene la finca. De algún modo, quienes pasan por la escuela buscan también eso: asentarse, crecer, echar raíces en su nuevo entorno y construirse un futuro más sólido.

Para Fran López, transmitir su pasión por la cocina y ofrecer una oportunidad real a personas que la necesitan es una satisfacción. «Es un orgullo que gente que ha empezado con nosotros, que se ha formado y que lleva el ADN de Villa Retiro, ahora esté en cargos de responsabilidad», afirma.

Los testimonios de Yaya, Abdallah y Zakariyae reflejan la importancia de la labor del programa Incorpora de la Fundación ”la Caixa”, que impulsa cada año cerca de 40.000 oportunidades laborales para personas en situación de vulnerabilidad, entre ellas más de 9.000 jóvenes con dificultades para acceder a un empleo. La iniciativa actúa como puente entre empresas con compromiso social como Villa Retiro y personas en situación de vulnerabilidad que necesitan una primera oportunidad laboral. Cuando se combinan formación profesional, acompañamiento y opciones reales de empleo, el cambio deja de ser una promesa y empieza a convertirse en una trayectoria tangible y transformadora.