Durante décadas, el país centroeuropeo ha sido el sueño dorado de miles de personas. Un país con una de las democracias más estables del mundo, una gran calidad de vida y… enormes salarios.
Sin embargo, Suiza amenaza con cerrar sus puertas vía referéndum y evitar que su población siga creciendo. O, al menos, lo haga por encima de los diez millones. Para los defensores de este “cerrojazo” una de las excusas es que el país ya no tiene mucho más que ofrecer a los que buscan encontrar un buen trabajo.
Con una irrisoria tasa de desempleo del 2,9%, una de las más reducidas del mundo desarrollado, el país alpino combina pleno empleo, salarios elevados y fuerte atracción de talento internacional, pero ¿es capaz de absorber más trabajadores?
Este éxito laboral ha generado tensiones internas que explican por qué parte del espectro político plantea limitar el aumento de la población.
Pleno empleo y presión estructural
El mercado laboral suizo funciona prácticamente a plena capacidad. Sectores como la industria farmacéutica, la ingeniería de precisión, la banca privada y la tecnología demandan perfiles cualificados que no siempre se cubren con mano de obra nacional.
El resultado es una dependencia significativa de trabajadores extranjeros, que ya representan cerca de una cuarta parte de la población residente.
Esta dinámica ha sostenido el crecimiento económico durante décadas. El PIB per cápita suizo se mantiene entre los más altos del planeta y la productividad laboral supera ampliamente la media de la Unión Europea.
No obstante, la otra cara de esta fortaleza es una presión constante sobre el mercado inmobiliario, el transporte público y las infraestructuras urbanas.
El impacto en vivienda y territorio
Ciudades como Zúrich, Ginebra o Basilea han experimentado incrementos sostenidos en el precio del alquiler y del suelo urbano.
La limitada disponibilidad de terreno edificable, sumada a estrictas normas de planificación territorial, ha dificultado la ampliación rápida de la oferta habitacional. El encarecimiento de la vivienda se ha convertido en una preocupación recurrente para la población local.
Además, el sistema ferroviario y las redes de transporte regional soportan volúmenes crecientes de desplazamientos diarios.
Aunque Suiza cuenta con una de las infraestructuras más eficientes de Europa, el aumento poblacional exige inversiones constantes para evitar saturaciones.
Inmigración, crecimiento y envejecimiento
El crecimiento demográfico suizo se explica en gran medida por la inmigración. Sin estos flujos, el país afrontaría un envejecimiento más acelerado, ya que la tasa de natalidad interna se sitúa por debajo del nivel de reemplazo generacional.
La llegada de trabajadores jóvenes contribuye a sostener el sistema de pensiones y a equilibrar la pirámide poblacional.
Limitar el aumento de habitantes podría aliviar tensiones inmediatas, pero también reducir la base de contribuyentes en el medio plazo.
El debate, por tanto, no es exclusivamente cuantitativo, sino estructural. La cuestión es si el país puede mantener su dinamismo económico sin seguir incorporando talento extranjero.
Política y referendos en un país de votaciones constantes
Suiza tiene una larga tradición de democracia directa. En los últimos años se han sometido a consulta popular diversas propuestas relacionadas con el control migratorio y los límites demográficos.
Aunque varias iniciativas restrictivas han sido rechazadas, el apoyo a fórmulas de mayor control no ha desaparecido.
El argumento de quienes defienden limitar la población se centra en preservar la calidad de vida, proteger el entorno natural y evitar la sobrecarga de servicios públicos.
Sus detractores advierten que una economía abierta y exportadora como la suiza depende de la movilidad internacional y del acceso a capital humano cualificado.
¿Equilibrio entre prosperidad y sostenibilidad?
El dilema suizo no responde a una crisis de desempleo ni a un deterioro macroeconómico. Se produce precisamente en un contexto de estabilidad fiscal, moneda fuerte y bajo paro.
Mantener una tasa de desempleo del 2,9% mientras se preserva la cohesión territorial y el acceso a la vivienda es todo un desafío. ¿Hay hueco para más gente en Suiza?