Victoria, después de un magnífico 2025, ¿qué es lo que esperáis para este 2026?
Victoria Torre: En realidad no ha habido un cambio sustancial en las condiciones de mercado. Los inversores seguimos bastante a la espera de acontecimientos que aporten algo más de visibilidad y permitan que la tendencia se decante claramente hacia un lado u otro. Aun así, uno de los principales catalizadores que vemos ahora mismo es la confianza en la salud de las empresas.
Los últimos resultados empresariales han demostrado que existe un crecimiento sólido, especialmente en los sectores tecnológico y financiero, pero también hemos empezado a ver una recuperación en otros sectores. Por eso no resulta descabellado pensar que los beneficios empresariales puedan seguir creciendo. De hecho, las estimaciones apuntan a un crecimiento cercano al 10% en Estados Unidos y Asia durante 2026, y algo menor en Europa y Japón, alrededor del 8%. En un escenario central, este crecimiento podría incluso prolongarse en 2027.
En nuestro escenario central, los expertos consideran que podríamos ver retornos aproximados del 5% en renta variable y en torno al 3% en renta fija. Aun así, seguimos manteniendo una postura prudente, teniendo en cuenta las múltiples incertidumbres que existen. En renta fija no estamos asumiendo demasiados riesgos, ni en duración ni en calidad, y en renta variable seguimos siendo cautelosos, con una infraponderación, especialmente en el mercado estadounidense.
Precisamente, cuando hablamos de Estados Unidos, esperáis un crecimiento sólido de los beneficios, pero aun así estáis infraponderando este mercado. ¿Es una cuestión de valoraciones?
Victoria Torre: Sí, claramente. Las valoraciones en Estados Unidos son más elevadas, en gran parte debido al peso de las grandes tecnológicas. En cambio, en Europa vemos valoraciones más ajustadas. Por eso estamos muy pendientes de comprobar si en 2026 se produce ese resurgimiento que tanto se espera de Europa y, en particular, de Alemania.
Seguimos poniendo el foco en la renta variable vinculada a grandes megatendencias, especialmente aquellas impulsadas por la inteligencia artificial, como la electrificación o la salud. Y en estas temáticas Europa tiene mucho que aportar. Confiamos en que la economía alemana pueda verse impulsada por los planes de infraestructuras y defensa, junto con factores como el abaratamiento de la energía. Todo ello, además, con bolsas que cotizan a precios algo más razonables. Eso sí, no podemos ignorar que Europa aún tiene debilidades pendientes, como la necesidad de avanzar en reformas estructurales.
Juan, ¿compartís esta visión positiva sobre Europa para 2026, teniendo en cuenta que en 2025 ya fue uno de los mercados que mejor se comportó?
Juan Fierro: Sí, compartimos una visión positiva, aunque con cierta moderación. Las tensiones geopolíticas nos obligan a mantener un grado de cautela, pero somos optimistas y constructivos. Las perspectivas de crecimiento del PIB europeo son modestas, alrededor del 1,2% o 1,3%, pero siguen siendo crecimiento, impulsado principalmente por el consumo y la inversión.
Además, creemos que podría haber sorpresas al alza. Hay varios factores que podrían llevar a revisiones positivas de estas previsiones y apoyar un buen comportamiento de la renta variable europea. Entre ellos destaca la política monetaria: con la inflación cerca del 2%, el BCE ha finalizado su ciclo de bajadas y las condiciones de financiación vuelven a ser más favorables para consumidores y empresas.
La política fiscal es otro elemento clave, especialmente en Alemania, con planes de inversión en infraestructuras y defensa que superan el billón de euros y que se notarán especialmente en 2026 y 2027. También hay una agenda reformista por parte de la Comisión Europea que el mercado todavía no ha descontado del todo, con iniciativas relacionadas con el mercado de titulizaciones, la relajación de exigencias de capital para los bancos o la unión del ahorro y la inversión.
A todo esto se suman unas valoraciones atractivas. En Europa encontramos múltiplos de PER en torno a 14–15 veces, con expectativas de crecimiento de beneficios que podrían situarse incluso por encima del 10%, alrededor del 11–12%. En términos relativos frente a la renta variable estadounidense, nos parece especialmente interesante.
¿Cómo se refleja esta visión en el fondo Janus Henderson Pan European?
Juan Fierro. Es un fondo de renta variable europea centrado en grandes compañías, con una cartera de unas 50 posiciones. Buscamos equilibrio entre sectores cíclicos y defensivos, así como entre estilos growth y value, sin un sesgo extremo. Actualmente estamos sobreponderados en el sector financiero, especialmente en bancos, donde el entorno operativo es favorable y las valoraciones son atractivas. También tenemos exposición al consumo, con cierto sesgo hacia el lujo, y a los industriales, tanto en defensa —por los planes fiscales— como en áreas vinculadas a infraestructuras, como construcción, ingeniería y maquinaria industrial.
Además de Europa, hablabas también de Asia como una región con potencial. ¿La estáis incorporando en las carteras?
Victoria Torre: Sí, claramente. Asia es otra de las regiones donde somos positivos, por motivos muy similares a los de Europa. Las temáticas impulsadas por la inteligencia artificial favorecen especialmente a las bolsas asiáticas. Además, las valoraciones se han relajado en algunas zonas, como China y Asia emergente, aunque en otras, como Corea o Taiwán, siguen siendo más exigentes.
Nuestra exposición a Asia es transversal: mantenemos una posición neutral en Japón y sobreponderamos Asia emergente, con un sesgo growth. Preferimos implementar la exposición tecnológica a través de compañías asiáticas en lugar de estadounidenses, y tenemos una presencia relevante en ASEAN, donde vemos potencial por factores como la relocalización productiva y la integración comercial.
En el caso de Schroders, ¿esperáis también un año positivo para Asia en 2026? ¿Qué riesgos habría que vigilar?
Pilar Vila. Creemos que Asia tendrá un comportamiento positivo, aunque probablemente no tan espectacular como en 2025. Los factores que impulsaron el mercado el año pasado siguen presentes, especialmente la liquidez y la inteligencia artificial. El entorno monetario sigue siendo favorable, con un dólar débil que apoya a las divisas locales y da margen de actuación a los bancos centrales. En cuanto a la inteligencia artificial, países como Corea y Taiwán se benefician del fuerte ciclo de inversión en infraestructuras, con alta visibilidad en pedidos y márgenes al menos hasta 2027.
El principal riesgo sería una moderación del ciclo de inversión en inteligencia artificial si los grandes actores tecnológicos priorizan la rentabilidad frente al crecimiento. También las tensiones geopolíticas y comerciales pueden generar volatilidad. En el caso de China, la debilidad del ciclo doméstico, la deflación persistente y posibles errores de política económica siguen siendo amenazas relevantes.
¿Cómo se posiciona el fondo Schroder Emerging Asia en este contexto?
Pilar Vila. Estamos siendo muy selectivos y apostamos por una gestión activa, porque creemos que la dispersión entre compañías será muy elevada. En China y Hong Kong priorizamos líderes sectoriales con buena generación de caja, como plataformas de internet, industriales globales y compañías del sector salud. En Corea buscamos empresas que mejoran el retorno al accionista, así como fabricantes de chips, infraestructuras eléctricas y defensa.
En Taiwán somos muy selectivos en proveedores con altas barreras de entrada. En India apostamos por tendencias estructurales como la formalización, la digitalización y el crecimiento de la renta per cápita, encontrando oportunidades en consumo, financieras de calidad, telecomunicaciones e infraestructuras. Y en ASEAN, especialmente en Singapur, nos gusta el sector financiero por su estabilidad y generación recurrente de caja.