El mes de enero comenzó con un tono claramente optimista para Bitcoin. En apenas unos días, la principal criptomoneda del mercado fue capaz de superar primero los 90.000 dólares y después los 95.000, impulsada en gran parte por la actividad en el mercado de derivados. En esa zona comenzaba a percibirse un techo relevante, muy ligado al llamado max pain, justo cuando el mercado empezaba a descontar un catalizador clave: la esperada Clarity Act en Estados Unidos. Sin embargo, el escenario cambió de forma abrupta. La votación se pospuso y la incertidumbre volvió a instalarse en el mercado.
Un mercado pequeño, muy dependiente del contexto macro
Conviene recordar que el mercado de los criptoactivos sigue siendo relativamente pequeño y extremadamente sensible a factores macroeconómicos y geopolíticos. Lo que ocurre en el precio del petróleo, en los conflictos internacionales o en las expectativas de inflación termina impactando, directa o indirectamente, en Bitcoin.
En este inicio de año hemos visto cómo ciertos eventos geopolíticos han elevado la volatilidad en los mercados tradicionales, y eso se traslada también al ecosistema cripto. Mientras el crecimiento económico y la inflación se mantengan bajo control, el entorno sigue siendo favorable para los activos de riesgo. Por eso, el seguimiento del petróleo y de las expectativas macro es hoy más relevante que nunca.
Aun así, el balance del arranque de año había sido positivo para los grandes activos del sector, especialmente Bitcoin y Ethereum. El problema no ha sido tanto el precio como la incertidumbre regulatoria que ha vuelto a aparecer sobre la mesa.
Regulación necesaria, pero bien diseñada
En este sentido, la Clarity Act pretende convertirse en el gran marco regulatorio del mercado cripto en Estados Unidos, aportando claridad sobre aspectos clave como las stablecoins, las finanzas descentralizadas, la custodia y la diferenciación entre activos considerados securities y commodities. El mercado había descontado que esta ley marcaría un antes y un después en la adopción institucional, pero el principal foco de tensión ha surgido en torno a las stablecoins y la posibilidad de que ofrezcan rendimientos. El temor del lobby bancario a una fuga de depósitos ha frenado el consenso político, provocando el aplazamiento de la votación y devolviendo la incertidumbre al sector. Aunque el aplazamiento ha generado desconcierto, especialmente tras las señales de apertura de algunos bancos, lo más probable es que el desenlace sea un punto intermedio: sin intereses directos para las stablecoins, pero con fórmulas alternativas de incentivos o rendimientos vía DeFi, que mitiguen el choque con la banca tradicional sin frenar el desarrollo del sector.
La regulación es necesaria, no solo en Estados Unidos. En Europa, MiCA ya ha entrado en vigor y marca un precedente importante. El objetivo debe ser evitar episodios como el vivido el 10 de octubre de 2025, cuando el mercado sufrió la mayor liquidación de su historia sin que existiera una transparencia real sobre lo ocurrido. Y aquí enlazamos con la gran pregunta: ¿es esta incertidumbre regulatoria uno de los factores que impide ver a Bitcoin en los 100.000 dólares?
Probablemente sí, aunque no es el único. Bitcoin no está tan lejos. Ha corregido hacia la zona de los 80.000 y ha vuelto a recuperar los 90.000. Todos sabemos que un movimiento del 20% en cuestión de semanas es perfectamente posible. Si finalmente la regulación avanza de forma favorable, no sería extraño volver a ver un testeo de la zona de los 100.000 dólares.
Otro elemento clave del momento actual es la clara divergencia entre el inversor institucional y el inversor minorista. Los ETFs de Bitcoin están canalizando buena parte del flujo de entrada, mientras que el mercado spot retail sigue sorprendentemente ausente. Esta ausencia tiene dos lecturas. Por un lado, el acceso al mercado está cambiando: cada vez más inversores entran vía productos regulados. Por otro, históricamente el retail suele llegar tarde, cuando el mercado ya está cerca de los máximos. Que no esté presente ahora puede interpretarse como una señal constructiva.
Qué vigilar en las próximas semanas para la evolución de Bitcoin
De cara a las próximas semanas, hay varios factores a seguir de cerca: la evolución de la regulación, la liquidez global, los tipos de interés a largo plazo, la volatilidad y, por supuesto, el contexto geopolítico. Todo puede cambiar muy rápido.
Mientras el precio del petróleo se mantenga controlado y la liquidez siga expandiéndose, el escenario para los activos de riesgo sigue siendo favorable. Pero los riesgos están ahí: tensiones internacionales, posibles cierres del gobierno estadounidense o cambios inesperados en política monetaria.