Para alguien que tiene sus ahorros en la cuenta y todavía no se ha atrevido a invertir, ¿qué le dirías hoy? ¿Es más importante encontrar el momento adecuado para entrar o simplemente empezar a invertir con una estrategia y un horizonte claros?
Lo primero siempre es tener un rinconcito, un colchón de emergencia: dinero en cuenta corriente o en un depósito, algo muy seguro y líquido por si pasa alguna cosa, como que no te vaya bien en el trabajo o surge un imprevisto.
Para el resto, hay que empezar; poquito a poco si te da miedo, pero empezar, que es lo más importante. Aunque sean 150 €, el hecho de abrirte una cuenta de inversión, una cartera o comprar un fondo es el primer paso y el más difícil. Nuestra experiencia es que los clientes que empiezan ya no paran, porque ven que realmente el efecto bola de nieve funciona.
En resumen: tu colchón de emergencia y luego empezar, aunque sea con 150 €.
El BCE ha vuelto a subir los tipos y la inflación vuelve a ser una preocupación importante. ¿Qué oportunidades abre este escenario para el inversor conservador? ¿Vuelve a ser especialmente interesante la renta fija o todavía hay que ser prudentes con ella?
Si miramos atrás en la historia, el inversor conservador tiene ahora una situación relativamente buena. Hace 10 años los tipos estaban al 0% o incluso en negativo. Ahora hay depósitos al 3,5%, que es un producto bancario muy seguro y garantizado por el Fondo de Garantía de Depósitos.
Para la gente que no quiere asumir riesgos existen productos bancarios muy buenos y cuentas remuneradas al 2,5 %. Y para quien quiere dar el paso a invertir, hay fondos monetarios y fondos de bajo riesgo que ofrecen incluso un poco más. Aunque el BCE subió tipos para frenar la inflación, la coyuntura actual da opciones claras al inversor conservador.
La bolsa estadounidense y, en particular, las compañías vinculadas a la inteligencia artificial siguen teniendo mucho protagonismo. Un inversor que compra un S&P 500 o incluso un MSCI World puede pensar que está muy diversificado: ¿corre el riesgo de estar más concentrado en tecnología y Estados Unidos de lo que cree?
Por la propia construcción de los índices, se acaba teniendo bastante peso de Estados Unidos y de tecnología en la cartera, ya que las empresas más grandes del mundo son tecnológicas americanas. Personalmente no lo veo como un riesgo sistémico.
En otros momentos de la historia hemos tenido distintas concentraciones: periodos donde las energéticas o el sector financiero pesaban mucho. Al final, esto va evolucionando junto con la economía. Es un factor a tener en cuenta y existen formas explícitas de diversificar comprando otros países y sectores. La indexación y la construcción del índice son un muy buen punto de partida para una cartera.
Durante años se ha popularizado mucho la inversión indexada por su sencillez y sus bajos costes. En el entorno actual, ¿hay mercados o activos en los que creas que la gestión activa puede aportar más valor que simplemente replicar un índice?
En renta fija, la gestión activa te da una flexibilidad que ayuda a aportar valor. En las carteras conservadoras híbridas (que combinan gestión activa e indexada) hemos visto resultados muy sólidos.
En cambio, para la renta variable creo bastante más en la indexación pura. Por tanto, para renta variable me iría por defecto a indexación, mientras que en renta fija haría un mix. De esta forma obtienes lo que marca el índice y sumas la flexibilidad en sensibilidad a tipos de interés o riesgo de crédito que aporta un gestor activo.
¿Dónde estáis viendo ahora las mejores oportunidades?
El paradigma de los últimos 15 años (desde 2010 hasta la pandemia) se basaba en que bastaba con comprar las «Siete Magníficas» para obtener buenas rentabilidades. Ese paradigma se ha roto. Estas compañías han cambiado su forma de operar: han pasado de repartir mucho flujo de caja a los accionistas a reinvertirlo masivamente en centros de datos.
Por ello, ya no basta solo con comprar esos siete valores; hay que posicionarse en el resto de empresas que se van a beneficiar. Bolsa americana sí, pero no únicamente esas siete. Respecto a la bolsa mundial, la cadena de valor de la tecnología en Asia está viviendo un momento muy favorable.
En nuestras carteras encontramos valor en Japón y en mercados emergentes, activos que han impulsado los resultados este año y que deberían aportar diversificación y valor en el futuro.
Si tuvieras que señalar un solo error que están cometiendo muchos inversores particulares en 2026, ¿cuál sería?
El principal error es asumir que, porque ciertos activos han funcionado en el pasado, el futuro será exactamente igual. Al analizar un backtest de hace 20 años, la tecnología y el sector energético (por ejemplo, con respecto a Hormuz o el shale oil en EEUU) eran completamente distintos.
La historia sirve de guía informativa, pero se debe mantener una visión prospectiva de hacia dónde vamos. Que la bolsa americana haya sido la más rentable en el pasado no garantiza que vaya a serlo siempre. La clave se resume en una palabra: diversificar, tanto geográfica como sectorialmente.