“En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por el favor o unirse para crear una tercera vía con impacto”. Con declaraciones de este tipo, el primer ministro canadiense, Mark Carney, invitaba a las potencias medias del mundo a cooperar para ofrecer una alternativa al sistema bipolar protagonizado por Washington y Pekín. Así, en un momento en el que el orden internacional creado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial se está fracturando, las potencias medias tienen en esta ruptura una oportunidad para ganar influencia, mantener el multilateralismo y defender un sistema basado en el derecho internacional.
Las potencias medias son, en realidad, un concepto subjetivo del que se carece una definición exacta o una lista cerrada que determine los países que pertenecen a este grupo. Se entienden como una serie de estados que se sitúan por debajo de las grandes potencias a nivel internacional pero que, a pesar de ello, tienen cierta influencia en temas internacionales. A pesar de la falta de consenso sobre su definición, países como Emiratos Árabes Unidos, Sudáfrica, Turquía, Brasil o Egipto son algunas de las consideradas potencias medias.
En un estudio reciente del Belfer Center de la Universidad de Harvard, se describen tres características que debe tener un país para ser considerado una potencia media. La primera consiste en situarse a nivel geopolítico entre China y Estados Unidos, sin ofrecer un apoyo incondicional a ninguna de las grandes potencias. Por otra parte, deben ser países involucrados en los asuntos globales, relevantes a nivel regional y que cuenten con cierta capacidad de influencia.
De este modo, el objetivo de las potencias medias se basa, principalmente, en aumentar su influencia en el ámbito internacional y ganar protagonismo en las decisiones globales. Para poder llevarlo a cabo, una de las opciones más eficaces es la creación de mini-coaliciones que les permita forjar alianzas con diferentes países, diversificando su dependencia y abordando temas concretos. Un ejemplo reciente es la firma del acuerdo cultural entre Francia e Indonesia o la asociación estratégica entre Canadá y Qatar.
Ganar influencia y cooperar para presentarse como la tercera opción frente a la bipolaridad del orden actual es una intención ambiciosa que presentará obstáculos en el proceso. El principal límite serán las grandes potencias, que tratarán de evitar que otros países ganen influencia. Tanto Washington como Pekín prefieren un mundo en el que los países tengan que elegir un bando. Además, las potencias medias, como grupo, son muy heterogéneas. Son un conjunto de países con ciertas metas en común pero también con una serie de conflictos de intereses. De hecho, las potencias medias no actúan de forma completamente altruista, también se mueven por intereses y beneficios pero, en su mayoría, un mundo basado en reglas, diálogo y cooperación es su mejor opción.
Así, para que su influencia pueda ser efectiva, estos países necesitan reforzar su confianza mutua y llegar a acuerdos en temas críticos. De esta forma, podrán demostrar la fortaleza de la cooperación a la vez que aumentan su capacidad de influir en los asuntos globales. Este paso hacia delante en la esfera internacional tiene que lograrse mediante un equilibrio entre las diferentes coaliciones de países así como con la política interna de cada estado.
Lograr esa influencia no es sencillo, de hecho, en 2019 Francia y Alemania ya intentaron crear una alianza con diferentes países denominada “Alliance for Multilateralism” con el objetivo de promover la cooperación entre los países y demostrar el compromiso de los estados a los principios del multilateralismo y de la ONU. A pesar de que finalmente no tuvo éxito, sí que sirve de precedente para algunas alianzas que estamos viendo actualmente. Un ejemplo de ello es la denominada Coalición de Voluntarios, en cuya última cumbre se reunieron un conjunto de países europeos así como Canadá, Turquía o Nueva Zelanda entre otros para debatir sobre la posibilidad de enviar tropas de paz a territorio ucraniano para garantizar su seguridad.
De llevarse a cabo, el cambio mediante el cual las potencias medias consigan un papel más central va a ser lento. Por el momento, Washington ya ha dejado huecos, como la reducción en su financiación de la ONU o en sus contribuciones a la ayuda humanitaria. Sin embargo, ningún país ha tomado aún la iniciativa para cubrir esos espacios. No obstante, en otros ámbitos como el comercial, si se observa un cambio hacia la diversificación de alianzas tras las amenazas arancelarias de la Administración Trump. Así, la UE ha acelerado el acuerdo con Mercosur, ahora en revisión, y ha cerrado un gran acuerdo comercial con India. De manera similar, Canadá está en negociaciones con países como Filipinas o Tailandia para cerrar tratados de libre comercio.
De este modo, en un contexto en el que se está poniendo fin a un sistema internacional y en el que aún no se ha creado uno nuevo, las potencias intermedias encuentran una gran oportunidad de obtener una influencia real. El éxito de esta tercera vía dependerá de la capacidad de estos países para defender los espacios de diálogo, priorizar la cooperación y mantener compromisos duraderos. De lograrlo, las potencias medias podrían consolidarse como actores claves en la transición del sistema internacional; sino, corren el riesgo de mantenerse en una situación de subordinación bajo los intereses de Washington y Pekín.