Estamos viviendo un comienzo de 2026 muy distinto al tono de solidez con el que terminaron los mercados en 2025, tanto en Europa como en Wall Street. Con el apetito por el riesgo deteriorándose, ¿qué soportes clave no deberían perder los principales índices para evitar un cambio de escenario en este arranque de 2026?
Es cierto que no hemos comenzado 2026 con subidas tan claras como las que vimos en 2025. No obstante, por el momento seguimos dentro de tendencias alcistas en los principales índices, aunque con fases de consolidación en rangos laterales, lo que está dificultando la aparición de movimientos claramente definidos. Si nos centramos en el S&P 500, observamos que en su momento logró romper al alza la zona de los 6.930 puntos tras formar un suelo en el área de los 6.524. Esta ruptura activó un objetivo de medio plazo por superación de un rango lateral. Posteriormente, el índice volvió a situarse dentro de ese rango y actualmente está desarrollando una nueva consolidación más estrecha, entre los 6.770 y los 7.010 puntos. En este contexto, la clave para el S&P 500 es que no pierda la zona de los 6.500 puntos. Mientras se mantenga por encima de ese nivel, lo que estamos viendo es simplemente volatilidad de corto plazo dentro de una consolidación en niveles elevados. La media de largo plazo sigue indicando una tendencia alcista, y el soporte previo a dicha media se sitúa precisamente en esa zona, por lo que mientras no se pierdan esos niveles, la tendencia se mantiene intacta, aunque es un área que conviene vigilar.
En el caso del NASDAQ, que se ha visto más perjudicado recientemente debido a la rotación desde sectores como la tecnología —y especialmente todo lo relacionado con la inteligencia artificial— hacia sectores más vinculados a la economía real, el escenario es similar. El índice se mueve dentro de un rango lateral con soporte en la zona de los 23.780 puntos. Mientras se mantenga por encima de ese nivel, seguirá siendo una fase de consolidación dentro de una tendencia que continúa siendo positiva y alcista.
Si miramos a Europa y tomamos como referencia el EURO STOXX 50, también rompió en su momento un rango y ahora está generando uno nuevo de corto plazo. El primer soporte se sitúa en los 5.810 puntos, aunque el nivel realmente relevante, cuya pérdida supondría un cambio de tendencia más definitivo, estaría en los 5.472 puntos. Por tanto, en Europa los soportes que podrían cambiar el escenario se encuentran, de momento, más alejados que en Estados Unidos.
En cuanto al DAX, el índice alemán rompió al alza un rango lateral y mantiene activado un objetivo técnico por dicha ruptura. Actualmente está consolidando por encima de la anterior resistencia, situada en los 24.780 puntos. El objetivo teórico de medio plazo se encuentra en los 26.630 puntos y mientras el índice se mantenga por encima de los 22.950 puntos, el escenario más probable sería la continuidad hacia la parte alta de esa extensión del rango.
Por último, en el caso del IBEX 35, el índice español también se encuentra consolidando en rango lateral dentro de una tendencia alcista más sólida. Los máximos anteriores que se rompieron se situaban en los 16.850 puntos y, actualmente, está desarrollando una nueva consolidación entre los 17.610 y los 18.270 puntos. El primer soporte a vigilar se encuentra en los 17.270 puntos, mientras que el soporte realmente relevante, cuya pérdida implicaría un cambio de tendencia, está bastante más abajo, en la zona de los 15.740 puntos. Por tanto, la tendencia sigue siendo alcista también en el caso del Ibex 35.
En el Ibex 35 destaca la fortaleza de energéticas como Redeia, Endesa o Naturgy. Desde el punto de vista técnico, ¿qué están diciendo los gráficos? ¿Es un movimiento con continuidad o simplemente un rebote puntual?
Se trata de uno de los sectores hacia los que suele rotar el capital en entornos de incertidumbre, ya sea por factores geopolíticos o por dudas en torno al crecimiento económico. Las utilities tienden a comportarse de forma más estable a nivel de beneficios en estos escenarios, ya que el consumo de energía se mantiene tanto en los hogares como en las empresas, y no se ven tan afectadas como otros sectores de carácter más cíclico. Esta rotación hacia valores defensivos está beneficiando claramente al sector en el contexto actual.
Desde el punto de vista técnico, estamos viendo señales de fortaleza. En el caso de Endesa, es uno de los valores más fuertes del mercado español en estos momentos y ha protagonizado una ruptura al alza de un rango lateral, lo que sugiere que lo más probable es la continuidad del movimiento en las próximas semanas. Iberdrola también muestra una pauta sólida dentro del mercado nacional, superando la zona R2 de los puntos pivote trimestrales, lo que confirma que la fortaleza es clara y que son valores que pueden mantenerse en cartera. En cuanto a Naturgy, tras una corrección en la que llegó a perder la media de 200 sesiones, no se perdió el soporte previo a dicha media y posteriormente el precio la ha recuperado al alza. Desde entonces, el valor está generando una sucesión de mínimos y máximos crecientes. Además, se ha roto al alza la anterior estructura de máximos decrecientes, con un soporte muy cercano en la zona de los 25,77 euros. Esto apunta a que lo más probable es que sigamos viendo movimientos positivos y permite incluso ajustar los niveles de protección desde los precios actuales.
Por todo ello, el comportamiento técnico del sector sugiere que estamos ante movimientos de continuidad más que ante simples rebotes puntuales.
Bitcoin se mueve en la zona de los 68.000 dólares tras una caída cercana al 50% desde máximos y con sentimiento de miedo extremo. Desde el punto de vista técnico, ¿qué señales deberían vigilar los inversores para confirmar si estamos ante un suelo o si el movimiento bajista puede continuar?
Efectivamente, en niveles cercanos a los 68.000 dólares y tras una corrección próxima al 50% desde máximos, estamos ante uno de los peores comienzos de año desde 2015 para Bitcoin. El sentimiento de mercado se encuentra en niveles de miedo extremo y, si observamos los flujos de dinero regulado —especialmente el que entra a través de ETFs—, se aprecia una salida clara de capital tanto en ETFs como en fondos cripto, especialmente en Estados Unidos. Este comportamiento se produce en un entorno de tipos de interés que el mercado descuenta como más altos durante más tiempo; inicialmente se esperaba una primera bajada de tipos en junio, pero esta expectativa se ha ido retrasando al menos hasta julio, al tiempo que comienza a aparecer un mayor temor a una posible recesión. Todo ello está penalizando a los activos de mayor beta y riesgo, como es el caso del bitcoin, provocando salidas de dinero.
Es cierto que, mientras el capital sale de los ETFs, algunas ballenas —los grandes tenedores de bitcoin— han aprovechado las caídas para acumular posiciones. Sin embargo, también estamos viendo ventas con pérdidas por parte de inversores de largo plazo, junto con un mercado de derivados muy cargado de posiciones cortas. En este contexto, la tendencia sigue siendo claramente bajista y son los flujos de los ETFs los que están marcando la pauta.
Desde el punto de vista técnico, el precio de Bitcoin se encuentra formando un triángulo dentro de una tendencia bajista. La pérdida de la zona de los 67.200 dólares sería una señal de continuidad del movimiento correctivo. En gráfico mensual, el bitcoin perdió la media de 10 meses en octubre de 2025 y, desde entonces, se han ido vulnerando distintos soportes. Las siguientes referencias relevantes se sitúan en los 58.800 dólares y, posteriormente, en los 52.632 dólares. Por tanto, si en los próximos días se pierde el nivel de los 67.200 dólares, no sería descartable ver nuevas caídas adicionales en Bitcoin.
¿Cómo pueden los inversores potenciar su cartera en este entorno de mercado?
Una de las alternativas es recurrir a determinados activos o productos que permitan operar con riesgo limitado, como pueden ser las opciones barrera. Este tipo de instrumentos permiten abrir una posición depositando inicialmente una prima, que representa la cantidad máxima que se puede perder. De este modo, si el precio alcanza el nivel de stop o knockout establecido, la pérdida queda limitada a esa prima, mientras que, si el movimiento va a favor de la posición, el potencial de ganancia es ilimitado.
Por ejemplo, en el caso del bitcoin, si consideramos que el activo puede seguir cayendo y creemos que no va a superar en ningún caso la zona de los 71.100 dólares, podríamos buscar una opción barrera con un nivel de knockout cercano a ese nivel, como por ejemplo en los 70.940 dólares, ligeramente por encima de la resistencia previa. A partir de ahí, el inversor puede adaptar el tamaño de la posición al riesgo que desee asumir. Si, por ejemplo, se dispone de una cuenta de inversión de 100.000 euros y se quiere arriesgar un 1% del capital, es decir, 1.000 euros, se puede ajustar el tamaño de la posición para que esa sea la pérdida máxima. En este caso, tomando una posición equivalente a 0,37 bitcoin, el inversor sabe que, si el precio se mueve en contra y se alcanza el nivel de knockout, la pérdida máxima sería esos 1.000 euros. En cambio, si el movimiento va a favor y el bitcoin cae, por ejemplo, hasta los 50.000 dólares, la ganancia podría ser muy superior a la cantidad inicialmente arriesgada, multiplicando el resultado de la operación. De esta forma, es posible optar a rentabilidades amplias con un riesgo perfectamente definido desde el inicio, evitando en todo momento arriesgar más capital del previamente establecido.