Pablo García, director general de Divacons Alphavalue, señala que el escenario geopolítico permanece altamente tensionado, en el que el conflicto en Oriente Medio —con Irán como actor clave— está teniendo un impacto directo sobre los mercados financieros, especialmente a través del encarecimiento del petróleo. La posibilidad de imponer restricciones o tasas al tránsito por el estrecho de Ormuz introduce un elemento de disrupción en el comercio global de crudo, empujando los precios hacia niveles cercanos a los 110 dólares por barril, claramente por encima de los rangos más estables de 80-90 dólares. Este entorno refuerza las expectativas de inflación y aumenta la volatilidad en los mercados.
Ante esta situación, la estrategia de inversión se centra claramente en un enfoque sectorial más que geográfico. Es decir, no importa tanto si las compañías están en Europa o Estados Unidos, sino en qué sectores operan. En este sentido, los grandes beneficiados del entorno actual son los ligados a la energía. Destacan especialmente el sector del petróleo y gas, con compañías como Equinor, BP o Shell, así como empresas de refino como Valero y Phillips 66, que han mostrado un comportamiento muy positivo. Estos valores se benefician directamente de la subida del crudo y de las tensiones en el suministro energético.
Junto a la energía, también se consideran atractivos sectores defensivos como las telecomunicaciones, con ejemplos como Orangee, y un enfoque mixto en utilities (eléctricas), donde compañías como Iberdrola o Naturgy han tenido buen desempeño, aunque con ciertas precauciones en aquellas más expuestas a costes energéticos elevados. Además, el sector defensa aparece como una apuesta estructural a largo plazo, impulsado por el aumento del gasto militar global en un contexto de creciente inestabilidad.
Por el contrario, hay sectores claramente perjudicados en este entorno. Se recomienda evitar aquellos más sensibles al aumento de costes energéticos y a la inflación, como el sector automovilístico, las aerolíneas, el turismo y el sector inmobiliario, este último afectado por la subida de tipos de interés. Especial mención negativa le merece el sector bancario, que aunque en teoría podría beneficiarse de tipos más altos, sufre en un contexto de inflación de costes y posible deterioro económico, con riesgos de mora y menor actividad crediticia.
En cuanto a otros activos, el oro no ha respondido como se esperaba. A pesar de ser considerado refugio en tiempos de incertidumbre, su comportamiento ha sido más débil debido a la fortaleza del dólar, lo que ha limitado su atractivo como cobertura frente a la inflación.
Por último, el sector tecnológico, especialmente en Estados Unidos, se mantiene relativamente sólido. Aunque podría verse afectado por una desaceleración global, su menor exposición directa a los costes energéticos y los avances en eficiencia (como chips de menor consumo) lo posicionan como una apuesta interesante a medio plazo, especialmente en áreas como la inteligencia artificial.