En el contexto actual donde todo parece funcionar puede parecer complicado no perder el foco. La mayoría de carteras están cortadas por el mismo patrón y el camino del éxito futuro estará en quiénes miren más allá y estén dispuestos a adoptar ideas nuevas sin perder ese equilibrio.

En este sentido, y para este momento que vivimos con una gran concentración de los índices en un reducido grupo de grandes compañías tecnológicas, la gestión activa puede aportar un plus y complementar a toda la parte indexada de las carteras. Así lo defiende Pilar García-Germán, Directora Asociada de Ventas de Fidelity International que, además, considera arriesgado no analizar si esas compañías donde hay un peso muy alto de inversión podrán mantener su crecimiento a largo plazo. Debido a esto, desde la gestora consideran esencial analizar si estas compañías van a poder mantener su crecimiento a largo plazo, al tiempo que observan una ampliación progresiva del liderazgo del mercado hacia otros sectores. Y es que, no hay que quedarse ahí, porque señalan que “el desarrollo de la inteligencia artificial está generando oportunidades no solo en tecnología, sino también en áreas como finanzas, salud, energía y software”.

Por todo ello, en un entorno de mayor dispersión, la gestión activa es una oportunidad para el gestor que le permite diversificar, detectar oportunidades más allá de las grandes tecnológicas y gestionar mejor los riesgos, aportando valor a través de una selección más precisa de las inversiones.

Más costes, más exigencias. ¿Cómo evitar carteras clonadas?

Pero no todo es positivo, porque todo el positivismo eleva también el nivel de exigencia; ya que un fondo activo solo justifica su mayor coste si demuestra una ventaja competitiva real, con una cartera diferenciada, un proceso de inversión sólido y capacidad para generar valor de forma consistente a largo plazo. Esto es lo que opina Jesús Borrás, Gestor y Selector de Fondos de Caixabank AM, que señala que “no tiene sentido pagar por gestión activa si el fondo replica en gran medida el comportamiento del mercado”.

Por su parte, Borja Montero de Espinosa, Selector de Fondos de Renta Variable y ETFs de BBVA Quality Funds señala tres factores clave para valorar estos fondos: las comisiones, el horizonte temporal y la categoría de inversión. Y añade que incluso cuando un gestor genera alfa, unos costes elevados pueden reducirlo, mientras que su capacidad debe analizarse con una perspectiva de largo plazo y teniendo en cuenta que no todas las categorías ofrecen las mismas oportunidades para batir al índice. Hay categorías, como Europa o Emergentes, con peers competitivos y donde la gestión activa en promedio aporta valor, pero también otras, como la Global, con promedios peores. A pesar de ello, con una buena selección encontrarnos esos fondos que añaden valor frente a la indexada.

En este sentido, los dos expertos coinciden en que no basta con observar la rentabilidad reciente. Desde BBVA Quality Funds destacan la importancia de comparar cada fondo con estrategias realmente homogéneas para distinguir la habilidad del gestor de un simple sesgo favorable de mercado. Mientras que desde Caixabank AM, por su parte, ponen el foco en analizar de dónde procede la rentabilidad y si esta es coherente con el proceso de inversión que dice seguir el fondo.

Por lo que en este entorno de elevada concentración de los índices donde la diversificación cobra mayor relevancia por la existencia de cartera prácticamente clonadas, Borja Montero de Espinosa apuesta por ofrecer un catálogo de fondos con estrategias con estilos y niveles de diferenciación distintos, mientras que Jesús Borrás subraya también la conveniencia de analizar con detalle el grado de solapamiento entre las distintas carteras. Por ello, la gestión activa debe justificar su papel a través de diferenciación, consistencia, control de costes y una visión de largo plazo.

Oportunidades más allá de la IA tradicional y las grandes tecnológicas

Hay FOMO con la Inteligencia Artificial en las carteras y no falta razón, pero hay que empezar a ser selectivos.

Podemos decir que la IA aún está en una fase temprana de desarrollo y que su impacto aún se puede comparar con el que tuvieron internet o la nube, pero también  hay que tener en cuenta algo que comenta Pilar García-Germán desde Fidelity, y es que “tras una primera etapa dominada por las compañías proveedoras de infraestructura, la oportunidad se desplaza ahora hacia aquellas empresas capaces de convertir toda esa inversión en beneficios reales”.

Ahí es donde cobra mayor importancia la selección y la gestión activa, que va a permitir identificar esas compañías con mayor capacidad para monetizar la IA y que también puedan adaptarse a una evolución tecnológica que todavía está en pleno desarrollo; eso sí, siempre con una perspectiva de largo plazo.

Pero ampliar el foco no pasa solo por buscar esos nuevos ganadores dentro de la propia tecnología. También hay que mirar más allá, incluso de EEUU, especialmente en un contexto de elevada concentración y grandes diferencias de valoración entre regiones. En este sentido, desde Fidelity destacan oportunidades en Europa, Japón y mercados emergentes, donde encuentran compañías con “sólidos fundamentales y múltiplos más atractivos". En Japón, el impulso viene de las reformas de gobierno corporativo; en Europa, de sectores como energía, salud o lujo; y en emergentes, de tendencias como la automatización, la digitalización y la relocalización de las cadenas de suministro.

Borja Montero de Espinosa apunta, en ese marco, a la conveniencia de ofrecer fondos destacados ligados al MSCI World y con objetivo de superarlo con estrategias más alejadas del índice u orientadas a estilos (como value, quality, pequeñas compañías, etc…), a pesar de que en rentabilidad no hayan destacado en los últimos años. Mientras que Jesús Borrás añade otro elemento: “la importancia de contar con gestores capaces de mirar fuera del consenso y decidir, a partir de su propio análisis, dónde están realmente las mejores oportunidades”.

En definitiva, la gestión activa parece jugarse su relevancia en la capacidad de combinar convicción, disciplina, equilibrio y adaptación. Para Jesús Borrás de Caixabank AM, un buen gestor debe ser fiel a su proceso de inversión, pero también ser capaz de revisar sus hipótesis y plantearse ajustes cuando el entorno cambia; Borja Montero de Espinosa de BBVA Quality Funds, insiste en la necesidad de un análisis cuantitativo y cualitativo riguroso que permita entender dónde están las verdaderas ventajas y riesgos de cada fondo; y Pilar García-Germán de Fidelity recuerda que, en un escenario marcado por la IA, la transición energética, la demografía o la fragmentación política, la gestión activa puede servir para identificar oportunidades estructurales de largo plazo. Por lo que más que plantearse como una alternativa excluyente a la gestión pasiva, el reto está en demostrar cuándo, dónde y de qué manera puede aportar un valor diferencial.