El Día Mundial del Alzheimer llega este año en un momento de profunda transformación en el conocimiento y abordaje de esta enfermedad neurodegenerativa. Los avances en el diagnóstico mediante biomarcadores y la llegada de tratamientos capaces de modificar su evolución están abriendo una nueva etapa en la atención a las personas con alzhéimer.

Para el Dr. David Andrés Pérez Martínez, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario La Luz de Madrid, del Grupo Quirónsalud, y presidente de la Fundación Alzhéimer España, esta transformación puede resumirse en una doble revolución: la que se está produciendo en el diagnóstico y la que afecta al tratamiento.

“Estamos viviendo una doble transformación en el alzhéimer: por un lado, podemos identificar con mayor precisión los cambios biológicos asociados a la enfermedad y, por otro, disponemos ya de tratamientos capaces de ralentizar su progresión en determinados pacientes y en fases iniciales”, señala el especialista.

Los biomarcadores acercan un diagnóstico más preciso

Uno de los principales avances de los últimos años se encuentra en el desarrollo de biomarcadores capaces de detectar alteraciones biológicas relacionadas con la enfermedad de alzhéimer. Entre ellos han adquirido especial relevancia los biomarcadores plasmáticos, que permiten obtener información a partir de una extracción de sangre.

La proteína p-tau217 es uno de los marcadores que está despertando mayor interés por su utilidad en la identificación de cambios asociados a la patología de alzhéimer. El reciente marcado CE de una prueba automatizada basada en esta proteína supone un paso relevante para facilitar la incorporación de este tipo de herramientas a la práctica clínica europea.

Sin embargo, los especialistas recuerdan que un biomarcador no sustituye a la valoración médica.

“El desarrollo de los biomarcadores plasmáticos supone un cambio muy importante porque nos permite aproximarnos a la biología de la enfermedad de una manera mucho más accesible. Pero no debemos confundir una prueba de sangre con un diagnóstico aislado: los resultados siempre tienen que interpretarse en el contexto de la evaluación neurológica, cognitiva y clínica del paciente y, cuando sea necesario, junto a otras pruebas complementarias”, explica el Dr. Pérez Martínez.

Esta nueva capacidad diagnóstica puede resultar especialmente relevante a medida que los tratamientos modificadores de la enfermedad se incorporan al arsenal terapéutico, ya que una identificación más precisa de los pacientes y de la fase de la enfermedad permite valorar mejor las distintas opciones.

Terapias antiamiloides: un cambio en el tratamiento

La segunda gran transformación se está produciendo en el ámbito terapéutico. Las terapias antiamiloides autorizadas en la Unión Europea han introducido una nueva estrategia frente al alzhéimer: actuar sobre uno de los mecanismos biológicos relacionados con la enfermedad para ralentizar el deterioro cognitivo y funcional en determinados pacientes en fases iniciales.

Estos tratamientos no son una cura y no permiten recuperar las capacidades que ya se han perdido, pero representan un cambio significativo respecto al abordaje exclusivamente sintomático.

“Por primera vez contamos con tratamientos que no se limitan a aliviar determinados síntomas, sino que actúan sobre un mecanismo biológico de la enfermedad y pueden ralentizar su evolución en pacientes seleccionados. Es un avance muy relevante, pero debemos transmitirlo con rigor: no hablamos de una curación ni de recuperar lo perdido, sino de intentar preservar durante más tiempo las capacidades y la autonomía”, destaca el jefe de Neurología del Hospital Universitario La Luz.

La utilización de estas terapias requiere una selección cuidadosa de los pacientes, teniendo en cuenta criterios clínicos, diagnósticos y de seguridad, así como un seguimiento especializado. Entre las medidas de vigilancia se encuentran las resonancias magnéticas, necesarias para controlar posibles efectos adversos asociados a estos tratamientos.

Más investigación y una intervención cada vez más temprana

Estos avances se producen en paralelo a una intensa actividad investigadora centrada en nuevas dianas biológicas, nuevos tratamientos y estrategias destinadas a intervenir cada vez más temprano en el curso de la enfermedad.
El objetivo es ampliar las alternativas terapéuticas y conseguir beneficios progresivamente mayores para los pacientes y sus familias.

“La esperanza que generan estos avances está fundamentada en la ciencia, pero debe ir acompañada de prudencia. Los nuevos tratamientos tienen que demostrar su eficacia y seguridad y debemos identificar qué pacientes pueden beneficiarse realmente de ellos. El futuro pasa probablemente por diagnosticar e intervenir cada vez antes y de una manera cada vez más personalizada”, apunta el Dr. Pérez Martínez.

La prevención y el cuidado cerebral siguen siendo fundamentales

La innovación terapéutica no desplaza las medidas de prevención y las intervenciones no farmacológicas, que continúan siendo una parte esencial del abordaje integral del alzhéimer.

El ejercicio físico adaptado, la estimulación cognitiva, el mantenimiento de las relaciones sociales y una alimentación saludable basada en un patrón mediterráneo contribuyen al bienestar y al funcionamiento cotidiano. Del mismo modo, el control de factores de riesgo vascular como la hipertensión arterial, la diabetes y el colesterol desempeña un papel importante en el cuidado de la salud cerebral.

“Los avances farmacológicos son una parte muy importante de esta nueva etapa, pero no sustituyen todo lo demás. Cuidar la salud vascular, hacer ejercicio, mantener la actividad cognitiva y social y seguir unos hábitos de vida saludables continúa siendo esencial. El abordaje del alzhéimer tiene que ser integral”, subraya el especialista.

La nueva Unidad de Memoria del Hospital Universitario La Luz integra los avances en la práctica clínica

La nueva Unidad de Memoria del Hospital Universitario La Luz incorpora estos avances a su asistencia mediante un abordaje integral y personalizado de las personas con deterioro cognitivo y enfermedad de alzhéimer.

La unidad combina la evaluación neurológica y neuropsicológica con el empleo de nuevos biomarcadores, incluidos los plasmáticos como la p-tau217, y la valoración de tratamientos antiamiloides en aquellos pacientes que cumplen los criterios de indicación. Estos tratamientos requieren un seguimiento especializado tanto de su eficacia como de su seguridad.

A esta estrategia se suma un programa de neuromodulación mediante corriente continua, recientemente inaugurado, que amplía las posibilidades de intervención dentro de un modelo asistencial multidisciplinar.

“El reto es conseguir que los avances científicos no se queden en el laboratorio, sino que lleguen a la consulta y se traduzcan en decisiones clínicas individualizadas. Queremos ofrecer a cada paciente una evaluación precisa y valorar las opciones disponibles en función de sus características, siempre con el objetivo de preservar su autonomía y su calidad de vida el mayor tiempo posible”, concluye el Dr. Pérez Martínez.

En este nuevo escenario, el Día Mundial del Alzhéimer pone el foco en una enfermedad cuyo abordaje está evolucionando desde una medicina principalmente basada en los síntomas hacia un modelo cada vez más biológico, precoz, personalizado e integral. Una transformación que ofrece nuevas oportunidades para pacientes y familias, al tiempo que mantiene la investigación como pieza clave para conseguir tratamientos más eficaces y seguros.