Antonio Castelo, analista de iBroker, señala la complejidad en la que se mueven ahora mismo los mercados financieros, con la cantidad de escenarios que se han abierto en este apenas medio mes bursátil de 2026. De hecho, destaca que el comienzo de 2026 está marcado por un fuerte aumento de la volatilidad en los mercados financieros, impulsado por una combinación de riesgos geopolíticos e institucionales que elevan la incertidumbre sin llegar todavía a provocar un escenario de pánico.
La intervención de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Maduro han incrementado el ruido político, aunque su impacto directo sobre la economía global es limitado, ya que el país es hoy un actor secundario y su sector petrolero necesitaría al menos cuatro o cinco años y grandes inversiones para volver a ser relevante. Mucho más preocupante es la situación en Irán, donde las protestas, las amenazas sobre bases estadounidenses y el riesgo sobre el estrecho de Ormuz ya se traducen en una prima de riesgo en el precio del crudo y en nuevos máximos en activos refugio como el oro y la plata.
A este contexto se suma un elemento especialmente delicado: la apertura de diligencias contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que introduce un riesgo institucional al cuestionar la independencia de la política monetaria estadounidense. El mercado ha reaccionado con futuros a la baja, un dólar debilitándose y flujos hacia activos refugio. El mensaje es claro: no hay pánico, pero sí más volatilidad y colas de riesgo más amplias, tanto por factores geopolíticos como por la presión política sobre la Fed. A pesar de ello, los índices siguen cerca de máximos y el escenario central continúa siendo el de una desaceleración suave.
Ante este panorama, el foco no debe estar en el titular diario, sino en cómo proteger las carteras. Destaca cuatro claves fundamentales. La primera es reducir la concentración y apostar por una diversificación real, evitando carteras excesivamente expuestas a un solo país, sector o temática como la tecnología. Combinar renta variable de calidad con renta fija sólida y una pequeña posición en activos refugio, como el oro o la plata, aporta estabilidad.
La segunda clave es subir un peldaño en calidad. En bolsa conviene priorizar compañías con balances saneados, baja deuda, fuerte generación de caja y capacidad para fijar precios. En renta fija, es preferible optar por duraciones moderadas y emisores con bajo riesgo de impago, ya que en entornos de tensión el mercado castiga con más dureza los activos de peor calidad.
La tercera consiste en cuidar el riesgo de tipos de interés y de divisa. La incertidumbre sobre la Reserva Federal aconseja no asumir exposiciones excesivas a movimientos bruscos de tipos en Estados Unidos y, para los inversores europeos con posiciones en dólares, valorar la cobertura del riesgo cambiario, incluso mediante derivados utilizados con fines de protección.
Por último, la cuarta clave es mantener algo de liquidez táctica. Aunque la inflación erosiona su valor, disponer de un pequeño margen de maniobra permite aprovechar oportunidades si se producen caídas abruptas.
En cuanto a valores, en la bolsa española subraya las utilities y las infraestructuras como sectores defensivos, con Iberdrola como referente por su estabilidad. En el ámbito industrial, se mencionan Acerinox y ArcelorMittal ante un posible ciclo de reconstrucción de infraestructuras.
Repsol vuelve al foco por Venezuela, ya que el país representa cerca del 15% de sus reservas y mantiene una deuda pendiente de unos 6.000 millones de dólares, aunque persisten dudas sobre la seguridad jurídica y el impacto real en precios del crudo.
Pero Antonio Castelo destaca especialmente un valor del Mercado Continuo. Se trata deTecnicas Reunidas que, a su juicio, se perfila como una opción de crecimiento: cuenta con una cartera de pedidos elevada, valoración todavía moderada y exposición a tendencias como la transición energética, el gas o el hidrógeno, lo que la convierte en un valor atractivo para inversores dispuestos a asumir algo más de riesgo.