Leer el anterior aquí.

Aquí está la primera lección, que una buena cartera no debería necesitar que acertemos qué hará Scott Bessent, la Fed o el bono a treinta años. Eso es imposible.

Podemos estar convencidos de que Estados Unidos tiene un problema fiscal y, aun así, perder mucho dinero apostando contra Estados Unidos.

Una trayectoria fiscal preocupante no nos dice qué hará el S&P 500 el próximo año, cuándo o cuánto caerá el dólar (o si, por el contrario, subirá) o si el bono a treinta años pasará antes por el 6% que por el 4%.

La renta fija: duración sí, pero sabiendo qué estamos comprando

La renta fija vuelve a ofrecer rentabilidades impresionantes. Por un motivo preocupante, pero rentabilidades impresionantes.

La deuda de corto plazo ofrece actualmente una rentabilidad interesante con poca sensibilidad a las variaciones de tipos. Para quien teme inflación persistente o que los tipos largos continúen elevados, tener poca duración reduce el daño si las rentabilidades vuelven a subir.

Tiene, eso sí, el problema inverso: la reinversión.

La deuda larga hace justo lo contrario. Puede sufrir mucho si continúa subiendo la prima exigida a Estados Unidos, pero puede ofrecer importantes ganancias si la inflación cede, llega una recesión y los tipos terminan cayendo.

Renta variable.

Una empresa dispone de fábricas, marcas, patentes, trabajadores, tecnología y capacidad para generar cash flow. Si los precios suben, determinadas compañías pueden trasladar parte del aumento de sus costes al cliente.

Eso convierte a la renta variable en una protección potencial frente a la pérdida de poder adquisitivo a largo plazo, aunque desde luego no sea perfecta.

Una inflación elevada también puede reducir márgenes, elevar los tipos de descuento y castigar con fuerza las valoraciones de las empresas de mayor duración, como las tecnológicas; empresas cuyo valor depende de beneficios esperados dentro de muchos años.

Por tanto, si preocupa un escenario monetario más inflacionista, la cuestión no es Estados Unidos sí o Estados Unidos no, sino qué empresas compramos, qué precio pagamos y cuánto poder de fijación de precios tienen.

Después de todo lo explicado en esta serie, también tiene sentido que el oro aparezca en una cartera diversificada. Los propios bancos centrales parecen pensarlo.  Pero de ahí tampoco se desprende que debamos llenar la cartera de oro. Su función es distinta: diversificar frente a riesgos monetarios, fiscales y geopolíticos que otros activos no cubren igual. Es más seguro pensar en él como un seguro que como el motor de rentabilidad de una cartera.

Bitcoin merece todavía más prudencia. Puede beneficiarse extraordinariamente de una tesis de escasez monetaria, pero su volatilidad hace difícil considerarlo un sustituto del oro. Una posición que puede perder un porcentaje enorme en pocos meses no cumple la misma función defensiva. Lo digo porque últimamente he recibido muchas consultas acerca del Bitcoin. Y no quería dejar de mencionarlo.

Si Estados Unidos consigue crecer, contener la inflación y reducir los tipos sin recesión, renta variable y bonos pueden convivir perfectamente y el problema fiscal puede seguir siendo manejable durante bastante tiempo.

Si la inflación continúa elevada y los tipos largos siguen presionados por la deuda, la renta fija larga tendrá más dificultades y ganarán atractivo los vencimientos cortos, determinados activos reales y el oro.

Si aparece una recesión fuerte, ocurrirá casi lo contrario: caerán probablemente los tipos, la duración recuperará parte de su función defensiva y la renta variable sufrirá más.

Y si llegamos al escenario más delicado de esta serie —dominancia fiscal, tolerancia de mayor inflación y debilitamiento estructural de la moneda—, mantener todo nuestro patrimonio en activos nominales de largo plazo sería especialmente vulnerable.

No sabemos cuál llegará. Precisamente por eso diversificamos.

Podemos dedicar los próximos años a intentar acertar cada movimiento. Ya sabéis que es imposible. O podemos construir una cartera donde haya empresas que generen beneficios, renta fija con diferentes sensibilidades a los tipos, liquidez para aprovechar oportunidades y cierta exposición a activos capaces de comportarse de manera distinta cuando aparece un problema.

Esta serie comenzó preguntándonos qué estaba pasando con el dinero. después de 10 artículo, creo que la conclusión es que necesitamos evitar que una sola decisión de Estados Unidos pueda decidir el futuro de todo nuestro patrimonio.

Eso es diversificar de verdad. Tan simple y tan difícil de entender.