Con la guerra de Irán es un no parar de noticias. Una volatilidad intradía que da miedo. Los mercados caen con fuerza de igual manera que se dan la vuelta. Ahora bien, de fondo sí parece que hay movimientos inflacionistas y eso se refleja en el mercado con el repunte de TIRes. Pero ¿de verdad van los bancos centrales a subir tipos con un incremento de precios derivado de un shock de oferta?

Pues a la vista de lo que piensan los inversores, se confirman los movimientos que vemos en los tipos a largo. En efecto, el mercado cree que van a subir los tipos. Y fijaos en lo rápido que cambian las expectativas desde que comienza la guerra.

Fuente: Carlos Arenas Laorga con datos de Bloomberg

El cierre de rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz está generando presiones inflacionistas. Ante este escenario, los bancos centrales se enfrentan a un dilema. O bien permitir que la inflación se autoalimente o subir los tipos de interés para estabilizar la demanda de dinero, aun a riesgo de provocar una contracción económica o estanflación.

La percepción de los inversores ha pasado del optimismo respecto a la flexibilización monetaria a una preparación para un entorno de tipos altos.

Desde el inicio del conflicto, los rendimientos de los bonos a 10 años han mostrado incrementos fuertes en las principales economías del mundo. En el caso del Reino Unido, el tipo de interés llegó a superar el 5,1%, alcanzando niveles no vistos desde la crisis financiera de 2008.

Y cuidado porque esto que parece que no tiene relación contigo se traduce en incrementos del Euribor y, por tanto, de tu hipoteca. Las empresas harán menos proyectos, se pedirán menos créditos, etc. etc.

La relación entre la guerra en Irán y los tipos de interés es directa. La escasez de energía dispara los precios del petróleo y sus derivados. Al ser la energía un insumo transversal, este incremento encarece el resto de bienes y servicios de la economía. Y los mercados anticipan que los bancos centrales reaccionarán subiendo los tipos a corto plazo para frenar el impacto inflacionista interno.

Ahora bien, aunque el camino es bastante obvio, existe un debate sobre si subir los tipos de interés cuando la inflación no proviene de un exceso de demanda, sino de un shock de oferta, tiene sentido.

De hecho, muchos economistas sostienen que subir tipos en estas circunstancias es contraproducente porque la subida de tipos no hará que el petróleo baje de precio, ya que su escasez se debe a la guerra y no a ninguna política monetaria. Además, al encarecer el crédito, se frena la actividad económica en un momento en que los precios ya son altos, forzando una contracción del PIB junto con inflación persistente. Es decir, estanflación. Pero también hay otros argumentos que no suelo escuchar mucho, en sentido contrario.

Si los agentes económicos esperan una inflación alta, su reacción lógica es reducir su demanda de dinero (deshacerse del efectivo que pierde valor), con lo que se crea lo que se conoce como espiral inflacionista. Una menor demanda de dinero reduce el valor de la moneda, lo que a su vez eleva aún más los precios, creando un ciclo que se autoalimenta. Así, los bancos centrales deberían subir los tipos para incentivar que mantengamos el dinero en el sistema (haciéndolo más atractivo mediante una mayor remuneración).

Si las negociaciones fructifican, el Estrecho de Ormuz podría reabrirse. Esto normalizaría el suministro energético, acotaría las presiones inflacionistas y permitiría que los bancos centrales moderaran su agresividad. Pero si la guerra se prolonga, la subida de tipos será un escenario más que probable.