La idea de burbuja sigue rondando al mundo de la tecnología, cuyas empresas están acometiendo gigantescas inversiones en el nuevo tótem de la inteligencia artificial (IA). Temores que nada tienen que ver con lo ocurrido en el año 2000 cuando Internet se hizo masivo. Ahora hay abundantes beneficios y grandes flujos de caja que las grandes tecnológicas destinan a sus inversiones en la IA. Son tan importantes que, incluso, están moviendo el Producto Interior Bruto (PIB) de Estados Unidos y otros sectores de la economía real, como las infraestructuras, la energía y el agua, necesarios para su funcionamiento.
Pese a los recortes de precios que han sufrido recientemente las Siete Magníficas (Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta, Nvidia y Tesla), las valoraciones siguen siendo elevadas, pero ya se basan en beneficios no como al inicio del milenio. Eso sí, estos años de fuerte crecimiento llevan a un riesgo de concentración ya que el rendimiento del mercado de valores depende de un puñado de gigantes. Además, la evolución de sus beneficios en el segundo semestre marcará el alza global de todos los indicadores estadounidenses. En el S&P 500 tecnología pesa un 38%, pero se incluye a empresas como Amazon y Tesla (que están en consumo discrecional) y Netflix Alphabet y Meta (servicios de comunicación) el peso se dispara hasta el 57%.
Manuel Pinto, analista de XTB resume muy bien los motivos de las recientes caídas de las tecnológicas: “modelos chinos más competitivos, fuga de talento, dudas sobre el negocio del software, una Reserva Federal más restrictiva y la corrección de SpaceX han coincidido para poner a prueba el optimismo del mercado”, explica. En el caso de Space X indica que se había convertido en el principal símbolo del entusiasmo que rodea a la inteligencia artificial, llegando a alcanzar una valoración cercana a los 3 billones de dólares apenas unos días después de su salida a bolsa. “El sentimiento cambió rápidamente después de que la compañía anunciara una emisión de más de 20.000 millones de dólares en bonos con grado de inversión. Aunque la empresa ha señalado que los fondos se destinarán a refinanciar deuda y a fines corporativos generales, algunos inversores interpretaron la operación como una señal de que las ambiciones ligadas a la inteligencia artificial podrían requerir inversiones mucho más elevadas de lo que el mercado había anticipado”, concluye.
Un reciente informe de Goldman Sachs para orientar a los inversores en la segunda mitad del año explica que, las acciones de las Siete Magníficas han registrado en gran medida un rendimiento homogéneo del precio de las acciones. “Sin embargo, ahora están surgiendo importantes puntos de debate que se espera que impulsen la dispersión entre estas empresas. Por ejemplo, se debate si la IA realmente mejora sus negocios principales o acabará canibalizándolos, y si la inversión en IA se justifica por el fortalecimiento del liderazgo de mercado existente o la necesidad de encontrar nuevos mercados”. Y añaden: “Estamos supervisando de cerca los fundamentales corporativos, como el flujo de caja libre y el posible retorno de la inversión, para evaluar la sostenibilidad de su crecimiento e identificar posibles cambios en el liderazgo del mercado”, concluyen.
Claudio Wewel, estratega de divisas en J. Safra Sarasin Sustainable AM apunta que la inteligencia artificial sigue siendo un motor clave del crecimiento en EE.UU., pero unos bancos centrales más restrictivos, un dólar más fuerte y unas valoraciones elevadas en renta variable justifican una exposición selectiva al riesgo”, concluye.
Los analistas de MFS Investment Management explican en un reciente trabajo que la disrupción está redistribuyendo el valor entre los distintos sectores, y beneficia a las empresas que cuentan con datos propios y flujos de trabajo de importancia crítica. La disciplina en materia de valoración es esencial, ya que el entusiasmo puede hacer que los beneficiarios evidentes se coticen por encima de su valor real y que se pasen por alto oportunidades infravaloradas.” Al mismo tiempo, el despliegue del gasto de capital en IA se está extendiendo más allá de los hiperescaladores, una situación de la cual sacan partido los sectores de semiconductores, servicios públicos e infraestructuras eléctricas, así como determinados sectores industriales”, explica.
El peso de la IA en la economía también es relevante para Michel Saugné, director de inversiones de La Financière de l’Échiquier (LFDE). Las acciones estadounidenses se recuperaron con fuerza desde los mínimos registrados a finales de marzo, a medida que el tema de la IA reavivaba el apetito por el riesgo. El protagonismo pasó de las plataformas de gran capitalización a los semiconductores, la memoria y la infraestructura de IA. EE. UU. sigue siendo el motor mundial de los beneficios y de la IA, pero la disciplina en materia de valoraciones se está volviendo fundamental.
Concentración y selección
Respecto a los últimos vaivenes en el sector de los conductores, un reciente análisis de Barclays indica el sector de los semiconductores representa ahora un riesgo macroeconómico concentrado si el sentimiento del mercado cambia. “Las carteras de pedidos están completas hasta bien entrado 2027, las preocupaciones sobre la financiación concedida por los propios proveedores son exageradas y los múltiplos de valoración a futuro siguen siendo razonables. Es posible que llegue un momento en que el despliegue de infraestructuras para la IA supere la demanda, como ocurrió durante la burbuja tecnológica de 2000. Sin embargo, ese ajuste, si finalmente se produce, probablemente sea un problema de 2028, no una preocupación para 2026”, concluyen.
Ignacio Dolz de Espejo, director de soluciones de inversión de Mutuactivos lamenta que los índices globales no estén diversificados “La IA supone una revolución industrial que va a cambiar el mundo y ya está aportando muchísimo impulso a los beneficios empresariales (en 1999 no ganaban dinero) y que las valoraciones hoy son “comprensibles” mientras que entonces eran estratosféricas”, explica. Y añade: Las revoluciones industriales son buenas para la humanidad, pero malas para algunos inversores. Hoy el problema no son los beneficios ni la valoración, es la concentración y los flujos. La gestión pasiva (mucho más relevante hoy que entonces) está haciendo que cuanto mayor es el peso de una compañía en el índice, más dinero reciba. El resultado es un mercado más frágil de lo que parece”, concluye.
Por su parte, el analista independiente Diego Puertas incide en que los “hiperescaladores son la fuente última del capital que alimenta toda la cadena de valor de la IA. Si sus acciones empiezan a sufrir o si reducen el ritmo de inversión, los “cuellos de botella” de la IA podrían dejar de parecer tan atractivos como el mercado descuenta actualmente”. Las empresas hiperescaladoras (GOOG, MSFT, AMZN, META) cotizan a su PER a futuro más bajo desde el lanzamiento de ChatGPT (y con descuento respecto al S&P 500). Y concluye: “las grandes tecnológicas han tenido un buen desempeño este año, pero otras acciones del índice lo han hecho aún mejor: el S&P 500, con ponderación equitativa, está superando al S&P 500 en lo que va del año”.
Recompras comprometidas
“El mercado comienza a valorar que el enorme esfuerzo inversor en inteligencia artificial está modificando su perfil financiero. El aumento del gasto en infraestructuras consume una parte creciente de la generación de caja y reduce la capacidad para seguir sosteniendo las recompras de acciones al ritmo de los últimos años. Este cambio puede tener consecuencias importantes para los mercados. Durante casi dos décadas, las recompras actuaron como un comprador constante de acciones, apoyando las cotizaciones y reduciendo la volatilidad”, explica en una reciente nota el analista de eToro, Javier Molina. Lale Akoner, la analista global de mercados de eToro considera que “las Siete Grandes también están empezando a perder su liderazgo frente al mercado en general, lo que sugiere que los inversores están buscando otras alternativas.
Thomas Mucha, estratega geopolítico en Wellington Management no cree que la IA deba considerarse una burbuja ni que su impacto en la economía esté escrito. Más bien, es probable que se trate de una “fuerza duradera y desigual que está reconfigurando los mercados en un contexto geopolítico en constante evolución y cada vez más fragmentado, así como de un factor disruptivo que seguirá creando oportunidades diferenciadas en el panorama inversor”, explica.
Desde la gestora Edmond de Rothschild, Anthony Toupin, analista senior de investigación se muestra optimista en cuanto a la temática de la Inteligencia Artificial. “los inversores deben ser más selectivos que nunca en el sector del software: evitar las empresas horizontales cuyas funciones sean fácilmente reproducibles y priorizar las plataformas verticales que posean activos propios, cuyos costes de sustitución sean elevados y sean capaces de utilizar la IA como catalizador estratégico en lugar de padecerla como factor de banalización de sus servicios”. Y termina, “la actual divergencia entre semiconductores y programas informáticos refleja menos una oposición coyuntural que una recalificación más profunda de la cadena de valor tecnológico. La IA hará que la discriminación sea mayor, y la asignación indiferenciada en el sector del software y, por extensión, en el sector tecnológico, sea más arriesgada que antes”, explica.