Pablo García, director general de Divacons Alphavalue, destaca la intensidad con la que ha comenzado el año. Un contexto con los principales índices bursátiles se mantienen cerca de máximos, lo que plantea un escenario complejo para los inversores. La política de Donald Trump vuelve a ser uno de los grandes focos de incertidumbre: sus tensiones con países como Canadá, México, Irán o Venezuela, junto con sus críticas abiertas al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, han añadido ruido al mercado. Aunque sus iniciativas, como la imposición de aranceles o algunas medidas energéticas, están encontrando frenos judiciales, la sensación general es que la estabilidad institucional en Estados Unidos atraviesa un momento delicado.
Además se mezcla con una situación macroeconómica paradójica, a decir de Pablo García, quien explica que en Europa, el tercer trimestre cerró con un crecimiento de beneficios del 7,3%, cuando inicialmente se esperaba apenas un 2%. En Estados Unidos, el aumento fue aún más espectacular, del 14,9%.
Sin embargo, las previsiones para el cuarto trimestre vuelven a deteriorarse, especialmente en Europa, donde se espera una caída del 3,9%, frente a un crecimiento más moderado del 8,8% en Estados Unidos. A pesar de ello, el índice europeo Stoxx 600 cotiza en niveles de sobrecompra no vistos en una década y a múltiplos de 15 veces beneficios futuros, claramente por encima de su media histórica.
Otro factor llamativo es que, junto a la subida de la renta variable, también están repuntando activos defensivos como el oro, la plata, el cobre o el aluminio. Esto refleja que los inversores están muy posicionados en bolsa, pero al mismo tiempo buscan protección ante un posible aumento de la volatilidad. La liquidez ha ido claramente hacia la renta variable y hacia los metales preciosos, lo que confirma que el apetito por el riesgo sigue siendo elevado, aunque con ciertas cautelas.
En términos de estrategia de inversión, en su cartera, no se han producido cambios drásticos, pero sí ajustes relevantes. Desde mediados del año pasado empezó a sobreponderar el sector de metales y minería, que había quedado rezagado, con posiciones en compañías como Glencore o Aurubis. Por el contrario, reduce la exposición al sector bancario, no por esperar malos resultados, sino porque las expectativas ya son tan altas que resulta difícil que haya sorpresas positivas; en este entorno, se ha optado por tomar beneficios.
Se mantiene una apuesta clara por los grandes temas estructurales: electrificación, centros de datos, energía y semiconductores, especialmente en Europa, donde algunas compañías habían quedado rezagadas frente al boom de la inteligencia artificial en Estados Unidos. También se han incorporado valores de gran calidad que habían sufrido en meses anteriores, como Hermes . En cambio, se sigue siendo prudente con sectores como consumo y automoción, donde los resultados recientes muestran que la recuperación es todavía frágil.
En tecnología, la visión continúa siendo positiva, pero con un enfoque más selectivo. Alphabet destaca como una de las principales apuestas, reforzada además por su alianza con Apple para integrar el modelo de inteligencia artificial Gemini en Siri. Este movimiento simboliza la capacidad de las grandes tecnológicas para colaborar incluso con antiguos competidores cuando la eficiencia y la innovación lo exigen, y refuerza la idea de que la inteligencia artificial seguirá siendo uno de los grandes motores de los mercados en los próximos años.