El Gobierno ruso se encuentra ultimando una nueva batería de restricciones sobre el mercado energético tras los continuos ataques ucranianos contra infraestructuras petroleras clave del país de los últimos meses.
Entre las medidas, destaca una posible prohibición de las exportaciones de diésel y combustible de aviación, una decisión que supondría un nuevo golpe para el comercio energético internacional y para el equilibrio del mercado europeo.
La iniciativa llega después de varias semanas de ataques con drones de largo alcance dirigidos contra algunas de las refinerías más importantes de Rusia.
El impacto acumulado sobre estas instalaciones ha reducido de forma significativa la capacidad de procesamiento de crudo y amenaza directamente el suministro interno de combustibles.
Las autoridades rusas ya aplican desde abril restricciones a las exportaciones de gasolina, una medida que permanecerá activa al menos hasta finales de julio. Ahora, el Ejecutivo estudia ampliar el control también al diésel y al queroseno para proteger el abastecimiento nacional y evitar tensiones adicionales en los precios internos.
Las refinerías atacadas concentran una parte clave del mercado
Los daños sufridos por las instalaciones energéticas han afectado especialmente a grandes complejos industriales situados en el centro y noroeste de Rusia. Entre las refinerías golpeadas figuran Ryazan, Moscú, Kirishi y NORSI, en Nizhni Nóvgorod.
Estas plantas procesaban alrededor de 238.000 toneladas de petróleo al día, una cifra equivalente a unos 83 millones de toneladas métricas anuales. En términos de producción nacional, representan aproximadamente una cuarta parte del diésel ruso y cerca del 30% de la gasolina del país.
La pérdida parcial de esta capacidad obliga a Moscú a replantear su estrategia energética en un momento especialmente delicado para las finanzas públicas. El petróleo y el gas continúan siendo una de las principales fuentes de ingresos del Estado ruso y generan cerca del 25% de la recaudación federal.
Las sanciones dificultan las reparaciones
Uno de los principales problemas para el Kremlin es la dificultad para reparar las unidades de destilación dañadas. Las sanciones occidentales han limitado el acceso de Rusia a componentes industriales especializados necesarios para restaurar parte de estas infraestructuras.
Las refinerías modernas utilizan sistemas tecnológicos complejos y equipamiento diseñado específicamente para cada instalación. La sustitución de piezas críticas puede prolongarse durante meses, especialmente en un contexto de restricciones comerciales y bloqueo de importaciones tecnológicas.
Hasta ahora, Moscú había utilizado reservas estratégicas para amortiguar interrupciones puntuales en determinadas regiones, pero el volumen de daños acumulado durante los últimos meses ha obligado al Gobierno a valorar medidas mucho más agresivas para controlar el mercado interno.
El viceprimer ministro ruso, Alexander Novak, ya ha mantenido reuniones de emergencia con las principales petroleras del país para estudiar distintos escenarios y preparar posibles limitaciones a las exportaciones energéticas.
El impacto económico se dispara en plena guerra
Los ataques ucranianos contra el sector energético ruso están generando importantes pérdidas económicas para la industria petrolera. Según estimaciones difundidas en Rusia, las compañías del sector habrían perdido alrededor de 13.000 millones de dólares durante 2025 por daños directos y alteraciones logísticas.
A ello se suma el impacto diario sobre las exportaciones y la reducción de beneficios derivados de la caída en la actividad de refino. Algunos cálculos internos apuntan a pérdidas potenciales cercanas a los 100 millones de dólares diarios debido a interrupciones operativas y reducción de ingresos.
Las terminales portuarias del mar Báltico también han sufrido problemas operativos. Infraestructuras estratégicas como Ust-Luga y Primorsk han registrado interrupciones que afectaron a los flujos de exportación de petróleo y derivados.
En algunos momentos, las alteraciones en terminales y refinerías provocaron caídas semanales de hasta 1,75 millones de barriles diarios en los envíos energéticos rusos hacia el exterior.
La producción de refino cae a mínimos recientes
Las consecuencias de los ataques ya se reflejan en los niveles de producción. Durante abril, el volumen medio de procesamiento en las refinerías rusas descendió hasta los 4,69 millones de barriles diarios, uno de los registros más bajos de los últimos meses.
La situación preocupa especialmente porque coincide con un contexto internacional marcado por la volatilidad energética y el encarecimiento del crudo. Cualquier limitación adicional en las exportaciones rusas de diésel podría tensionar todavía más el mercado global, especialmente en Europa y parte de Asia.
Mientras tanto, Ucrania mantiene la presión sobre las infraestructuras energéticas rusas con el objetivo de debilitar la capacidad económica y logística de Moscú en plena guerra de desgaste.