José Luis Cava cuestiona la narrativa mediática sobre el bombardeo israelí a una gran infraestructura de gas en Irán, planteando que no es creíble que se haya producido sin coordinación previa: “¿Creen que Israel ha bombardeado sin contar previamente con la autorización de Donald Trump?”. A partir de ahí, sostiene que el objetivo es forzar a los países del Golfo Pérsico a posicionarse: si entran en la guerra, pierden influencia; si no lo hacen, su economía se debilita. En ambos casos, “Israel sale ganando” y gana peso relativo en la región.
Amplía esta idea señalando que el conflicto no trata realmente de Irán, sino de intereses estratégicos más amplios, vinculados al control de la energía en la “batalla por la inteligencia artificial”. Añade efectos colaterales como escasez de fertilizantes o problemas de suministro en países como India, así como subidas de costes en la agricultura. Según el experto, Estados Unidos estaría presionando a otros países para que compren sus productos y participen indirectamente en el conflicto.
La segunda cuestión gira en torno a la comparecencia de Jerome Powell, destacando que no paraba de repetir “we don’t know”. Esto se interpreta como reconocimiento de una elevada incertidumbre. Ante ese contexto, el autor plantea que los gestores de fondos habrían cubierto sus posiciones mediante derivados, concluyendo que “la guerra se ha descontado” y que podrían darse condiciones para formar un suelo en los mercados. Sin embargo, observa incoherencias: el VIX no supera niveles clave y el S&P 500 se mantiene lateral.
La tercera cuestión analiza el comportamiento del petróleo y del oro. Aunque el precio del crudo sube, el analista interpreta que es un movimiento temporal, apoyándose en la rentabilidad del bono a 10 años, que se frena en niveles de resistencia. Señala que el Brent está más afectado por la crisis del Golfo que el crudo estadounidense, lo que beneficia a las refinerías de EEUU.
Finalmente, destaca la aparente contradicción de que el oro caiga pese al miedo inflacionista. Concluye que el mercado descuenta presiones inflacionarias a corto plazo, pero advierte que el verdadero riesgo es estructural: “la degradación monetaria continúa su curso” debido al elevado déficit y deuda pública estadounidense, lo que a largo plazo favorecería al oro.