La primera aclaración resulta esencial. Value y tecnología no son conceptos opuestos ni pertenecen exactamente a la misma clasificación. Value es un estilo de inversión que agrupa empresas que cotizan a múltiplos bajos en relación con sus beneficios, activos o flujos de caja. Tecnología es un sector. Como se suele decir en español es comparar peras con manzanas. Coches eléctricos vs coches de segunda mano. Bueno, los eléctricos podrían ser de segunda mano, poco tiene que ver.
Aunque buena parte de la tecnología suele encajar en el universo growth, ambas clasificaciones pueden solaparse y, sobre todo, pueden subir simultáneamente por razones diferentes. Recuerdo todavía en las caídas de 2022 cómo un gestor de un fondo value me decía que había introducido Tesla en la cartera…
Las materias primas encabezan con un 28,44% en el año. El US value avanza un 22,64%, las pequeñas compañías estadounidenses un 21,63% y la renta variable emergente un 19,33%. Pero el Nasdaq 100 también gana un 16,62%. No estamos, por tanto, ante una huida general de la tecnología, sino ante un mercado que ha dejado de depender exclusivamente de unas pocas megacapitalizadas.
Además, el movimiento presenta una amplitud poco habitual. El 76% de los activos recogidos en la primera tabla está en positivo en el año y el porcentaje asciende al 90% cuando se observa la rentabilidad a 12 meses. Eso no significa que todo vaya bien ni que el riesgo haya desaparecido. Significa que existen varios motores funcionando: inversión tecnológica, beneficios empresariales, materias primas, reconstrucción de cadenas de suministro y recuperación de segmentos que habían quedado rezagados.
Fuente: Carlos Arenas Laorga, datos de Morningstar
Fijaos en la enorme distancia existente entre los ganadores y los perdedores. Mientras las materias primas, el value, las pequeñas compañías y los emergentes avanzan con fuerza, el efectivo estadounidense apenas ofrece un 2,12%, el High Yield gana un 1,94% y los bonos de mayor calidad se mueven alrededor de cero. La deuda pública estadounidense a largo plazo pierde un 2,88% en 2026 y acumula una caída del 6,9% desde 2015.
La renta fija está recordando así una lección que muchos inversores aprendieron dolorosamente en 2022. Un bono no deja de tener riesgo por llamarse conservador. Cuando las rentabilidades exigidas por el mercado permanecen elevadas, los títulos con mayor duración sufren. De hecho, en breve hablaremos de lo que está sucediendo con la deuda americana.
La segunda tabla que os pongo permite afinar más el diagnóstico. Tecnología sube un 33,18% y encabeza la clasificación sectorial, pero las 7 magníficas apenas avanzan un 3,62%. La tecnología continúa funcionando, aunque el impulso ya no procede del mismo puñado de compañías. El mercado está discriminando más entre empresas, modelos de negocio y partes de la cadena así como una mayor dispersión entre semiconductores, software, plataformas y regiones, una señal de que los inversores están prestando más atención a los fundamentales de cada compañía.
Fuente: Carlos Arenas Laorga, datos de Morningstar
Las pequeñas compañías estadounidenses ganan alrededor de nueve puntos más que el S&P 500, equiponderado también.
También conviene observar el efecto divisa. La depreciación aproximada del euro frente al dólar durante el año ha añadido un poco de rentabilidad a quien invierte desde Europa sin cubrir la divisa. Es una ayuda, pero puede funcionar en sentido contrario como hizo de forma brusca al año pasado, aunque ya decíamos que esto te da y te quita…
La inteligencia artificial está dejando de ser una historia digital y se extiende hacia la electricidad, la conectividad, los equipos y otros cuellos de botella de la economía real.
Pero ojo, que tecnología, petróleo o pequeñas compañías estén arriba no significa que sean las mejores inversiones de hoy. Esto es solo para mostrar qué riesgos hemos asumido, dónde se ha concentrado la rentabilidad y qué partes de nuestra cartera han quedado descompensadas.
2026 está siendo menos el año de una gran rotación que el de una gran ampliación. Siguen ganando compañías capaces de crecer, pero también aquellas que producen energía, controlan activos físicos, se benefician de la inversión industrial o cotizaban con valoraciones más razonables. No hace falta elegir entre value y tecnología como si fueran excluyentes. Hace falta entender qué aporta cada uno, cuánto estamos pagando y qué ocurriría si el mercado decidiera rotar otra vez.