Cada trimestre echo un vistazo a las rentabilidades de las principales clases de activo. No para sacar conclusiones inmediatas, sino para monitorizar. Y viene muy bien para saber qué sucede en los mercados. Esta vez los datos tienen mucha más chicha de lo habitual.

Rentabilidad (%) de las principales clases de activo

Fuente: Carlos Arenas Laorga

Las materias primas llevan esa rentabilidad del +38,6% YTD. Detrás hay una combinación de factores que ya conocemos: tensiones geopolíticas, dólar debilitado, reactivación industrial en mercados emergentes y la inflación amenazante, claro.

Justo detrás, los mercados emergentes con un +23,6%. A un año, la cosa es todavía más llamativa: +55,3%. Quien apostó por emergentes el año pasado —ya estábamos positivos— está más que contento hoy. Los emergentes llevan años castigados por el dólar fuerte, los tipos altos y la geopolítica. Ahora todas esas variables están girando, y el rebote está siendo considerable.

El Nasdaq 100, el índice tecnológico, no se queda tan mal como el run run del mercado parecía presagiar con la IA: +17,33% en el año, con un impresionante +24,64% en el último mes. La tecnología americana no está muerta ni de lejos.

El oro aguanta bien: +8,55% en el año, +39,5% en los últimos doce meses. El mercado lo sigue premiando como refugio cuando las cosas se complican. Su rentabilidad acumulada desde 2015 ya supera el 233%, anualizado un 11,6%. Nada mal para el metal aburrido.

Y ahora viene la sorpresa —o quizá no tanto—. El Bitcoin sigue en negativo: -8,86% en lo que llevamos de año. A un año, -14%. Acumulado desde 2015, más de 27.000%. Pero quien compró en el pico de 2024 o en 2025 no está riéndose precisamente. Y son muchas personas. El Bitcoin es el activo de mayor volatilidad de la tabla, pero también el de mayor rentabilidad acumulada, el de mayor pérdida en los peores años, y el peor activo YTD en 2026. No hay ningún otro activo con esas dos caras tan extremas.

En el lado contrario del podio de 2026 están los bonos de largo plazo americanos con -1,18% en el año. Para quien lleva siguiendo estos artículos, no es ninguna novedad. Los bonos largos americanos son el activo que más ha sufrido en los últimos años —cayeron un 31,4% en 2022 y acumulan una rentabilidad anualizada negativa del -0,7% desde 2015—. Quien esté esperando que los tipos bajen con fuerza para que esto se reactive, que tenga paciencia. Mucha.

Un dato que me parece muy relevante y que pocas veces se menciona es que el 95% de los activos de la tabla están en positivo a un año y a cinco años. El 90% lo está incluso en los últimos seis meses. Esto nos dice que, el que ha estado invertido —en prácticamente cualquier activo razonable— ha ganado bastante dinero en los últimos años. El que ha estado esperando el momento perfecto para entrar, ha perdido rentabilidad. Una vez más, el market timing demuestra ser un juego de perdedores. Para fondos o activos a largo plazo, por lo menos.

Desde 2015, el S&P 500 acumula un +300% —un 13,4% anualizado—. Las acciones growth americanas un +448%. El Nasdaq, un +547%. Quien lleva invertido diez años en renta variable americana que os cuente lo que ha ganado estando solo invertido, sin hacer mucho más.

Quien tiene su dinero en activos —acciones, fondos de renta variable, oro, incluso materias primas— lleva años batiendo ampliamente a la inflación. Quien lo tiene en cuenta corriente o en depósitos ha visto cómo su poder adquisitivo se erosiona año tras año. Los datos de esta tabla no son un anuncio publicitario de la renta variable. Son simplemente la realidad de lo que ha pasado. Y la realidad, como siempre, es el mejor argumento.