Podgorica quiere culminar la parte técnica del proceso y convertir 2028 en una fecha histórica: ser el Estado número 28 de la UE en el año 28.

Una economía pequeña y fácilmente integrable

Montenegro cuenta con poco más de 600.000 habitantes. Su reducido tamaño juega, en cierta medida, a favor de la integración. El impacto presupuestario de incorporar al país sería limitado si se compara con futuras adhesiones de Estados con decenas de millones de habitantes.

La economía montenegrina ronda los 8.000 millones de euros de PIB y representa una fracción mínima del conjunto comunitario. Para Bruselas, absorber un mercado de estas dimensiones supone un esfuerzo financiero manejable, incluso teniendo en cuenta las ayudas regionales, agrícolas y de modernización que recibiría el país.

Existe otra particularidad importante: Montenegro utiliza el euro desde 2002, aunque no pertenece a la eurozona ni participa en las decisiones del Banco Central Europeo. Por tanto, empresas y ciudadanos ya están habituados a operar con la moneda común.

No existe riesgo de cambio en las operaciones realizadas con socios europeos, un elemento que simplifica las relaciones comerciales.

El turismo es el gran motor de Montenegro

El turismo tiene un peso extraordinario en la economía nacional. Dependiendo del indicador utilizado y de los efectos indirectos, la actividad turística puede representar alrededor de una cuarta parte del PIB. La costa del Adriático, con destinos como Budva, Kotor o Herceg Novi, concentra buena parte de las inversiones.

La entrada en la UE podría acelerar la llegada de capital europeo para hoteles, infraestructuras, puertos deportivos y proyectos inmobiliarios. También facilitaría la movilidad laboral y la conexión del sector turístico montenegrino con grandes operadores comunitarios.

Sin embargo, esta dependencia supone un riesgo. Una mala temporada, una crisis internacional o una caída del consumo turístico europeo puede afectar rápidamente al crecimiento.

Montenegro necesita ampliar su base productiva y desarrollar actividades vinculadas a la energía, los servicios digitales, la logística y la industria.

Más comercio e inversión europea

La Unión Europea ya es el principal socio económico de Montenegro. Una parte mayoritaria de sus intercambios comerciales está vinculada al mercado comunitario, mientras que numerosos inversores proceden de países de la UE.

La adhesión eliminaría incertidumbres regulatorias y obligaría a consolidar normas comunes en competencia, contratación pública, fiscalidad y protección del consumidor. Para una empresa alemana, francesa, italiana o española, invertir en un Estado miembro ofrece un marco jurídico más reconocible.

Montenegro también podría acceder plenamente a los fondos estructurales y de cohesión. Carreteras, redes ferroviarias, tratamiento de aguas, digitalización y transición energética serían algunos de los sectores beneficiados.

Para un país pequeño, varios cientos de millones de euros movilizados durante un periodo presupuestario pueden tener un efecto considerable sobre su economía.

El problema de los salarios y la emigración juvenil

El PIB por habitante de Montenegro continúa muy alejado de la media de la Unión Europea. Los salarios también muestran una brecha importante respecto a Europa occidental, una diferencia que alimenta la salida de trabajadores jóvenes y cualificados.

La adhesión puede aumentar la inversión y la productividad, pero también acelerar inicialmente la emigración. Bulgaria, Rumanía o Croacia ya vivieron procesos similares después de incorporarse al club comunitario.

El desafío de Podgorica será transformar la integración en empleos mejor remunerados dentro del país. Mejorar las instituciones, reforzar la seguridad jurídica y reducir las desigualdades será tan importante como cerrar capítulos técnicos de negociación.

Montenegro, un pequeño laboratorio para la ampliación

Para la UE, Montenegro es una prueba relativamente asumible. Su población es inferior a la de muchas regiones europeas, utiliza el euro y lleva catorce años negociando su adhesión. Además, su entrada enviaría una señal económica y política al resto de los Balcanes.

El objetivo de 2028 todavía exige completar reformas y lograr el respaldo individual de los 27 Estados miembros. Pero la economía explica buena parte del renovado interés.

Integrar Montenegro supondría ampliar el mercado único en el Adriático, reforzar las inversiones europeas y demostrar que la larga espera de los países candidatos puede terminar teniendo una fecha concreta.