Por eso, la advertencia lanzada a finales de enero por MSCI sobre una posible degradación de Indonesia ha provocado un fuerte ajuste bursátil y ha reavivado debates estructurales que llevaban años latentes en el país.
La posibilidad de que Indonesia deje de ser considerada mercado emergente refleja dudas persistentes sobre la calidad de su gobernanza corporativa, la equidad en el funcionamiento de sus mercados financieros y la transparencia en la estructura de propiedad de las empresas cotizadas.
Son factores que, en el actual entorno global, pesan tanto como el crecimiento económico.
Qué implica el estatus de mercado emergente
La clasificación de mercado emergente forma parte de un sistema utilizado por grandes proveedores de índices para ordenar los países según el tamaño, la accesibilidad y el grado de madurez de sus mercados financieros.
Se trata de una categoría intermedia entre los mercados frontera y los desarrollados, que reconoce un mayor nivel de sofisticación económica, pero también la existencia de riesgos adicionales frente a las economías avanzadas.
Este estatus es clave porque numerosos fondos replican de forma automática los índices de referencia.
Cuando un país pierde esa etiqueta y pasa a considerarse frontera, muchos gestores se ven obligados a reducir o eliminar su exposición. El resultado suele ser una salida sostenida de capital extranjero, con efectos directos sobre la bolsa, la moneda y las condiciones de financiación del sector público y privado.
El valor estratégico de la etiqueta para Indonesia
Indonesia ha formado parte del universo de mercados emergentes desde finales de los años ochenta, cuando se lanzó uno de los primeros índices de esta categoría.
Desde entonces, esa inclusión ha actuado como un ancla para la inversión internacional, incluso en periodos de fuerte volatilidad global. El país logró construir el mayor mercado de renta variable del sudeste asiático y consolidarse como un destino recurrente para los flujos de capital regionales.
Durante crisis como la financiera asiática, el auge de las materias primas, la pandemia y la posterior recuperación, la condición de mercado emergente ayudó a mantener a Indonesia dentro del radar de los grandes inversores. Esa visibilidad ha sido un factor relevante para financiar infraestructuras, atraer inversión extranjera directa y sostener el crecimiento a largo plazo.
El impacto potencial de una degradación
Si Indonesia pasara a la categoría de mercado frontera, entraría en un grupo caracterizado por flujos de capital más reducidos y volátiles. Muchos grandes fondos tienen restricciones explícitas para invertir en este tipo de mercados, lo que obligaría a ventas automáticas de acciones indonesias.
En escenarios extremos, analistas de Goldman Sachs estiman que las salidas pasivas podrían alcanzar decenas de miles de millones de dólares.
Una retirada de capital de esa magnitud presionaría a la rupia, encarecería la financiación y aumentaría la dependencia del ahorro interno y de fuentes oficiales.
A medio plazo, esto podría traducirse en menor inversión, ralentización del crecimiento y una creación de empleo más débil. Además, reduciría el peso del sudeste asiático en las carteras globales, desviando capital hacia economías como China, India o Corea del Sur.
Gobernanza y estructura del mercado bajo escrutinio
El núcleo de las preocupaciones expresadas por MSCI se centra en la transparencia y el funcionamiento del mercado bursátil indonesio. Uno de los puntos más sensibles es el bajo nivel de acciones disponibles para negociación pública.
Muchas compañías están controladas por familias, fundadores o conglomerados, lo que limita la proporción de títulos en manos de inversores externos.
Un free float reducido tiende a amplificar la volatilidad, dificulta la entrada y salida de grandes inversores institucionales y puede crear un entorno propicio para prácticas de mercado poco transparentes. Aunque no existe un umbral mínimo obligatorio para clasificar a un país, estos factores influyen en la evaluación global de accesibilidad y protección del inversor.
La respuesta de las autoridades indonesias
Tras la advertencia, los reguladores anunciaron medidas para elevar el free float mínimo y reforzar la participación institucional en la bolsa.
Entre las iniciativas se incluye el papel potencial del nuevo fondo soberano del país como inversor a largo plazo, así como cambios normativos para permitir que aseguradoras y fondos de pensiones incrementen su exposición a renta variable.
Estas acciones buscan estabilizar el mercado y enviar una señal de compromiso con los estándares internacionales. Sin embargo, los inversores evalúan no solo las normas escritas, sino su aplicación efectiva y la coherencia de la política económica en el tiempo.
Un contexto macroeconómico más frágil
Las tensiones en los mercados llegan en un momento complejo para la economía indonesia. El crecimiento muestra signos de desaceleración, el déficit presupuestario se ha ampliado bajo el nuevo gobierno y existen dudas sobre la independencia del banco central.
La participación directa de la autoridad monetaria en la financiación de programas públicos y decisiones controvertidas en su cúpula han generado inquietud entre los analistas.
A ello se suma un entorno internacional adverso, marcado por tensiones comerciales y una menor inversión extranjera. Incluso antes de la advertencia de MSCI, muchos inversores ya estaban reduciendo exposición a Indonesia por valoraciones elevadas, riesgos políticos y una mayor incertidumbre regulatoria.