Renta Fija

Es cierto que, en las últimas 14 elecciones de mitad de legislatura celebradas desde 1970, los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años bajaron durante los tres meses siguientes en los ocho mandatos de presidentes republicanos en el cargo, mientras que los rendimientos solo bajaron en cuatro de las seis ocasiones en las que el presidente era demócrata (Gráfico 3). 

Sin embargo, probablemente se trate de una coincidencia. Las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense están estrechamente vinculadas al ciclo económico y a la política monetaria de la Fed (Gráfico 4). Históricamente, las elecciones de mitad de mandato han coincidido con distintas fases del ciclo económico y con diferentes regímenes de inflación, que no necesariamente guardaban relación con la afiliación política del presidente en ejercicio ni con las mayorías existentes en el Senado y la Cámara de Representantes (Gráfico 5). 

Además, los últimos 40-45 años han estado caracterizados por un entorno de descenso estructural de las rentabilidades. Actualmente, el continuo despliegue de inversiones vinculadas a la inteligencia artificial está aportando un importante impulso cíclico a la economía estadounidense a pesar del fuerte aumento de los tipos de interés. Como consecuencia, la Reserva Federal ha reanudado su ciclo de endurecimiento monetario con el objetivo de contener las presiones inflacionistas. 

Es poco probable que el resultado de las elecciones de mitad de mandato afecte de forma significativa a estas dinámicas en el corto plazo. No obstante, un cambio en las mayorías del Senado y/o de la Cámara de Representantes puede influir en políticas clave de una administración en ejercicio. En consecuencia, puede afectar a la percepción de los agentes económicos sobre las perspectivas futuras de la economía y, por tanto, influir marginalmente en el comportamiento de los mercados financieros. 

Este escenario limitaría la capacidad de aprobar nueva legislación y probablemente se traduciría en un menor estímulo fiscal adicional que en un escenario de victoria republicana, aunque los demócratas conservarían cierta capacidad de influencia para proteger los programas de gasto doméstico y defender la financiación sanitaria. Las disposiciones fiscales vigentes y el gasto obligatorio se mantendrían sin cambios. Cualquier acuerdo de compromiso que combine las prioridades republicanas con las demandas demócratas de gasto interno podría seguir incrementando el endeudamiento total. En consecuencia, la consolidación fiscal no sería una prioridad. 

Las demandas de una mayor regulación de la inteligencia artificial ganarían intensidad, aunque las propuestas más concretas defendidas por los demócratas tendrían escasas probabilidades de ser aprobadas. Es poco probable que el impulso económico se vea afectado de forma significativa. 

Desde la perspectiva de mercado, este resultado sería previsiblemente algo más favorable para los bonos del Tesoro a largo plazo que un escenario de victoria republicana, aunque seguiría existiendo el riesgo de un aumento de las primas por plazo. Por su parte, los diferenciales de crédito probablemente se moverían de forma lateral.

Una victoria demócrata impondría restricciones aún mayores a la agenda de la Administración actual que un escenario de Congreso dividido. Además, el control del Senado otorgaría a los demócratas una capacidad de influencia más significativa sobre los nombramientos para cargos clave, lo que contribuiría a salvaguardar la independencia de la Fed. La presión a favor de una mayor regulación de la inteligencia artificial sería máxima bajo este escenario, aunque su implementación estaría limitada por el poder de veto presidencial y por los requisitos de votación en el Senado. En términos generales, este desenlace presentaría el mayor potencial para generar bloqueo institucional (policy gridlock) y, por tanto, tendería a preservar el statu quo, salvo por algunas medidas adicionales fruto de la negociación. Este escenario sería probablemente el más favorable, en términos relativos, para los bonos del Tesoro estadounidense de largo plazo, ya que supondría cierto freno para el crecimiento económico y podría reducir parte de la prima de riesgo incorporada en los bonos del Tesoro a largo plazo. Dicho esto, el problema fiscal estructural seguiría sin resolverse. Es previsible que los diferenciales de crédito evolucionen de forma lateral. 

Una victoria republicana ofrecería el mayor margen para ampliar los incentivos fiscales, aumentar el gasto en defensa y control fronterizo, así como impulsar determinados recortes del gasto doméstico, incluidas aquellas medidas susceptibles de aprobarse mediante el procedimiento de reconciliación presupuestaria, al tiempo que daría lugar a una regulación limitada de la inteligencia artificial. La consolidación fiscal volvería a no ser una prioridad y es probable que la independencia de la Fed se viera cuestionada de manera recurrente. Como consecuencia, la presión alcista sobre las rentabilidades de los bonos sería más pronunciada, con un probable aumento de las primas por plazo (term premiums). Al menos en una fase inicial, el crédito seguiría mostrando un comportamiento favorable, ya que las políticas que impulsan el crecimiento nominal resultan positivas para los perfiles crediticios corporativos. Sin embargo, unos tipos de interés reales más elevados acabarían configurando un entorno menos favorable para el crédito, especialmente para los emisores situados en los segmentos de menor calidad dentro del espectro crediticio. 

En cualquiera de los escenarios electorales, es probable que el impacto a corto plazo sobre el ciclo económico, la política monetaria de la Fed y, por tanto, sobre las rentabilidades de los bonos sea relativamente limitado. Asimismo, la consolidación fiscal no parece probable bajo ninguno de los posibles resultados. No obstante, los mercados analizarán detenidamente el desenlace electoral en busca de posibles cambios en las políticas económicas a medio plazo que puedan influir de forma marginal en la evolución de los tipos de interés: 

(1) Una victoria republicana en ambas cámaras probablemente generaría una presión alcista más intensa sobre las rentabilidades de los bonos, ya que las primas por plazo (term premia) tenderían a aumentar aún más. 

(2) Un Congreso dividido, con los demócratas recuperando el control de la Cámara de Representantes, tendría un impacto en gran medida neutral para los mercados de renta fija. 

(3) Una victoria demócrata en ambas cámaras sería probablemente el escenario más favorable para los bonos, al ser el que presenta un mayor potencial de bloqueo institucional (political gridlock) y, previsiblemente, el mayor freno para el crecimiento económico. 

Divisas (FX) 

Las próximas elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos podrían convertirse en una prueba importante de la confianza de los inversores en la formulación de políticas públicas del país. Para el dólar, una cuestión clave será determinar si la composición del próximo Congreso modifica la trayectoria de crecimiento mediante cambios en la política fiscal, las relaciones comerciales y la inversión vinculada a la inteligencia artificial. Sin embargo, el resultado electoral también podría desencadenar una reevaluación de las primas de riesgo asociadas a la incertidumbre sobre la política económica estadounidense. 

Si los demócratas logran el control de ambas cámaras, ello limitaría la agenda legislativa de la Administración Trump y reforzaría la supervisión ejercida por el Congreso. Aunque este escenario podría moderar el impulso fiscal, también contribuiría previsiblemente a fortalecer la confianza en las instituciones estadounidenses, reduciendo las primas de riesgo político actualmente incorporadas tanto en las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense a largo plazo como en el dólar. 

Junto con la solidez del crecimiento impulsado por la inteligencia artificial, las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda pública estadounidense han sido uno de los principales factores que han impulsado al alza las rentabilidades de los bonos del Tesoro de largo plazo durante el verano. Como consecuencia, la correlación históricamente positiva entre las rentabilidades de largo plazo de Estados Unidos y el dólar se ha roto durante los últimos tres meses, una situación que esperaríamos que se revirtiera en caso de una “Blue Sweep” (Gráfico 6). 

Asimismo, las preocupaciones en torno a la independencia política de la Reserva Federal deberían disminuir a medida que los demócratas adquieran capacidad de influencia sobre la confirmación de futuros nombramientos en el banco central. En el lado opuesto, esperamos que una política de gasto fiscal más contenida y una posible desaceleración en la construcción de centros de datos reduzcan parte del impulso del crecimiento económico, lo que podría compensar parcialmente los factores de apoyo para el dólar. 

Si bien el bloqueo institucional (political gridlock) suele asociarse tradicionalmente con una mayor previsibilidad de las políticas públicas, la evidencia histórica sugiere que sus implicaciones para el dólar son ambiguas (Gráfico 7). Un Congreso dividido seguiría limitando la capacidad de la Administración para implementar nuevos recortes fiscales y programas adicionales de gasto, reduciendo las preocupaciones en torno a la sostenibilidad de las finanzas públicas estadounidenses. 

Al igual que en el escenario de «Blue Sweep», un menor estímulo fiscal adicional debería moderar, en términos relativos, el crecimiento de Estados Unidos, reduciendo la ventaja de tipos de interés del dólar frente a otras divisas. Es probable que este efecto compense el impacto positivo derivado de una mejora en la sostenibilidad fiscal. Cabe señalar que la Administración Trump conservaría amplias competencias ejecutivas en ámbitos como la inmigración y la política comercial, limitando la medida en que un cambio en el control del Congreso pueda traducirse en un entorno político significativamente más predecible. 

Gráfico 7: los resultados tras las elecciones de medio mandato son dispares 

Una “Red Sweep”, es decir, la continuidad del control republicano de ambas cámaras, preservaría la capacidad de la Administración para avanzar con su agenda legislativa. Un estímulo fiscal adicional podría impulsar la demanda interna y ampliar los diferenciales de tipos de interés entre Estados Unidos y otras áreas monetarias, lo que favorecería al dólar. Sin embargo, la persistencia de elevados déficits fiscales y el aumento de las emisiones de deuda del Tesoro probablemente intensificarían las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda federal estadounidense. En este sentido, es importante señalar que unas mayores rentabilidades de los bonos del Tesoro no se traducen necesariamente en una moneda más fuerte si reflejan principalmente un aumento de las expectativas de inflación o una mayor prima de riesgo fiscal, en lugar de una mejora de las perspectivas de crecimiento. 

A principios de esta semana, el presidente de la Fed de Chicago, Goolsbee, subrayó que una relajación monetaria orientada a reducir los costes de financiación del Gobierno acabaría elevando las expectativas de inflación y los costes de endeudamiento a largo plazo. Asimismo, esperamos que las presiones políticas sobre la Fed persistan en caso de una “Red Sweep”. 

En nuestra opinión, el resultado de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos probablemente influirá en la evolución del dólar principalmente a través de la valoración que hagan los inversores del equilibrio entre el crecimiento relativo de Estados Unidos frente al resto del mundo, los diferenciales de tipos de interés y las primas de riesgo asociadas a la incertidumbre política (Gráficos 8 y 9). Una “Blue Sweep” o un Congreso dividido deberían reducir determinados riesgos fiscales e institucionales, aunque a costa de un menor impulso para el crecimiento estadounidense. 

Por el contrario, la continuidad del control republicano de ambas cámaras probablemente respaldaría al dólar mediante una mayor fortaleza de la demanda interna, si bien las preocupaciones relacionadas con la sostenibilidad fiscal tenderían a intensificarse. 

En consecuencia, consideramos que las elecciones deben interpretarse principalmente como un posible catalizador para una reevaluación de la prima de incertidumbre política actualmente incorporada en el dólar. No obstante, la evolución de la divisa a medio plazo seguirá dependiendo en gran medida del contexto macroeconómico subyacente y de la trayectoria futura de los tipos de interés oficiales fijados por la Fed. 

Renta variable 

Históricamente, las elecciones de mitad de mandato han tenido una influencia limitada sobre los mercados de renta variable. En todo caso, el comportamiento de las bolsas tendía a verse algo penalizado por la elevada incertidumbre previa a la votación, seguida de ganancias sólidas una vez constituido el nuevo Congreso. En promedio, durante los últimos 50 años, el S&P 500 avanzó alrededor de un 5% en los doce meses previos a unas elecciones de mitad de mandato. Posteriormente, registró una subida media del 13% en los doce meses siguientes (Gráfico 10). 

Analizando con mayor detalle los distintos años electorales desde 1978, resulta igualmente interesante observar que, salvo en una ocasión, los mercados de renta variable obtuvieron rentabilidades positivas durante los tres meses posteriores a las elecciones de mitad de mandato (Gráfico 11). La dirección seguida por los mercados antes de las elecciones no desempeñó un papel especialmente relevante, ya que en la mayoría de los casos las bolsas registraron avances tras los comicios con independencia de su evolución en los meses previos. 

Tres años electorales registraron ganancias más intensas antes de las elecciones que las observadas en 2026. Los tres casos también estuvieron seguidos de avances sólidos después de las elecciones, sin que se produjera una ruptura del impulso alcista del mercado. Consideramos que este comportamiento respalda nuestra visión de que los mercados de renta variable aún presentan potencial de revalorización de cara al cierre del año. 

Gráfico 10: evolución del S&P 500 antes y después de las elecciones de mitad de legislatura 

Si se tiene en cuenta el resultado de las elecciones, emergen dos patrones. El primero es que un Congreso controlado de forma unificada por los demócratas ha sido, en promedio, el escenario más favorable para el comportamiento del S&P 500. En estos casos, el índice registró una subida media del 8,8% durante los tres meses posteriores a las elecciones. Por el contrario, cuando ambas cámaras del Congreso quedaron bajo control republicano, el S&P 500 avanzó tan solo un 3,6% de media. En los escenarios de Congreso dividido, la ganancia media durante los tres meses posteriores a las elecciones fue del 6,6% a lo largo de los últimos 50 años. Por tanto, al menos desde una perspectiva empírica, no existe motivo para considerar un Congreso dominado por los demócratas como un escenario negativo para los mercados de renta variable. 

El segundo hallazgo es que un gobierno dividido, con el Congreso controlado por un partido y la Casa Blanca por otro, ha sido históricamente el escenario más favorable para los mercados de renta variable, mientras que un Congreso dividido entre ambas cámaras ha constituido el segundo mejor resultado para las bolsas. El primero generó una rentabilidad media del 8,7% durante los tres meses posteriores a las elecciones, mientras que el segundo registró una ganancia media del 6,6% (Gráfico 12). Por el contrario, un gobierno unificado, en el que un mismo partido controla simultáneamente la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso, ha estado asociado, en promedio, a ligeras pérdidas tras las elecciones. 

Aunque pueda parecer contraintuitivo que la renta variable obtenga mejores resultados bajo un gobierno dividido o un Congreso fragmentado, la realidad política puede ofrecer una explicación. Estos escenarios exigen un mayor grado de negociación y compromiso entre ambos partidos, lo que a menudo termina traduciéndose en un nivel de gasto fiscal más elevado, en lugar de más reducido. Por ejemplo, si los republicanos quisieran aprobar nuevos recortes fiscales, podrían verse obligados a aceptar programas adicionales de gasto social para conseguir el apoyo de los legisladores demócratas necesario para sacar adelante la legislación correspondiente. 

¿Qué significa todo esto para 2026? Consideramos que no debe sobreinterpretarse el resultado de las elecciones de medio mandato ni sus posibles consecuencias para los mercados de renta variable. Es poco probable que la orientación general de la política económica cambie de forma sustancial en el corto plazo, independientemente del resultado electoral. Un Congreso dividido y un gobierno dividido, con los demócratas obteniendo el control de ambas cámaras, deberían tener implicaciones ampliamente similares tanto para la formulación de políticas como para los mercados bursátiles. 

Según Polymarket, la probabilidad combinada de estos dos escenarios asciende al 93%. Ambos resultados probablemente darían lugar a episodios ocasionales de bloqueo institucional (government gridlock) y a una ralentización del proceso legislativo. Aunque esta configuración política puede generar periodos de mayor volatilidad en los mercados, históricamente no ha sido necesariamente negativa para la renta variable.