También escucho mucho que la energía será la nueva moneda. Los gigantes de los datos se dan cuenta perfectamente de lo que consumen sus centros y hacen inversiones mil millonarias en energía, refrigeradores y todo lo que circunda a ello. Ahora está de moda hablar de SMR. Si no sabes qué son estás fuera del huevo. Son las Small Modular Reactors o centrales nucleares pequeñas, para los no iniciados. Efectivamente, la energía es un activo clave. Todos lo sabemos. Y todavía se escuchan voces de personas que hablan de la novedad que supone la energía para la IA. ¿Pero de dónde te has caído, alma de cántaro?

Bien, pues yo rompo una lanza a favor de que, siendo importante, es posible que vivamos una revolución energética que haga de la misma un elemento, quizá no secundario, pero sí mucho menos importante de lo que nos parece ahora. No sé de qué marco temporal hablamos, no me atrevo a vaticinarlo, pero sí me atrevo a decir que es posible que más pronto que tarde, y la energía será un medio menos escaso de lo que resulta ahora.

Son pocos los afortunados que tienen un marco conceptual que interpreta de forma más precisa la realidad. Y menos en economía. En este sentido, los economistas de la Escuela Austriaca han dejado algunas lecciones que merecen, como poco, que les echemos un ojo.

Para este artículo me quedo con la de que la economía no trata de millones de euros, ni de gráficas, ni de barriles de petróleo, sino de ideas. Ideas sobre los fines y medios de los seres humanos, de cada uno de nosotros. Y podrás pensar qué tiene que ver esto con la energía. Pues espera que vamos.

Basta una idea para cambiarlo todo.

Londres se va a ver tan anegado en boñigas de caballo que las calles serán intransitables. No pasa nada porque llegó el coche. En la mente de las personas no estaba la idea de coche. Y no es que de pronto los caballos fuesen más eficientes, es que dejó de haber caballos.

Una idea. ¿Acaso no sería como duplicar las reservas de petróleo mundiales que a alguien se le ocurriese una idea para hacer los motores el doble de eficientes?

Estamos en los años 70. El Club de Roma acaba de publicar Los límites del crecimiento y Paul Ehrlich es la estrella de rock del catastrofismo. Malthusiano de tomo y lomo. Su mensaje era el esperable sobre que los seres humanos somos demasiados, la comida se acaba y el planeta va a estallar. Es la manía que tienen estas personas de no tener fe en el ser humano y verlo como una bacteria en una placa de Petri. Por otro lado, tenemos a Julian Simon, economista con ascendiente austriaco. De hecho, se podía definir su postura como la contraria: cuantas más personas hay, más mentes para solucionar problemas. Una idea de corte hayekiano. Es más, el mejor recurso es el ingenio humano, eso de las ideas a lo que nos referíamos.

Pues bien, seguimos con la historia. En 1980, Simon se hartó de escuchar que el fin del mundo estaba cerca y le lanzó un guante a Ehrlich: “Si los recursos se están agotando tanto como dices, sus precios deberían subir. Elige cualquier materia prima y cualquier fecha en el futuro. Apuesto a que el precio bajará”.

Ehrlich aceptó. Eligió cinco metales (cromo, cobre, níquel, estaño y tungsteno) y compró simbólicamente 1.000$ de ellos. Si en 10 años el precio subía, Simon le pagaba la diferencia. Si bajaba, Ehrlich le pagaba a Simon.

Pasaron los 10 años. La población mundial creció en 800 millones de personas. Ehrlich ya estaba preparando su discurso de victoria... pero pasó lo impensable. Lo impensable para él, claro. ¡Los precios de los cinco metales se habían hundido! Simon ganó por goleada. Puedes ver el cheque en internet si lo buscas.

En octubre de 1990, Ehrlich le envió a Simon un cheque por 576,07 dólares. No hubo nota, ni carta, ni felicitación. Fue el pago más amargo de la historia del neomalthusianismo.

Mientras Ehrlich miraba la tierra, Simon miraba a las personas. Cuando un metal se encarecía, inventábamos algo mejor (como la fibra óptica reemplazando al cobre). También aprendimos a extraer metales de sitios que antes eran imposibles.

Por cierto, ¿crees que Ehrlich cambió de opinión después de perder su dinero, o siguió defendiendo que el colapso estaba a la vuelta de la esquina?

El gran problema de las boñigas de los caballos es la historia interminable. Se acaba el carbón. No se termina, no. Y además descubrimos el petróleo. Y se acaba el petróleo. Pero no se termina, y descubrimos la solar. Y así, sucesivamente. Y seguirá pasando siempre. Y, con todo, habrá malthusianos.

Ahora bien, como decía Ayn Rand, podemos negar la realidad, pero no las consecuencias de negarla.

Y con la energía que no llega para los centros de datos va a pasar lo mimo. No sé cuándo, no sé cómo. Pero que va a pasar, seguro. ¿Fusión? ¿Geotermia? ¿Hidrógeno verde? ¿Undimotriz? ¿Solar espacial? ¿Confinamiento inercial (láser)? Ni idea. Probablemente otra que ni sé que existe. Pero que llegará, llegará.

Menos lobos, Caperucita. La energía es vital, pero el ser humano es creativo. Y cuando la escasez menudea, el cuerno de la abundancia se desborda en la imaginación humana.

La energía es vital, pero es posible que no como la pensemos ahora, tú, lector y mucho menos tu cuñado.