Pablo García, director general de Divacons AlphaValue, considera que los mercados financieros atraviesan un escenario especialmente complejo, en el que se combinan unos resultados empresariales sólidos con importantes focos de incertidumbre relacionados con la inflación, los tipos de interés, la deuda soberana, el encarecimiento del petróleo, las tensiones geopolíticas y las dudas en torno al desarrollo de la inteligencia artificial.
García destaca que los beneficios empresariales ofrecen inicialmente una lectura positiva, con un crecimiento significativo tanto en Estados Unidos como en Europa, pero advierte de que este factor favorable empieza a verse contrarrestado por el fuerte avance del precio del crudo y por unas presiones inflacionistas que obligan a los bancos centrales a mantener una política monetaria restrictiva. En este contexto, señala que las subidas de tipos no son movimientos puntuales y que las autoridades monetarias continúan condicionadas por una inflación que todavía dificulta una relajación clara de sus políticas.
El experto presta especial atención al petróleo y a la situación geopolítica internacional. El incremento del precio del crudo responde, según explica, tanto a las tensiones vinculadas con Irán como al conflicto en Ucrania y a los riesgos que afectan a determinadas rutas estratégicas de suministro. García subraya que una parte muy relevante de la producción mundial puede quedar expuesta a estas tensiones, lo que reduce la visibilidad sobre una eventual caída de los precios energéticos.
Esta situación tiene consecuencias directas sobre la inflación, los tipos de interés y el mercado de bonos y, en última instancia, puede terminar debilitando la confianza de los inversores en la renta variable. Además, recuerda que la segunda mitad de septiembre suele ser históricamente complicada para las bolsas y observa ya síntomas de debilidad en algunos índices.
Otro de los grandes asuntos que aborda es la inteligencia artificial. García analiza los mensajes de prudencia lanzados por algunos de los principales responsables del sector acerca de los riesgos asociados a esta tecnología y considera que una posible ralentización en su desarrollo puede afectar especialmente a las expectativas de las compañías tecnológicas y de semiconductores.
No obstante, entiende que estas advertencias también pueden responder a la necesidad de que las empresas de IA ganen tiempo, refuercen sus credenciales de sostenibilidad y seguridad y preparen mejor posibles salidas a bolsa. Para García, la tecnología no es peligrosa por sí misma, sino que el riesgo depende fundamentalmente de cómo la utilizan los seres humanos y de la velocidad con la que se impulsa su desarrollo.
A la hora de construir una cartera, García identifica cuatro sectores que considera especialmente interesantes. Mantiene su apuesta por la tecnología, aunque reconoce que reduce ligeramente la exposición a corto plazo para aprovechar los movimientos del mercado.
También sigue confiando en sectores cíclicos ligados al petróleo, los metales y la minería, que muestran un buen comportamiento, y en el sector bancario, cuyos resultados reflejan una elevada resiliencia y mantienen atractivas rentabilidades por dividendo.
Frente a ellos, recomienda mayor cautela con el automóvil, debido a su debilidad y a los procesos de reestructuración que atraviesan muchas compañías; con las utilities, perjudicadas por el aumento de los tipos de interés a largo plazo; con el sector inmobiliario, afectado por un crédito más caro y restrictivo; y con medios de comunicación y aerolíneas, estas últimas especialmente vulnerables al encarecimiento del combustible, la geopolítica y una posible desaceleración del consumo.
Más allá de la selección sectorial, García considera fundamental la distribución global de activos. Explica que Divacons AlphaValue reduce al comienzo del mes su exposición a renta variable y aumenta progresivamente el peso de la renta fija. Aunque reconoce que la subida de las rentabilidades de los bonos se produce con una rapidez mayor de la esperada, interpreta estos episodios de tensión como oportunidades de inversión a medio plazo. Su filosofía se resume en comprar cuando domina el hastío y vender cuando aparece la codicia.
Por ello, recomienda paciencia y capacidad para soportar la volatilidad, ya que considera que los momentos de fuerte presión en el mercado de bonos pueden generar, con una perspectiva de dos años, importantes plusvalías acompañadas de rentabilidades atractivas por cupón.