Desde que España entró en la Unión Europea y posteriormente en el euro, la política tiene muy poco peso o ninguno para recomendar Bolsa española. Esta semana el gigante de la inversión estadounidense, la mayor gestora del mundo, BlackRock, ha puesto a España en el mapa al optar por nuestra Bolsa como su apuesta clara para este segundo semestre del año que acabamos de estrenar. Para ello se basa en el crecimiento de la economía que dobla la de los países socios.
Sin duda, el Gobierno de Pedro Sánchez podrá atribuirse este mérito, pero no acertará. Como tampoco suele estar muy clara la influencia de sus decisiones para que los inversores financieros del mundo nos rechacen (la subida del Ibex 35 en 2025 del 49% es compatible con un país sin Presupuestos, con un Congreso bloqueado y trufado de escándalos de corrupción). Únicamente, el descontrol del déficit público y la deuda (siempre en un contexto global de descontrol de déficit y de deuda) sí que se reflejan en los tipos de interés de largo plazo, o en las primas (véase el reciente caso de Francia).
El espaldarazo de Black Rock al mercado de acciones español me suena algo chusco. ¿Qué pasaría si los inversores mundiales se tomasen al pie de la letra esta recomendación para el segundo semestre del año? Teniendo en cuenta que el conjunto de la Bolsa española tiene un valor total de 1,26 billones de dólares, cualquier movimiento podría triplicar el valor de las acciones y aún así se quedaría por debajo del valor de Nvidia o Apple ya que, cada una se mueve por encima de los 3 y 4 billones de dólares.
Cualquier movimiento internacional hacia la bolsa española provocaría su rápido colapso ya que estamos mezclando magnitudes muy diferentes. Un atascamiento que recuerda lo ocurrido en el mercado inmobiliario con la llegada de magnates de otros países hacia Madrid, preferentemente y una escasez de oferta. O el continuo aumento de los turistas a todos nuestros destinos que en este verano alcanzará la cifra de 41 millones de personas.
Como el inmobiliario, el mercado de acciones español tiene un problema de oferta y cualquier demanda excesiva haría saltar sus valoraciones y posteriormente las alarmas de venta. Y para entender este choque de magnitudes, el mercado estadounidense roza los 75 billones de dólares de valor, China los 12 billones y Japón 7 billones. Y en el Viejo Continente, Alemania capitaliza por un total de 2,6 billones y Francia le supera con 3,4 billones de dólares.
El buen augurio y análisis de BlackRock llega a un mercado bursátil con ausencia de muchas empresas importantes, con más salidas que entradas del parqué y con una escasa liquidez que deja a buenas compañías de tamaño mediano y pequeño en el terreno del olvido. Los informes Letta y Draghi no corren, al parecer, prisa alguna para el desarrollo de unos mercados de capitales potentes y con capacidad de financiar una nueva economía que ya despunta. Como era de esperar, el liderazgo de Estados Unidos es incuestionable en todo lo que afecte al mañana. ¿Se imaginan una sola Bolsa europea con incentivos para invertir en ella? Yo, no.