India ha cerrado el 2025 consolidándose como la cuarta economía más grande del mundo, tras superar a Japón y alcanzar un PIB de hasta 4,5 billones de dólares. Para los próximos años, el gobierno de Narendra Modi ha trazado una hoja de ruta en la que se estima un crecimiento económico del 7% para el 2026 y entre 6,8% y 7,2% para el 2027. Con una economía impulsada por el sector servicios y la manufactura, el país busca ampliar influencia comercial mediante la diversificación de mercados y la creación de nuevas alianzas. Todo ello, en un contexto internacional caracterizado por la incertidumbre y el resurgimiento de medidas proteccionistas.

La situación actual de la India está condicionada por su historia y las relaciones de poder de hace más de doscientos años. En el S.XVIII el subcontinente era una de las regiones más prósperas del mundo, pues contaba con tierras fértiles, una población numerosa y una situación geográfica muy beneficiosa. Por ello, tras el fallido de la gran rebelión india, en 1858 se formó oficialmente el Raj Británico.

Bajo el mando colonial, el territorio no experimentó un desarrollo económico excepcional ni un destacable avance industrial. La abundante mano de obra redujo los incentivos para mecanizar la producción lo que provocó una falta de industrialización. Este sistema productivo unido a las actividades extractivistas para exportar a la metrópoli así como el aumento constante de la población, dio lugar a altos niveles de pobreza. 

Ante esta situación y tras la Segunda Guerra Mundial los ciudadanos indios llevaron a cabo una serie de protestas pacíficas, lideradas por Mahatma Gandhi, y lograron su independencia en 1947. Una vez lograda la autonomía, el gobierno indio decidió optar por la nacionalización de los sectores estratégicos como el de los transportes, la banca o la energía, así como por una política comercial proteccionista. 

Durante la Guerra Fría, India optó por mantenerse neutral y obtuvo así ayudas de ambos bandos. En 1991, su economía sufrió una grave crisis financiera tras la cual comenzó un proceso de liberalización, apoyada por el FMI e impulsada por su entonces Ministro de finanzas y posterior Primer Ministro, Manmohan Singh. Este cambio permitió a la India aumentar la inversión extranjera y sus reservas de divisas. Durante la década de los dos mil, este proceso fortaleció el ascenso de la economía india. Sin embargo, a pesar de los avances macroeconómicos, la pobreza continuó en niveles elevados consolidándose como un problema estructural.

En la actualidad, a pesar de ser la economía grande que más ha crecido en los últimos años, con una media del 6,5%, la India enfrenta grandes obstáculos para competir con las principales potencias. Pues, a pesar del crecimiento de su PIB, su renta per cápita es muy baja, situándose en 2024 en 2.694,7$, una cifra inferior a la de Uzbekistán y similar a la de Angola. Además, aunque los niveles están descendiendo, en 2023 aún un 5,3% de su población vivía en condiciones de pobreza extrema y el país ocupa el puesto 102 sobre 123 en el índice de hambre. Todo esto, unido a un elevado porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan, una alta representación de sectores de baja productividad y complejas trabas burocráticas que han limitado el crecimiento de la economía india en las últimas décadas.

Para poner fin a la precariedad laboral y tratar de situarse entre las grandes economías del mundo, Narendra Modi y su gobierno han diseñado un plan económico. El primer paso consiste en crear un mercado único dentro del país, limitando las barreras administrativas impuestas en el comercio nacional. Además, se va a continuar con un proceso de transformación fiscal y se va a invertir en infraestructuras. El gobierno indio busca impulsar su economía basándose en la exportación de servicios baratos, como el análisis de datos o los procesos de digitalización.

Para llevar a cabo su plan económico, India cuenta con una característica que no se encuentra en los países de Occidente, una pirámide de población joven y en aumento. Ser el país más poblado del mundo le va a permitir crear economías de escala que aumenten la competitividad y fomenten el crecimiento económico, lo que atraerá inversiones extranjeras haciendo crecer aún más su economía. Además, con una población jóven y con empleo las pensiones se podrán mantener lo que aumenta el bienestar social. 

Además, la India cuenta con una gran diáspora repartida por todo el mundo, la cual representa un gran apoyo económico, ya que los indios son los mayores receptores de remesas del mundo. Estas transferencias no son únicamente financieras, el traspaso de conocimiento está siendo esencial para el crecimiento económico del país y facilita las relaciones comerciales.

Siguiendo su hoja de ruta, el gobierno indio espera mantener un crecimiento económico de entre el 6% y el 7% en los próximos años. Estas estimaciones no difieren en exceso de las publicadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que sitúa el crecimiento de la economía india en un 6,4% para el próximo año. Este crecimiento se debe, en gran parte, al aumento del sector servicios, el cual representa ya alrededor del 50% del PIB del país. Además, la gran demanda interna funciona como colchón contra posibles shocks que puedan suceder en el exterior y han logrado mantener estable la inflación. 

Sustentada en los servicios y en sectores como la energía verde, la inteligencia artificial y la tecnología, la India puede convertirse en una nueva pieza clave de la economía mundial. Así, podría superar también a la economía alemana en unos años si es capaz de reducir la burocracia para incentivar la creación y promover la localización de nuevas empresas en su territorio. De manera complementaria, ya ha firmado importantes acuerdos comerciales, como el de la Unión Europea, y ha comenzado negociaciones con otros países occidentales como España o Canadá. 

Con estos esfuerzos, la India trata de situarse como contrapeso a China y Estados Unidos, ofreciendo una neutralidad que le permita llegar a nuevos acuerdos sin desmantelar sus relaciones con otros países asiáticos como Irán. Si bien, deberán encontrar el equilibrio en el que su economía sea capaz de mantener su crecimiento a la vez que promueven el aumento del bienestar de su población.