El organismo de competencia argumenta para abrir el expediente, las declaraciones públicas sobre su estrategia comercial en las futuras hipotecas. Lo cierto es que, como periodista, me chocó mucho las respuestas tan claras y distintas que los máximos responsables de las entidades dieron a preguntas de los colegas de profesión. Y tanto me sorprendió que escribí un artículo al respecto, titulado: La guerra de las hipotecas divide a la banca ¿Quién se equivoca?
Mientras algunas entidades como BBVA o Bankinter consideraban que no resultaba interesante dar hipotecas a tipo fijo a estos niveles, Santander o Caixabank tuvieron fuertes crecimientos en sus préstamos para la compra de viviendas. Creo yo, que cada una sabrá lo que hace con sus clientes, y tendría sentido dar un toque de atención si su operativa pone en peligro su solvencia financiera.
Por lo demás, son diferentes puntos de vista de abordar la estrategia comercial y supongo que BBVA o Bankinter llevan su propia razón de acuerdo con su estrategia y modelo de crecimiento en el momento actual, al igual que Santander y Caixabank saben perfectamente que se puede ganar más con un bono a 10 años del Tesoro español que dar una hipoteca fija al 3%. Pero ellos conocerán mejor que nadie, incluso mejor que la CNMC, por qué hacen una cosa u otra y si se equivocan deberán rendir cuentas a sus accionistas. Tal vez esas hipotecas tan baratas se condicionaban a otros productos asociados o buscan una fidelización mayor de clientes. No creo que haya tontos tan tontos ni listos tan listos.
Pensar como la CNMC que descubrir sus estrategias es invitar a la competencia a que haga lo mismo que tú, a que no dé hipotecas a tipo fijo o las encarezca, resulta un poco pueril. Los datos de cierre de 2025 muestran esa dicotomía entre entidades y, tal vez, y únicamente a efectos de salud financiera, tendría sentido si el Banco de España les da un toque por si están aplicando una estrategia que afecte a sus balances.
Pero también es curioso que esa supuesta invitación que ve la CNMC a influir en el precio de las hipotecas de los competidores se produzca con luz y taquígrafos y, casi siempre, a preguntas de los periodistas y analistas. No se han reunido en secreto para echarse en cara que vosotros estáis equivocados y nosotros no. O para pactar un nivel concreto de tipos del que no se puede bajar. Antes de que existiera la CNMC, la banca española ser reunía de tanto en cuanto a la sombra de Alfonso Escámez, presidente del Banco Central, para no pisarse la manguera entre bomberos. Allí acudían todos los banqueros y se especulaba con que trazaban unas líneas generales de actuación.
E incluso en aquellas reuniones secretas saltó inesperadamente algún díscolo. Creo recordar que fue en la década de los noventa cuando Emilio Botín (padre de la actual presidenta de Santander) rompió la baraja lanzando una supercuenta con una elevada rentabilidad. Gran parte del sector tuvo que reaccionar ante la huida de clientes y a algunos bancos esta agresividad comercial les pilló ya con suficientes dificultades que en algún caso provocaron la intervención del Banco de España, como le pasó a Banesto. Una entidad presidida por Mario Conde que, finalmente, terminó en manos del propio Botín tras el rescate público.
La apertura del expediente de la CNMC se produce, además, en una situación de fuerte competencia de las entidades por el préstamo hipotecario. España ofrece hipotecas un 17% más baratas que la media europea y está entre los tres países del euro con las mejores ofertas.
La CNMC haría mejor mirando la escasa rentabilidad de los depósitos y cuentas corrientes de la banca española -también aquí entre las más bajas de Europa-. Sin embargo, las entidades no se enfrentan a problemas de liquidez que les obliguen a subir los tipos de depósitos y cuentas que luego transforman en créditos a sus clientes. No necesitan, pues, meterse en guerras del pasivo como la vivida hace tres décadas. Parece que la batalla de la CNMC está perdida de antemano. Y, por último, barriendo para casa, la apertura del expediente irá en contra de la transparencia de las entidades financieras que se cuidarán de lo que dicen. Cualquier hipotética intencionalidad de estas declaraciones (aunque no creo que la haya) desaparece al pronunciarse a la luz del día.