El factor clave: un dólar estadounidense más débil

El Oro se negocia en dólares estadounidenses, por lo que su precio suele subir cuando el dólar pierde fuerza. Un dólar más débil hace que el oro resulte más atractivo para quienes invierten desde otras divisas, y viceversa. En los últimos días, el dólar ha caído hasta su nivel más bajo de las últimas semanas. Detrás de este movimiento hay varios factores: unos datos de empleo en Estados Unidos más débiles de lo esperado, el renovado debate sobre si las autoridades económicas podrían ver con buenos ojos una moneda más débil y, por último, las medidas adoptadas para apoyar al yen japonés.

A todo ello se suma una preocupación más amplia que los inversores suelen asociar a la idea de la “devaluación monetaria” (debasement): el temor a que los elevados niveles de endeudamiento público terminen erosionando el poder adquisitivo de las principales divisas a largo plazo, reforzando así el atractivo del oro como reserva de valor.

Sin embargo, lo que llama la atención es que esta vez el oro está subiendo a pesar de que los tipos de interés siguen siendo relativamente elevados. Habitualmente, unos tipos más altos juegan en contra del oro. Como este no genera ingresos, resulta menos atractivo frente a activos que sí ofrecen rentabilidad. El hecho de que el metal esté subiendo a pesar de ello sugiere que, por ahora, la debilidad del dólar está pesando más.

¿Qué sostiene el repunte?

Los bancos centrales vuelven a comprar. Tras un periodo más pausado a principios de año, los bancos centrales han vuelto a aumentar sus compras. China encabeza esta tendencia, acompañada por países como Polonia y Uzbekistán. Los datos del sector apuntan a un trimestre récord de demanda por parte de bancos centrales y fondos soberanos durante el segundo trimestre. Se trata de una fuente de demanda estable y orientada al largo plazo que puede proporcionar un suelo al mercado.

China, en particular, parece haber aprovechado la oportunidad para comprar oro de forma contracíclica, lo que ha contribuido a estabilizar el precio del metal en torno a los 4.000 dólares por onza. Los participantes de mercado con un horizonte más corto ya han reducido sus posiciones. Los datos de futuros de la Comisión de Negociación de Futuros sobre Materias Primas de EE. UU. (CFTC, por sus siglas en inglés) indican que los CTA (Commodity Trading Advisors, gestores especializados en estrategias de inversión basadas en futuros) y otros inversores especulativos deshicieron la mayor parte de sus posiciones largas ya en enero.

La estacionalidad también juega a favor

Históricamente, el oro ha tendido a fortalecerse entre finales del verano y el otoño, favorecido por la demanda asociada a la temporada de festivales y bodas en India y por las compras en China de cara al cierre del año. Aunque la estacionalidad por sí sola no basta para explicar este comportamiento, sí aporta un apoyo adicional que contribuye a reforzar el contexto actual.

También merece la pena destacar un aspecto técnico: un reciente anuncio del Gobierno estadounidense sobre sus planes de financiación (Quarterly Refunding Announcement) mantuvo estable la emisión de deuda, una decisión que tranquilizó a los mercados. Un aumento de las emisiones podría presionar al alza los tipos de interés a largo plazo y perjudicar al oro, por lo que este resultado elimina un posible factor adverso.

¿Qué podría frenar la subida?

Un contexto favorable no garantiza que la trayectoria vaya a ser lineal. Entre los principales riesgos a tener en cuenta destacan:

  • Un repunte del dólar: La expectativa de un dólar más débil es uno de los principales pilares de este movimiento. Por tanto, unos datos económicos más sólidos en Estados Unidos o una menor presión sobre el yen podrían favorecer la estabilización del dólar y restar atractivo al oro.
  • Tipos de interés más altos: Si los mercados empiezan a anticipar una política monetaria más restrictiva por parte de la Reserva Federal, el mayor coste de oportunidad de invertir en oro frente a activos que sí ofrecen rendimiento podría volver a convertirse en un factor relevante.
  • Una escalada del conflicto en Oriente Medio: Aunque el oro suele considerarse un activo refugio en periodos de incertidumbre geopolítica, el metal cayó con fuerza tras el enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos. Los mercados consideran que posibles alteraciones del comercio, por ejemplo, mediante el cierre del estrecho de Ormuz, podrían impulsar la inflación. A su vez, un repunte de la inflación podría dificultar que la Reserva Federal adoptara una política monetaria más expansiva.

¿Qué implica este escenario para los inversores?

Para los inversores a largo plazo, el atractivo del oro ha estado históricamente menos en los movimientos de precio a corto plazo y más en su papel como elemento diversificador dentro de las carteras. Con frecuencia, ha mostrado un comportamiento distinto al de la renta variable y la renta fija, especialmente en periodos de debilidad de las divisas o de mayor incertidumbre.

La combinación actual de un dólar más débil, una sólida demanda por parte de los bancos centrales y un contexto estacional favorable explica por qué el oro vuelve a captar la atención de los inversores.

Los inversores pueden obtener exposición al oro de distintas formas: a través de vehículos respaldados por oro físico, mediante la inversión directa en el metal o a través de acciones de compañías dedicadas a la extracción de oro. Estas últimas suelen registrar movimientos más acusados que el propio metal, tanto al alza como a la baja, y algunos analistas consideran actualmente que sus valoraciones siguen siendo razonables.