Agosto ha sido un buen mes para el oro, que después de un periodo más flojo en cuanto a actividad, consiguió repuntar entre un 4-5% en pocos días. Y septiembre no se queda atrás, porque la materia prima ha llegado a superar los 4.500 dólares la onza. Y esto también ha provocado que las compañías que se dedican a la extracción del metal dorado lleven a cabo subidas mayores.
La pregunta ahora que se hacen los inversores es: ¿a qué se debe esta subida? ¿Será un movimiento coyuntural? ¿Hay que incrementar el oro en cartera?
Desde J. Safra Sarasin AM apuntan a que es probable que el mínimo del oro haya quedado atrás. Y según declaraciones de Claudio Wewel, estratega de divisas de la casa, su recuperación “parece haber estado impulsada por el retroceso del dólar” y el cambio de estilo de comunicación de la Fed.
También coinciden desde Allianz GI, donde sus expertos señalan que la subida del oro se debe principalmente a la debilidad del dólar, “ya que al cotizar en esta moneda se vuelve más atractivo para inversores de otros países”. También apuntan que a esto se suma la preocupación por el elevado endeudamiento público y una posible pérdida de poder adquisitivo de las principales divisas, “lo que refuerza al oro como activo refugio”. Y en todo esto les llama la atención que esta subida se produce pese a que los tipos de interés siguen altos, algo que normalmente perjudica al metal. Por lo que cree que en este momento, la debilidad del dólar y la búsqueda de protección están pesando más que el efecto negativo de los tipos.
Pero habría que ir más allá. Óscar del Diego, director técnico y de análisis de Ibercaja Gestión cree que esta subida del metal dorado no es solo por la debilidad del billete verde. “El movimiento forma parte de una corrección iniciada en enero, mientras que el dólar se ha estabilizado tras marcar mínimos, frenando parcialmente la desdolarización”. El experto comenta también que este repunte coincide con intervenciones del Banco de Japón y del Tesoro de EEUU, “que han provocado desconfianza en los mercados”; lo que ha favorecido también a los activos reales y refugio como el propio oro, la plata y el bitcoin, junto a sectores como materiales y energía.
Por su parte, Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis, va un paso más allá y quita importancia a la debilidad del billete verde como explicación principal del avance del oro. Para él, detrás de este movimiento hay un cambio más estructural en las reservas internacionales: “la deuda pública soberana de los países desarrollados ha perdido atractivo como activo de reserva para numerosos bancos centrales, que están aumentando progresivamente el peso del oro en sus balances”. Por lo que al final, más que una sustitución del dólar, sería un rebalanceo ante las dudas sobre la solvencia, la disciplina fiscal y la capacidad de la deuda soberana para ofrecer rentabilidades reales positivas.
¿Movimiento coyuntural?
El auge del oro responde a un cambio estructural que viene desde 2022. En ese año la diversificación de las reservas por parte de los bancos centrales y reducir su dependencia del dólar se volvió necesario debido a la congelación de activos rusos.
Parte de esos flujos, tal y como indica Óscar del Diego, se ha dirigido al oro en lugar de a los bonos estadounidenses, reforzando su demanda. Sin embargo, señala que la fuerte subida de los últimos años también tiene un componente especulativo, “por lo que lo más probable es que el oro mantenga su soporte, pero con un ritmo de crecimiento más moderado”. Además, unos tipos de interés elevados podrían limitar nuevas entradas al metal, ya que no ofrece rentabilidad por sí mismo. Algo en lo que coinciden de lleno desde Allianz GI.
Está claro que la demanda de los bancos centrales continúa siendo un apoyo para el auge del metal dorado. Después de moderarse durante el fuerte rally de 2025, las compras volvieron a repuntar en 2026, especialmente entre los mercados emergentes. Y algo más importante y que apuntan desde J. Safra Sarasin: la mayoría de los bancos centrales espera que las reservas oficiales de oro sigan aumentando, lo que refuerza el soporte estructural del metal y su potencial alcista.
En esta misma línea, Daniel Lacalle insiste en que se trata de un fenómeno estructural que no depende de la evolución del dólar. Para él, “hay un enorme miedo a la CBDC del BCE, y a que los estados se nieguen a reducir gasto público, déficits y deuda y los bancos e inversores globales ven que se seguirá emitiendo dinero fiat sin control”.
¿Más confianza en el oro o en el dólar?
El regreso del oro no implica, por ahora, una pérdida clara de la hegemonía del dólar. Daniel Lacalle de Tressis, sostiene que la demanda global de dólares sigue en niveles récord y que lo que estamos viendo es, más bien, un rebalanceo de carteras: “menos peso de la deuda soberana y más exposición al oro”. Para él, no hay una desdolarización, sino una “desfiatización”, en la que otras monedas fiduciarias pierden poder mientras el dólar mantiene su posición central por su liquidez, profundidad de mercado y seguridad jurídica. Óscar del Diego, de Ibercaja Gestión, es más cauteloso al señalar el elevado déficit público estadounidense como el principal foco de riesgo. Aunque reconoce que el dólar conserva su papel hegemónico, advierte de que su estabilidad “depende de que se mantengan los flujos de entrada de capital y de que, si estos empiezan a debilitarse, las dudas de los inversores podrían aumentar y acelerar un ajuste del sistema monetario internacional”.
¿Qué hacer entonces con el oro en las carteras?
Hay un contexto favorable para el metal dorado, pero no garantiza que siempre vaya a ser así.
Es cierto que tal y como señalan desde J. Safra Sarasin las entradas de capital en ETF de oro han vuelto a acelerarse, pero los riesgos están presentes y según los expertos de Allianz GI pasan por un repunte del dólar, unos tipos de interés más altos y una escalada del conflicto en Oriente Medio por posibles alteraciones del comercio que impulsen la inflación.
Por todo ello, se paran a hablarle a los inversores a largo plazo. Comentan que el oro destaca sobre todo por su capacidad de diversificación, especialmente en momentos de debilidad de las divisas o mayor incertidumbre. El actual entorno de dólar más débil, fuerte demanda de los bancos centrales y estacionalidad favorable ha vuelto a reforzar su atractivo. Así, explican que “la exposición puede lograrse mediante oro físico, vehículos respaldados por el metal o acciones de compañías mineras, que suelen ser más volátiles, pero cuyas valoraciones algunos analistas todavía consideran razonables”.
Desde Ibercaja Gestión, por su parte, consideran que en una cartera bien diversificada, podemos tener una posición pequeña de forma estructural. Eso sí, advierten que tras el rebote reciente no aumentarían ahora su exposición. Lo lógico, para ellos, es que el repunte de los tipos reales acabé frenando los flujos hacia activos sin rendimiento y el precio debería tomarse un respiro.
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