SpaceX, cuyo nombre oficial es Space Exploration Technologies Corp, fijará este jueves el precio de su Oferta Pública Inicial (IPO por sus siglas en inglés) y mañana comenzará a cotizar en el Nasdaq bajo el ticker SPCX. La compañía ha presentado un folleto para vender 555,6 millones de acciones de nueva emisión a 135 dólares, lo que elevaría la recaudación a 74.400 millones de dólares. Si los bancos colocadores ejercen sus opciones para obtener asignaciones adicionales (greenshoe) y así satisfacer la alta demanda, la recaudación podría ascender a 85.700 millones de dólares, lo que le otorgaría un valor de mercado de 1,78 billones de dólares. 

De acuerdo con el folleto, SpaceX tiene la intención de destinar los fondos netos procedentes de la oferta global a financiar su estrategia de crecimiento, incluyendo “la expansión de su infraestructura de computación de IA, las mejoras en su infraestructura de lanzamiento y vehículos de lanzamiento, los incrementos en la escala y capacidad de sus constelaciones de satélites, y los importes restantes para fines corporativos generales”. 

La compañía se ha beneficiado en los últimos años de numerosos contratos gubernamentales con agencias como la NASA y el Departamento de Defensa para proporcionar servicios de lanzamiento de cohetes y sistemas de comunicación. El año pasado realizó más del 80% de los lanzamientos de cohetes a nivel mundial y cuenta con más de 10.000 satélites Starlink en órbita, que proporcionan conexiones a internet desde el espacio a empresas y ejércitos de todo el mundo.

Pero aunque buena parte de la atención se dirige a los negocios de los cohetes y los satélites, lo cierto es que es la tercera pata, la inteligencia artificial, la que se lleva la palma. Para 2030, se prevé que xAI, como se llama la filial de IA, represente el 70% del negocio, con unos gastos de capital que alcanzarán los 300.000 millones de dólares en esa fecha, según estiman los suscriptores.

¿La IPO del pueblo?

Si algo llama la atención en esta operación es que el tramo destinado a inversores particulares es muy elevado: si habitualmente oscila entre el 5% y el 10%, en este caso se eleva hasta nada menos que el 30%. Además de en EEUU, los inversores europeos también pueden participar de esta operación, a través de Trade Republic o Renta 4, por ejemplo. 

La salida a bolsa pone a prueba el interés de los inversores por Elon Musk, figura siempre muy dada a la controversia. Hace apenas un año, el también CEO de Tesla fue blanco de protestas en los concesionarios de la compañía debido a su polémica gestión al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental del presidente Donald Trump. La imagen de Tesla también se vio muy deteriorada en mercados como el europeo, lo que se dejó notar en las ventas de sus coches eléctricos.

Sin embargo, Musk ha mantenido una base de seguidores fieles, muchos de los cuales han invertido en Tesla comprando productos y acciones de la compañía a lo largo de los años. De hecho, debido a la fuerte demanda prevista, prácticamente se da por hecho que los pedidos de los pequeños inversores superen el volumen asignado, por lo que se aplicará un prorrateo proporcional entre todos los participantes.

¿Está justificada la valoración?

La gran duda que persiste en el mercado es si está justificada la elevada valoración con la que debutará en el mercado. Hay que recordar que SpaceX registró unas pérdidas de 4.940 millones de dólares en 2025, mientras que las ventas ascendieron a 18.674 millones de dólares. 

En otras palabras, “SpaceX podría debutar en el mercado a cerca de 100 veces las ventas estimadas para 2025”, destaca Aymeric Gastaldi, gestor de renta variable internacional en Edmond de Rothschild AM, “Se trata de un nivel extremadamente exigente. Incluso para una compañía excepcional, la valoración importa”. 

“No es solo un múltiplo elevado, sino que presupone años de rápido crecimiento, márgenes en expansión y una sólida gestión”, abunda Juan J. Fernández-Figares, director de análisis de Link Securities. “la valoración inicial se nos antoja en extremo exigente, sobre todo para una compañía que está todavía lejos de ser rentable”.

Sin embargo, “utilizar métricas cuantitativas para valorar SpaceX no es del todo útil, ya que gran parte de su salud financiera depende de la confianza de los inversores y del sentimiento del mercado”, señala Karl Pettersen, codirector de calificaciones corporativas de Scope Ratings. “Si a esto le sumamos el riesgo de dependencia de personas clave, el riesgo de ejecución y el riesgo de ambición, la cuestión es hasta qué punto los inversores están dispuestos a conceder el beneficio de la duda a los planes actuales de la compañía, lo que también influye en la liquidez del mercado”.

Sergio Ávila, analista sénior de IG, destaca que SpaceX es la OPV más demandada, porque “por un lado, el negocio es distinto. Es un negocio que no tiene comparables, que no tiene competición en este caso”. A eso se une que “tenemos el efecto de Elon Musk, que sabemos que el marketing que tiene siempre es muy importante”. 

¿Cambio de paradigma para la inversión pasiva?

“El principal riesgo no es la compañía en sí, sino que pueda estar con una valoración demasiado exigente y que luego, una vez que entre en los principales índices bursátiles, todos aquellos fondos que se indexan al índice, que simplemente hacen gestión pasiva, tengan que comprar un valor que pueda estar incluso muy por encima de su valoración”, avisa Ávila. “Así que yo creo que aquí está la clave”.

S&P Dow Jones Indices optó por no modificar sus reglas para acelerar la inclusión de SpaceX en el S&P 500. Sin embargo, sí ajustó las reglas del NASDAQ 100, lo que generará una demanda de compra de fondos pasivos vinculados a este índice, fuertemente tecnológico. De este modo, la inclusión de SpaceX en el Nasdaq está prevista para el 7 de julio, aproximadamente 15 días de negociación tras la OPV.

Según destacan los expertos de Wellington Management Matt Strzepka y Adam Berger, “el Nasdaq 100 pondera las acciones en función de su capitalización bursátil total y no del valor de las acciones disponibles para su negociación pública (también conocido como capital flotante)”. En la práctica, “esto implica que las estrategias pasivas que replican el Nasdaq 100 —incluidos ETF de gran tamaño como el QQQ— podrían verse obligadas a comprar una cantidad desproporcionada de acciones de SpaceX en circulación tras la OPV, si bien el Nasdaq ha establecido ciertos límites al respecto”.

Este fenómeno “podría impulsar una demanda más intensa y rápida por parte de los inversores pasivos que replican índices tras la OPV, en un contexto de entusiasmo máximo —o incluso de euforia— en los mercados”. “Conviene señalar que la demanda derivada de los índices se produce con independencia del precio de la acción o de los fundamentales de la compañía”.

Por el contrario, S&P Dow Jones Indices no reducirá el plazo estándar de inclusión de 12 a seis meses para las cotizaciones de las empresas de megacapitalización ni eximirá de los requisitos de rentabilidad. A día de hoy, “resulta difícil calcular una ponderación precisa en el S&P 500”, avisan los expertos de Neuberger Shannon L. Saccocia y Joe Amato. Según los planes actuales, SpaceX se incorporaría al índice en junio del año que viene, momento en el que habría más acciones en circulación y el propio índice habría variado. Pero con una valoración actual de 1,75 billones de dólares, y con el 53 % del capital flotante disponible en junio de 2027, los expertos calculan que eso sitúa a SpaceX en torno a los 930.000 millones de dólares, lo que equivale aproximadamente a una ponderación del 1,4% con respecto a la capitalización bursátil actual del índice, de 65 billones de dólares.

Sin embargo, “la presión de compra mecánica es considerable: nuestro escenario base apunta a que los fondos indexados podrían absorber el 24% del capital en circulación
para el día 15. Esto significa que los inversores pasivos poseerán acciones de SpaceX sin haber tomado una decisión activa de comprarlas”.

La inclusión en el índice también requerirá una venta proporcional de las posiciones existentes para reequilibrar la cartera, principalmente de los segmentos de gran capitalización del índice y, sobre todo, de acciones tecnológicas como Apple, Microsoft y NVIDIA, avisa Neuberger. Otra cuestión a tener en cuenta es que los vencimientos de los periodos de bloqueo (cuando los inversores privados pueden vender por primera vez sus acciones tras la salida a bolsa de una empresa) comienzan periódicamente tras la publicación de los primeros resultados de la empresa y mucho antes de su inclusión en el S&P 500. “Es probable que esto añada una presión significativa sobre la oferta”.

La mayor salida a Bolsa de la historia

La salida a Bolsa de SpaceX es la mayor colocación de la historia, casi tres veces más que los 26.000 millones de dólares que recaudó la mayor OPV de la historia hasta el momento, efectuada por la petrolera estatal Saudi Aramco en 2019, con una valoración de 1,7 billones. 

La operación de Alibaba de 2014, durante mucho tiempo el referente de las salidas a bolsa tecnológicas, recaudó 21.800 millones de dólares y se valoró en 170.000 millones. 

La salida a Bolsa de Spacex es la primera de una serie de operaciones que van a poner a prueba el apetito de los inversores y la salud del sitema. OpenAI y Anthropic también planean salir a bolsa este año, y es probable que la demanda de las principales empresas de IA sea igualmente alta.

Al mismo tiempo, otras grandes empresas tecnológicas están vendiendo acciones en ofertas secundarias; Alphabet, la empresa matriz de Google, emitió 85.000 millones de dólares en acciones hace apenas unos días.