Vamos a intentar arrojar algo de luz sobre lo que está pasando en los mercados, porque es cierto que tenemos cierta inestabilidad en las bolsas europeas tras el ataque de ayer de Israel sobre el Líbano. Ayer se hablaba de un posible cambio con ese desbloqueo en el Estrecho de Ormuz y las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, pero no sé si esta nueva situación nos devuelve a la casilla de salida, con un petróleo al alza y de nuevo con ese riesgo de estanflación.

Ese optimismo que veíamos ayer se ha ido desvaneciendo poco a poco al comprobar que la tregua es muy frágil y que los acuerdos alcanzados no terminan de consolidarse. Nosotros creemos que, para que haya estabilidad tras el rally bursátil que vimos ayer, el mercado necesita pasar de las palabras a los hechos y los dos hechos clave son, por un lado, el cese de ataques —como los que estamos viendo desde ayer entre Israel y, principalmente, Líbano— y, por otro, el restablecimiento del comercio marítimo a través del Estrecho de Ormuz. De hecho, los analistas en Estados Unidos ya hablan de la “Guerra de Ormuz” por la relevancia que ha adquirido este paso en el conflicto durante el último mes y medio.

Será en esas circunstancias cuando empecemos a ver un mayor optimismo en los mercados financieros que, aun así, ayer registraron una de las mejores sesiones del año. En el caso del S&P 500, por ejemplo, fue la quinta mejor sesión desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump.

Todo ello se ha vuelto a interpretar bajo la idea del TACO Trade, es decir, esa percepción de que Trump tiende a recular en situaciones de tensión, algo que ya vimos en su primer mandato con el llamado “Trump Put”. Esto refleja cómo muchos inversores tienden a sobreestimar ciertos riesgos, especialmente cuando se analiza el largo plazo.

Con toda esta situación a nivel macro y, sobre todo, geopolítico, ¿crees que es momento de entrar en el mercado o conviene esperar a que se cumplan esos dos factores que mencionabas?

Nosotros siempre diferenciamos entre el inversor de corto y el de largo plazo. El inversor de largo plazo debería estar ya dentro del mercado, y a quien nos escuche por primera vez y aún no esté invertido, le animaría a hacerlo a pesar de las circunstancias actuales. Otra cuestión es el inversor que ya tiene su cartera definida. En ese caso, puede aprovechar caídas puntuales para aumentar exposición en renta variable. Eso sí, aunque creemos que para un rally sostenido aún faltan esos dos factores, pensamos que los mínimos ya se han alcanzado.

Con las caídas vistas en marzo, en nuestro escenario base, las bolsas han marcado suelo. Evidentemente, si la tregua se rompe y el conflicto se recrudece, habrá que revisar estas expectativas. Pero, en el escenario actual, consideramos que el inversor de largo plazo sigue teniendo una buena oportunidad. Los mercados han demostrado en múltiples ocasiones —COVID, 2018 con la Fed, o 2022 con la guerra en Ucrania— que, tras episodios de incertidumbre, terminan recuperándose y subiendo.

Por eso, insistimos en mantener una visión de largo plazo y, sobre todo, en la diversificación. No centrarse únicamente en tecnología, sino incluir, por ejemplo, un S&P 500 Equal Weight, mercados emergentes —como Brasil o China— y sectores como las energías renovables, que se pueden beneficiar de un cambio estructural hacia una menor dependencia de shocks energéticos. Estamos viendo cómo el conflicto afecta al Estrecho de Ormuz y cómo países del Golfo buscan alternativas, como oleoductos, aunque también estos están siendo objeto de ataques. En este contexto, reducir la dependencia energética externa será clave.

Además, es importante diversificar con activos alternativos como Bitcoin , que está mostrando buen comportamiento, y especialmente el Oro , que es el activo que hemos sobreponderado tanto para el corto como para el largo plazo. El mundo ya venía cambiando antes de enero: fuerte emisión de deuda, políticas monetarias expansivas, estímulos fiscales… y ahora todo esto se intensifica con un entorno más fragmentado y con menor dependencia del dólar, que creemos que seguirá debilitándose estructuralmente. Los bancos centrales ya han impulsado el precio del oro desde 2022, tras la congelación de activos de Rusia, y creemos que esta tendencia continuará.

Al final, los mercados caen por una razón; no lo hacen en escenarios idílicos. Pero si miramos el fondo, vemos más deuda, más estímulos, previsibles recortes de tipos en el largo plazo, buenos resultados empresariales —con crecimiento en beneficios e ingresos en el S&P 500—, avances en productividad gracias a la inteligencia artificial y datos macroeconómicos sólidos. Ese es el telón de fondo con el que nos quedamos, y por ello seguimos confiando en los mercados financieros.

Siempre decimos que los mercados alcistas solo terminan por dos motivos: una gran recesión o un cambio brusco en la política monetaria. Hemos estado cerca de este segundo escenario debido a la inflación impulsada por las materias primas, pero si no continúan subiendo el petróleo, el gas o los fertilizantes, y no se generan efectos de segunda ronda, no esperamos un endurecimiento monetario significativo. Por tanto, seguimos confiando en la continuidad del mercado alcista actual.