Cerebros de ventas. Cómo funciona el cerebro para elegir pareja, para elegir tu profesión, para elegir la comida que tomarás este día. De igual manera funciona el cerebro para elegir tu inversión, pero muchas veces no nos damos cuenta.

La emoción está en todas las partes de nuestro cuerpo. La emoción está en las tripas. No lo digo yo, lo dice la neurociencia. Más de 600 millones de neuronas se alojan en el sistema digestivo y mantienen una conexión directa con el corazón en el plexo solar y con el cerebro. También el sistema nervioso alberga cientos de millones de neuronas. Hoy día la ciencia sigue investigando sobre el tema, un tratado que inició Don Santiago Ramón y Cajal con los estudios del sistema neuronal hasta el día de hoy, para explicarnos ¿cómo tomamos las decisiones, con el cerebro? Yo lo dudo mucho. 

Por ello no podemos hablar solo de ciencia cuando hablamos de inversión. Porque cuando tenemos una primera impresión, un presentimiento, una intuición o una elección, no la pensamos, la sentimos. Es nuestro cuerpo quien la siente (la perecibe) primero y luego, con el tiempo, nuestro cerebro quien la piensa.

“Cuando tenemos una primera impresión, un presentimiento o una intuición, no lo pensamos: lo sentimos.”

Ese orden importa más de lo que creemos. En comunicación lo vemos constantemente. El ser humano no decide solo con argumentos racionales. Decide también con percepciones, con sensaciones, con lo que ve y con lo que siente. Incluso antes de que podamos explicar algo con palabras, nuestro cerebro ya está leyendo señales: paisajes, espacios, miradas, energía, gestos, entornos. El lenguaje no verbal habla mucho antes que cualquier explicación financiera.

Por eso, cuando hablamos de elegir una inversión, tenemos que abordarlo también desde la emoción. Desde quiénes somos. Desde quiénes llevamos siendo durante nuestra vida profesional. Desde cuánto tiempo llevamos trabajando y ahorrando. Desde qué cantidad tenemos ahorrada para empezar a elegir el lugar y, sobre todo, desde la pregunta más complicada de todas: si, ¿ nos atrevemos a soñar?

“Cuando hablamos de inversión no solo hablamos de números o de ROI, hablamos de emoción y de la vida que queremos vivir.”

Ese sueño que ni tan siquiera se lo contamos a nuestra pareja. Ese pensamiento que muchas veces no decimos en voz alta por miedo a no poder hacerlo realidad o por miedo a que realmente suceda.

Pero basta con que un día alguien ponga ese pensamiento delante de nosotros —en una conversación, en una imagen, en un anuncio— para que algo dentro del cuerpo conecte.

Nuestro cuerpo siente. Nuestro cuerpo reconoce. Y entonces toma la decisión por nuestra cuenta. Es en ese momento cuando, aun sin saberlo, ya hemos elegido nuestra inversión. 

Elegimos que todos los ahorros de nuestra vida profesional puedan convertirse en una inversión inmobiliaria. Elegimos un país con seguridad jurídica y política que crece en turismo cada año de forma sostenida. Elegimos el destino donde queremos ir de vacaciones, pero también donde quizá queremos vivir.

Sigue en directo la cotización de CLERHP Estructuras

Elegimos que nuestra vida necesita un cambio. No solo un cambio de vida, sino un cambio de sueño. Aprender a soñar a lo grande. Elegir vivir en República Dominicana, no solo quince días al año, sino todo el año. Elegir comprar una propiedad en un lugar donde aún exista la propiedad privada, donde haya garantía de protección al inversor y donde el dinero esté protegido. Un lugar donde además son tan latinos o hispanos como nosotros. Donde se habla el español. Donde ese nuevo mundo puede convertirse en el espacio que queremos para nuestra vida.

Por eso, cuando hablamos de inversión, no solo hablamos de números o de ROI o del precio de partida. Hablamos de emoción. De qué quiero sentir. De cómo me quiero sentir cuando vaya allí en mi primera visita de prospección, de control, de firma del contrato, etc. De qué pasará dentro de mí cuando visite mi inversión. De si mi vida puede ser realmente el sueño que me atreví a soñar.

Una inversión que no solo que me haga rico. Sino que mi vida, de por sí, sea rica. Rica en calidad de vida. En bienestar. En naturaleza. En buena vibra. En confort. En emoción. Si consigo centrarme en esa inversión, entonces no solo habré tomado una buena decisión financiera. Habré ganado algo mucho más importante. Habré ganado toda una vida.

Quizá por eso las grandes decisiones de la vida no se toman solo con la cabeza. Se toman también con el cuerpo. Piensa tu inversión, sí… pero elígela desde la emoción.