Pablo García, director general de Divacons AlphaValue, considera que el escenario de los mercados financieros sigue siendo complejo y que, aunque el contexto de fondo no ha cambiado sustancialmente, se está deteriorando de forma progresiva. Entre los principales focos de preocupación destaca el comportamiento del petróleo y de la deuda. El encarecimiento del crudo, con precios en torno a los 106 dólares por barril, supone una presión adicional sobre la inflación y dificulta la normalización de los precios. Como ejemplo, señala el repunte de la inflación general en España, que se situó en el 4,9%, un nivel que considera preocupante para los próximos meses.

Frente a este panorama, García subraya que uno de los principales factores de apoyo para los mercados continúa siendo la fortaleza de los resultados empresariales. En Estados Unidos, los beneficios de las compañías crecieron con fuerza en el segundo trimestre y las previsiones apuntaban también a incrementos importantes para el tercero. En Europa, aunque con cifras más moderadas, las expectativas de crecimiento de los beneficios seguían siendo igualmente positivas. Esta evolución empresarial estaría permitiendo que los mercados de renta variable mantengan cierta resistencia pese al entorno de tipos de interés elevados, inflación y aumento de las rentabilidades de la deuda.

El experto observa, sin embargo, una clara divergencia entre sectores. Los denominados cíclicos pesados, especialmente las compañías relacionadas con el petróleo, así como los bancos y parte del sector tecnológico, están mostrando un mejor comportamiento. Por el contrario, los sectores más sensibles al consumo y a los tipos de interés a largo plazo, como determinadas compañías inmobiliarias, están sufriendo mayores dificultades. Esta situación está generando además una fuerte concentración del mercado en un número cada vez más reducido de valores. García destaca que solo alrededor del 25% de las compañías del S&P 500 cotizaban por encima de su media móvil de 50 sesiones, lo que refleja una amplitud de mercado débil.

Otro de los grandes riesgos es la evolución de los tipos de interés. Las expectativas del mercado apuntaban a nuevas subidas tanto por parte de la Reserva Federal estadounidense como del Banco Central Europeo. Esta situación eleva notablemente el coste de financiación de las empresas. Las grandes compañías, especialmente aquellas con balances sólidos, pueden soportar mejor este entorno e incluso acudir a distintos mercados para emitir deuda, pero García advierte de que las empresas medianas y con estructuras financieras más débiles pueden encontrarse con condiciones de financiación cada vez más exigentes.

A este escenario se suma el problema de la deuda pública. García sostiene que los gobiernos deberían adaptar sus niveles de gasto a un entorno en el que financiarse resulta mucho más caro. Si los tipos de interés permanecen elevados y el gasto público no se reduce, la presión sobre la deuda puede continuar aumentando. También menciona las incertidumbres geopolíticas, especialmente en Oriente Medio, como un elemento difícil de controlar y con capacidad para seguir influyendo sobre el precio de la energía y la inflación.

En conjunto, García considera que los mercados pueden continuar sosteniéndose mientras los resultados empresariales mantengan un tono favorable, pero advierte de que el entorno es menos prometedor que meses atrás. La combinación de petróleo caro, inflación persistente, tipos elevados, creciente endeudamiento y menor amplitud de mercado obliga al inversor a ser especialmente selectivo, prestando atención a los sectores con mayor capacidad para resistir este escenario.