Desde la pandemia, el umbral mínimo para acceder al S&P 500 se ha duplicado con creces, pasando de los 10.000 millones de dólares hasta aproximarse a los 23.000 millones. Sin embargo, el indicador europeo STOXX 600 mantiene una escala mucho más accesible, que apenas subió de 1.500 a 3.000 millones de dólares. Europa facilita así la entrada de cotizadas en el índice, aunque el verdadero desafío no es entrar, sino el volumen de flujos de los fondos pasivos que les llega, según un reciente estudio de The PJT Pulse Capital Markets Advisory

En los últimos diez años, el patrimonio de los fondos indexados vinculados al S&P 500 se cuadruplicó hasta alcanzar los 16 billones de dólares. En Europa, este motor financiero se triplicó hasta los 2 billones de dólares. Actualmente, el mercado pasivo estadounidense es ocho veces mayor que el de la eurozona y la distancia no para de ampliarse. La proporción de acciones de una empresa controlada por estos vehículos de inversión se sitúa en el 26% en EE.UU., frente al 13% en Europa. Una diferencia que no se cumple respecto a la capitalización bursátil. Wall Street capitaliza 75 billones de dólares frente a los casi 18 billones de Europa. 

El impacto práctico de esta diferencia se observa en la capacidad para atraer este tipo de fondos que replican índices. Así, un incremento de 4.000 millones de dólares en acciones disponibles en Wall Street atrae de forma casi inmediata unos 1.000 millones de dólares en compras forzosas por parte de fondos indexados durante las revisiones de los índices. Para captar esa misma cifra, una empresa idéntica en Europa continental necesitaría emitir 9.000 millones en capital flotante.

Capitalización bursátil para acceder a los principales índices 

Estrategias empresariales

Ante esta barrera, las empresas han encontrado en las fusiones y adquisiciones (M&A) una alternativa estratégica. El estudio de 690 operaciones de más de 500 millones de dólares destinadas a superar el umbral crítico de los 5.000 millones de capitalización muestra que las empresas adquirentes logran revalorizar su múltiplo EV/EBITDA entre 0,5 y 1 vez en el año posterior a la operación.

Todo lo contrario, ocurre con las empresas atrapadas en la horquilla de entre 1.000 y 3.000 millones de dólares. Sin el soporte de la inversión pasiva y penalizadas por la falta de atención de los analistas de bolsa, muchas optan por abandonar el parqué. Las privatizaciones mediante fondos de capital privado (private equity) han crecido a un ritmo anual del 8%, concentrándose en valores inferiores a los 2.000 millones de dólares. El capital privado está rentabilizando la apatía del mercado público hacia las empresas de menor escala, una tendencia que no parece que tenga solución.

Los inversores pasivos buscan acciones en circulación, no solo capitalización de mercado teórica. Dado que el capital indexado ofrece un soporte de cotización independiente del precio, la estrategia óptima de las empresas pasa por hacer coincidir las ampliaciones de capital o las recompras de acciones con las fechas exactas de revisión de los índices, lo que obliga a la compra automatizada de los fondos en el momento de mayor liquidez.

Patrimonio de los fondos pasivos 

En cuanto a las salidas a Bolsa, el informe de The PJT Pulse Capital Markets Advisory indica que, si una compañía planea colocar un capital flotante de entre 2.000 y 3.000 millones de dólares, los mercados de Europa resultan atractivos porque los criterios de entrada son menos rígidos y el peso en el índice se refleja antes. Sin embargo, si el volumen supera los 8.000 millones de dólares, la opción idónea es EE.UU. debido a la estabilidad de su demanda pasiva. “El error más común sigue siendo sacar a bolsa un porcentaje excesivamente reducido de una gran empresa: esto le otorga una ponderación irrelevante en el índice, no activa la demanda pasiva y genera un grave problema de falta de liquidez”, explican los expertos de PJT Pulse Capital.