La iniciativa supone un cambio radical para un país que depende de las importaciones para cubrir cerca del 80% de su consumo energético y que hasta ahora había dejado gran parte de las reservas en manos privadas.
Canberra quiere asegurar 50 días de suministro
El Ejecutivo australiano pretende almacenar suficiente combustible para cubrir al menos 50 días de demanda nacional. La cifra representa un salto considerable respecto a la situación actual, ya que las reservas disponibles rondan aproximadamente los 30 días de consumo.
El proyecto contempla acumular alrededor de 1.000 millones de litros de combustible, equivalentes a más de 6 millones de barriles. Se trataría de una reserva estratégica controlada directamente por el Estado, algo inédito en Australia.
El primer ministro Anthony Albanese confirmó que el próximo presupuesto federal incluirá un paquete específico centrado en la seguridad y resiliencia energética del país. Según explicó, el objetivo es reforzar la soberanía energética australiana y reducir el impacto de posibles interrupciones internacionales.
Las autoridades australianas consideran que la volatilidad geopolítica y las tensiones en Oriente Medio han demostrado la vulnerabilidad de países altamente dependientes de las importaciones de petróleo y derivados.
La guerra en Oriente Medio acelera los planes energéticos
La decisión llega después de meses de incertidumbre internacional relacionados con el suministro procedente del Golfo Pérsico.
Australia reaccionó rápidamente al deterioro de la situación liberando parte de sus reservas de gasolina y diésel para amortiguar el impacto sobre consumidores y empresas.
El Gobierno también redujo temporalmente los impuestos especiales sobre los carburantes, una medida diseñada para contener la escalada de precios y aliviar el impacto económico sobre hogares y sectores industriales.
Según cálculos oficiales, la rebaja fiscal permitió reducir significativamente el precio medio de llenar el depósito de un vehículo.
El Ejecutivo defendió entonces que la prioridad era proteger la economía nacional ante posibles interrupciones prolongadas en el comercio internacional de energía.
Canberra advirtió hace meses de que cuanto más se prolongara el conflicto en Oriente Medio, mayores serían las consecuencias sobre el suministro global de combustibles y sobre la estabilidad de precios.
Las empresas tendrán obligación de almacenar más combustible
El nuevo plan no se limitará únicamente a las reservas estatales. El Gobierno australiano también quiere endurecer las exigencias para refinerías, importadores y operadores energéticos.
Las compañías deberán mantener un mínimo de 40 días de suministro disponible, frente a los aproximadamente 30 días exigidos actualmente. El objetivo es crear una red de seguridad mucho más robusta frente a posibles interrupciones logísticas o bloqueos marítimos.
Australia se encuentra especialmente expuesta a este tipo de riesgos debido a su ubicación geográfica y a su fuerte dependencia de las rutas marítimas internacionales para importar combustibles refinados.
El país ha reducido considerablemente su capacidad de refinado en las últimas décadas, aumentando así su exposición a mercados externos y a tensiones geopolíticas globales.
Los estados australianos impulsan nuevas exploraciones
La creciente preocupación energética también está empujando a distintos estados australianos a acelerar proyectos relacionados con petróleo y gas.
En los últimos meses, varias administraciones regionales han aprobado nuevas iniciativas de exploración energética con el objetivo de reforzar la producción nacional y garantizar suministro a largo plazo.
Durante años, Australia apostó por una elevada dependencia del mercado internacional y por el cierre progresivo de parte de sus infraestructuras de refinado. Ahora, el escenario internacional está obligando a revisar esas decisiones.
El nuevo stock estratégico también responde a la necesidad de proteger sectores clave como la aviación, el transporte de mercancías, la minería y la agricultura, todos ellos altamente dependientes del diésel y del combustible para aviones.