¿Qué pesó más en tu carrera para llegar a Lightyear: tu formación analítica financiera o tu capacidad de entender el comportamiento digital del nuevo inversor?
Diría que, principalmente, lo segundo: la capacidad de entender al inversor. Estudié Administración de Empresas y Derecho, aunque nunca llegué a ejercer como abogado. Desde el principio orienté mi carrera hacia el marketing, el crecimiento y el análisis del comportamiento del usuario.
La parte analítica se puede aprender, pero entender cómo ha evolucionado el usuario en los últimos 10 o 15 años —desde el SEO, la web o los clics hasta el uso de aplicaciones— es fundamental. También lo es saber cómo acompañar a una persona que te descubre por primera vez en una página web o en una app a lo largo de las distintas fases del embudo de conversión.
Mi formación universitaria me dio una buena base, pero lo que más ha pesado en mi carrera ha sido el día a día: entender al usuario, estar al tanto de los cambios en adquisición, canales y comportamiento, y saber adaptarse a ellos.
Hoy en día muchos jóvenes financieros dudan entre la banca corporativa y el mundo de las startups. Desde tu posición, ¿qué lecciones de liderazgo ofrece un bróker como Lightyear que no se aprendan en un banco tradicional?
Los bancos tradicionales, como su nombre indica, son estructuras más tradicionales. Suelen ser más lentos, con sistemas más antiguos, más política interna y una regulación que condiciona mucho su funcionamiento.
Lightyear, al ser una startup fintech, funciona de una forma distinta. Tenemos equipos más pequeños y menos recursos, pero eso nos obliga a ser más resilientes, ágiles y rápidos en la toma de decisiones. No se trata tanto de convencer a muchas capas jerárquicas, sino de trabajar de forma transversal con producto, compliance y otros equipos para activar palancas de crecimiento.
Estamos presentes en 25 países, pero no podemos estar en todos con la misma intensidad al mismo tiempo. Por eso, cuando surge una nueva regulación, una necesidad local o una oportunidad de mercado, tenemos que reaccionar con rapidez. Esa agilidad y esa capacidad de adaptación son, para mí, una de las grandes lecciones de trabajar en una startup como Lightyear.
Mirando atrás, ¿cuál fue el proyecto o la decisión que consideras que fue el trampolín definitivo para que una firma internacional confiara en ti para liderar la expansión dentro del mercado español?
Contaba con más de 10 años de experiencia en marketing y crecimiento. Primero trabajé en otra fintech, con presencia en Latinoamérica, Asia y Europa. Después estuve cuatro años en Bolt, la compañía de movilidad, en una etapa de gran crecimiento: cuando entré éramos unas 600 personas y cuando salí la compañía tenía alrededor de 4.000 empleados, pasando de 15 a 40 mercados.
Todo lo que aprendí allí sobre canales, expansión y adaptación de un producto global a mercados locales era un conocimiento muy valioso para Lightyear. La compañía estaba disponible en unos 20 países, pero no estaba poniendo el foco de forma específica en todos ellos.
En mi caso, ser español y conocer bien el mercado local fue clave. Lightyear decidió apostar por mi experiencia escalando negocios en distintos países y por mi capacidad para aplicar ese aprendizaje al mercado español, identificando qué características del producto había que adaptar o desarrollar para penetrar mejor en España.
Trabajas para una empresa con sede en Londres y raíces en el Báltico. ¿Cómo traduces la visión global de Lightyear a las necesidades específicas, y a veces conservadoras, del inversor español?
Lightyear combina dos mundos muy potentes. Por un lado, Londres, un mercado extremadamente competitivo; por otro, el ecosistema báltico, especialmente Estonia, con una gran cultura tecnológica, muchas startups y unicornios.
En Reino Unido, aproximadamente el 25% de la población invierte o participa en los mercados. En el Báltico también hay una participación elevada, en parte por las facilidades que ofrecen las administraciones públicas. En España, en cambio, solo entre un 10% y un 12% de los hogares invierten. Es un mercado más tradicional, muy vinculado al banco y al ladrillo.
Por eso, en Lightyear teníamos claro que lo primero era ofrecer la plataforma en español. También era necesario incorporar acciones del Ibex, porque los inversores españoles que participan en el mercado suelen tener una fuerte preferencia por compañías nacionales.
Además, tenemos que hacer un trabajo importante de educación y comunicación. Somos una compañía joven —con cinco años de historia y tres en España—, mientras que los bancos cuentan con una confianza construida durante décadas. Aunque seamos competitivos en precio y tengamos una interfaz moderna, nadie deposita sus ahorros en una plataforma que no conoce solo por ver un anuncio.
Por eso apostamos por educar al inversor a largo plazo, explicar conceptos como los ETFs o el DCA, y apoyarnos en alianzas estratégicas, como la que tenemos con Estrategias de Inversión, además de colaborar con creadores de contenido financiero y medios especializados.
Cuando buscas ampliar el equipo de Lightyear en la región, ¿qué buscas en un candidato más allá de un buen Excel? ¿Qué chispa es necesaria para trabajar en un bróker de alto crecimiento?
Sobre todo, resiliencia. El Excel se puede aprender y, en marketing y crecimiento, es cierto que se usa mucho para analizar costes de adquisición, retención y otras métricas. Pero lo más importante es tener capacidad de adaptación.
Hace falta conocer el mercado, hablar con quienes lideran la opinión financiera —ya sean youtubers, influencers, medios o redacciones— y hacerse un hueco. En fintech todo cambia muy rápido: puede cambiar la regulación de un país, pueden cambiar los productos y la competencia se intensifica constantemente.
Buscamos personas que, cuando algo no funcione como esperaban, sean capaces de mirar los datos, crear una hipótesis y lanzarse a testarla, ya sea en un país o en otro.
A menudo se dice que los brókers han democratizado la inversión. ¿Crees que España está preparada para un modelo de poca fricción y bajas comisiones, o aún queda camino en educación financiera?
Creo que España se está abriendo cada vez más a este modelo gracias a Lightyear y a otros competidores que están irrumpiendo en el mercado. Esto está obligando a los bancos a trasladar más intereses a los clientes en cuentas remuneradas o a ajustar algunos precios en corretaje, que históricamente han sido elevados.
Es cierto que, a partir de cierta edad, especialmente por encima de los 45 años, muchos inversores siguen siendo más tradicionales y prefieren concentrarlo todo en su banco. Sin embargo, entre los 25 y los 40 años vemos una mayor apertura. Son jóvenes profesionales que entienden que las comisiones pueden ir reduciendo su capital con el tiempo y que existen alternativas más allá de la banca tradicional.
Con el auge de los ETFs en los últimos años, plataformas como Lightyear pueden ser una puerta de entrada muy interesante para descubrir el mundo de los neobrókers, las bajas comisiones y una oferta de inversión más amplia.
Como profesional que conoce las tripas de un bróker, ¿cómo invierte el brokerizado? ¿Ha cambiado tu forma de gestionar tu patrimonio desde que estás dentro de la industria?
Sí, ha cambiado. Antes era excesivamente conservador y, aunque sigo teniendo un perfil prudente, ahora pienso mucho más en el largo plazo y con una estrategia más clara.
Tengo una cartera núcleo basada en ETFs y aportaciones periódicas mediante DCA. Suelo invertir en el S&P 500 o en una combinación de ETFs geográficos. A partir de ahí, mantengo algunas inversiones satélite: por un lado, compañías de crecimiento; por otro, temáticas en las que creo, como la ciberseguridad o la inteligencia artificial.
También puedo dedicar un porcentaje muy pequeño de la cartera a empresas menos conocidas que descubro leyendo o investigando, pero siempre con un peso muy reducido. El núcleo de mi estrategia es el largo plazo, las aportaciones periódicas y una visión orientada a objetivos como la jubilación.
Para terminar, ¿qué libro recomendarías a una persona que quiera aprender y acercarse al mundo de la inversión?
El que siempre recomiendo es El inversor inteligente. Es un libro extenso y clásico, pero muy bueno para empezar a profundizar técnicamente en la inversión.
También destacaría Freakonomics, que leí hace casi 20 años y que fue uno de los libros que despertó mi interés por el comportamiento de los usuarios y la economía conductual. No tanto desde una perspectiva puramente financiera, sino desde el análisis de cómo se comportan las personas.
Otro libro muy conocido es Padre rico, padre pobre. No es tan técnico, pero ayuda a entender conceptos básicos como activo y pasivo, y puede ser una buena puerta de entrada para empezar a pensar en la economía del día a día.
Después, una vez que ya estás más metido en los mercados, El inversor inteligente sería el siguiente paso.